Es altamente probable que Costa Rica se sume al club de los ungidos por el presidente Donald Trump, si las encuestas no fallan la candidata oficialista Laura Fernández tomará las riendas del poder. Solo para abrir bocado, ya anunció que quiere edificar una cárcel –como la que construyó el presidente Nayib Bukele en El Salvador– para hacer frente a los cárteles del narcotráfico.
Con Costa Rica en la bolsa, Trump tiene bajo su dominio prácticamente toda la región, precisamente en estos momentos se está encargando de destruir lo que queda de la izquierda rancia, la campaña comenzó en Venezuela, ahora es el turno de Cuba y está en la sala de espera Nicaragua.
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Brasil, Chile, México, Colombia y Uruguay más bien son gobiernos de centroizquierda, que les guste o no se han tenido que alinear a los designios del jefe de la Casa Blanca, la administración estadounidense se dio cuenta que en la zona había tela de donde cortar para seguir aparentando ser el todopoderoso, porque no puede hacer lo mismo con Rusia o China.
De poco o nada vale los pronunciamientos de los países de izquierda en contra de Trump, como se dice en el barrio, es el gandalla de la cuadra y abusa porque quiere y porque puede. Nicolás Maduro lo llamó cobarde y le dijo que lo esperaba en Miraflores y allá mismo fue por él.
Al exterior de Venezuela, todo el mundo se daba cuenta que parecía de risa la movilización de las reservas civiles, compuesta de muchos ancianos o gente sin condiciones físicas ni entrenamiento bélico para enfrentar a un Ejército verdadero, fue una estrategia infantil, porque al interior del país sudamericano ya se cocinaba como ofrendar a Maduro y eso fue lo que pasó.
Pero esa traición es digna de un futuro texto, Trump ahora tiene la sartén por el mango y no lo va a soltar, prácticamente América Latina está a su merced y para hacer y deshacer lo que el magnate se le ocurra, eso sí sin ninguna intención política o de beneficio para las diferentes sociedades, sino más bien está enfocado en amasar todos los dólares que sean posibles.
No se va a detener, porque, aunque él piense hasta en un cuarto mandato, quien sabe si en las próximas elecciones de noviembre en Estados Unidos los números le favorecen, porque los estadounidenses no están muy contentos con sus políticas antiinmigrantes y menos porque les dio a los agentes fronterizos licencia para matar y lo peor es que ya lo han hecho.
Para México, las cosas no pintan bien es el año de las renegaciones del acuerdo trilateral comercial T-MEC, del que Trump se quiere deshacer, primero porque busca la manera de castigar a Canadá que se le ha puesto de igual a igual y segundo porque para el magnate, es una ley el divide y vencerás, aunque esa fórmula no sea del todo buena para muchos empresarios estadounidenses.
El caso es que el equipo negociador de Trump va a exigir que se le permita atacar por tierra a los cárteles del narco, sin olvidar que en su primer gobierno la bandera contra México fue la migración y el muro fronterizo que parece ya se le olvido. Lo de hoy es violentar la soberanía del país que sea necesario.
El caso es que el fuerte apoyo a Fernández parece ser reflejo de la aceptación de la que ha gozado el gobierno de Rodrígo Chaves durante prácticamente todo su período, que inició en 2022, pese a que el país enfrenta una de sus peores crisis de inseguridad, con una alta tasa de homicidios.
Durante el mandato de Chaves, el país ha vivido su época más violenta, tras tener la cifra récord de 907 homicidios en 2023, que posteriormente bajó a 880 en 2024 y para el año pasado cerró con tres muertes menos —la mayoría de ellas relacionadas con disputas entre narcotraficantes y sicariato.
Los seguidores del oficialismo adjudican al actual gobierno -del que Fernández formó parte como ministra de la Presidencia y de Planificación- los beneficios de un buen momento económico, baja inflación y principalmente el estilo confrontativo del presidente con los representantes de los partidos políticos que ya han gobernado al país.
El oficialismo ha sostenido un discurso constante sobre la necesidad de que su partido logre en esta elección una mayoría de 40 diputados en la Asamblea Legislativa, lo que les permitirá realizar sin oposición las reformas que, en su criterio, no se pudieron lograr en el actual gobierno.
Sin duda, Costa Rica -en algún momento de su historia reciente considerada como uno de los países más seguros del mundo, incluso sin un Ejército- hoy padece también el cáncer que aqueja a toda la región el narco y su violencia. Ahí es donde precisamente entra el Tío Trump para ayudar a combatir ese flagelo solo falta saber qué va a pedir a cambio. O usted, ¿Qué cree?
