Voltear la cara a un lado cuando se trata de enfrentar un problema ya es el modus operandi del gobierno de Veracruz, específicamente de la gobernadora Rocío Nahle García, quien ante preguntas incómodas que merecen respuestas inmediatas por la seriedad de sus implicaciones, simplemente prefiere mirar a otro lado, a otro lado “precioso”.
Y es que la situación de violencia que enfrenta nuestro país parece no ser suficiente motivo para atraer la atención de la mandataria estatal, quien prefirió evadir el tema de la desaparición del trailero Bulmaro Herrera, tras los bloqueos del domingo pasado en la entidad jarocha.
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Nos gustaría decir que esta es la primera vez que Rocío Nahle García, exsecretaria de Energía (Sener), durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, tiene este tipo de desplantes con los problemas que enfrenta su estado, pero no.
Esta actitud de ignominia es frecuente. Recordemos cómo en julio de 2025, cuando la gobernadora de Veracruz respondió con un tajante “les guste o no murió de un infarto”. En ese momento, la mandataria de Veracruz fue cuestionada por la muerte de Irma Hernández, una maestra jubilada y un taxista a manos del crimen organizado, cuyo video trascendió en el ciberespacio.
En octubre de 2025, se viralizó un momento en el que Rocío Nahle mostró enojo y se rió cuando reporteros le cuestionaron sobre la no renovación del seguro contra desastres naturales en el estado de Veracruz. Y el cuestionamiento era por las inundaciones en Poza Rica y Álamo
.En otras interacciones, la gobernadora de Veracruz ha evitado responder cuestionamientos directos sobre la desaparición de personas y la presencia de narcomantas en el estado, declarando en ocasiones “no le voy a contestar eso”.
Aunque le pese, hay que recordarle a la gobernadora que Veracruz se mantiene como una de las entidades con mayor crisis de personas desaparecidas en México, figurando entre los cinco estados que concentran la mayor cantidad de casos a nivel nacional.
Entre 2018 y mayo de 2024 se concentró el 48 por ciento de los casos totales de desapariciones, de acuerdo con diferentes colectivos de búsqueda de desaparecidos y fuentes oficiales.
La última de Rocío Nahle fue apenas hace unos días, cuando ante los cuestionamientos por el caso de Bulmaro con un “no voy a contestar, vengo a un evento precioso”.
Un día después, le colgó el teléfono al equipo de la periodista Azucena Uresti, cuando le querían preguntar cómo podrían apoyar a la familia del desaparecido.
Apenas este fin de semana, Miguel Reyes, titular de la Secretaría de Finanzas y Planeación de Veracruz decidió festejar el cumpleaños de Manuel Bartlett en Puebla, en vez de atender las prioridades financieras del estado.
Por la noche del domingo se registraron balaceras en el municipio de Chicontepec, todo ello por conflictos entre bandas del crimen organizado, donde se vieron involucrados policías municipales, ¿los estatales?, ni sus luces de la gobernadora de Veracruz.
Recordemos que como oposición. La política nacida en Zacatecas era imparable, feroz. Basta ver los videos cuando en 2016 declaraba que “Veracruz es un infierno donde pasan hechos inhumanos”, en relación a la ola de violencia que desató la captura de El Chapo, donde criticaba férreamente que vivíamos en un Estado fallido.
No es lo mismo ser borracho que cantinero, dice el dicho. No es casualidad que la popularidad de Rocío Nahle en Veracruz se esté desplomando a un ritmo de más de 3.6 por ciento anual.
La falta de empatía por la población, esa población que la llevó al poder en 2024, hoy la tiene en una crisis de gobernabilidad que se refleja no solo en los números, sino en el ánimo de los veracruzanos.
