La Opinión

Donald Trump volvió a Estados Unidos con la canasta vacía de China

Durante el último año, expiraron los permisos de exportación de más de 400 plantas procesadoras de carne de res en Estados Unidos.

La semana pasada, la geopolítica nos mostró de qué está hecho el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuando se trata de naciones sin fuerza bélica, es abusivo al extremo, pero cuando se trata de potencias poderosas en armamento se cuadra, es el caso de su visita a China, donde se le condicionó ayuda con el Estrecho de Ormuz a cambio de que deje de entrometerse con Taiwán.

El presidente de China, Xi Jinping, fue muy claro y no se anduvo con medias tintas, de hecho, le propuso repartirse el mundo de manera comercial para que las dos potencias sigan creciendo, claro, para Trump fue un gran triunfo, porque según él logró que Beijing le compre aviones y piezas tecnológicas, pero en el fondo no pudo lograr un apoyo absoluto contra Irán.

Lee: China y Estados Unidos deben ser socios, en lugar de rivales”, dice Xi Jinping a Donald Trump

China es un socio diplomático cercano de Irán y el principal comprador de su petróleo, y se ha posicionado como defensor de la paz durante toda la guerra. El tema formó parte de las más de dos horas de conversaciones entre los dos líderes el pasado jueves, pero Trump se marchó sin una señal clara de Beijing de que estuviera dispuesto a presionar a Teherán para que accediera a las demandas estadounidenses.

Luce casi imposible, que China y Estados Unidos vayan de la mano por el mundo, porque son enemigos naturales, antes esa rivalidad era con la antigua Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas o URSS, pero la nueva Rusia está entretenida buscando cómo hacerse de Ucrania y de conseguirlo, sería la puerta para comenzar a ver los cimientos de una URSS 2.0.

Por cierto, ambos presidentes Xi y Vladimir Putin le han dado su buena maltratada mediática a Trump. Claro que es difícil o casi imposible saber los detalles de las pláticas entre poderosos, pero, de entrada, ambos mandatarios tienen todos los años en el poder, o sea, son viejos lobos de mar y saben a tratar a bravucones como el magnate, quien es innegable que tiene un gran poderío militar, aunque no sabe cómo usarlo.

Al jefe de la Casa Blanca se le olvidó rápido lo dicho en campaña por él y sus colaboradores más cercanos. El secretario de Estado, Marco Rubio; el vicepresidente, JD Vance; y el asesor económico principal, Peter Navarro, todos ellos estaban unidos a la hora de acusar a Beijing de “estafar” a Estados Unidos, robar tecnología a escala industrial e inundar las calles estadounidenses con fentanilo.

Solo bastó que el líder chino le tendiera la alfombra roja para que el mandatario ahora creyera que tenía un nuevo amigo. La verdad es que antes de su viaje a China, Trump se enfrentaba a unas expectativas desmesuradas, alimentadas en gran medida por él mismo en sus redes sociales. Pero la realidad de una relación compleja y difícil le alcanzó. Y eso incluye el hecho de que China tiene la sartén por el mango en estos momentos.

Los diplomáticos chinos eran plenamente conscientes de la oportunidad que les brindaba el encuentro. Por eso diseñaron meticulosamente un espectáculo de pompa y boato, pensado para impresionar a Trump, desde una salva de cañones militares hasta una visita excepcional al interior del hermético complejo de la cúpula del Partido Comunista conocido como Zhongnanhai.

Y el presidente estadounidense proyectó precisamente el tipo de imagen que el establishment de la política exterior china apreciará. Trump llegó a Beijing acompañado de una comitiva de altos ejecutivos estadounidenses, a quienes, según le dijo a Xi, estaban allí para “presentar sus respetos” a Xi y a China, pero la verdad es que iban con altas expectativas de domar al dragón asiático.

Solo que el dragón es un viejo lobo de mar, difícil de convencer. Por pompa y promesas el gobierno chino no paró, pero en términos reales Trump regresó a Estados Unidos con la canasta llena de promesas, pero nada más. Y todo el fin de semana no se escuchó que dijera que les va a poner más aranceles o que los va a destruir.

El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, anunció que, como resultado del viaje de Trump a China, la administración espera que China acepte comprar productos agrícolas estadounidenses por un valor de decenas de miles de millones de dólares anuales durante los próximos tres años.

Sin embargo, en cuanto a productos agrícolas específicos, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, indicó en una entrevista con CNBC que no se realizarían más compras de soja, recalcando que estas ya estaban contempladas en el acuerdo de ventas firmado con China en octubre.

Greer declaró a Bloomberg News que China también había renovado la licencia para la exportación de carne de res estadounidense. Durante el último año, expiraron los permisos de exportación de más de 400 plantas procesadoras de carne de res en Estados Unidos. Greer no especificó el número de licencias renovadas. A como se ve, puras migajas fue a recoger Trump.

De poco o nada le sirvió su visita que, por cierto, fue pospuesta una primera vez por la crisis en Irán, de todos modos, a China no le corría mucha prisa. Trump quiso jugar su juego mediático y con esas mismas armas le respondió Beijing, que hoy dicta en el mundo la agenda geopolítica. O usted, ¿Qué cree?

También te puede interesar

Trends