El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha convertido en un mataciviles, sobre todo aquellos que defienden a los migrantes. Al menos, es lo que se está viviendo en Minneapolis, Minnesota. El magnate acusa a los civiles asesinados por los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de terrorismo doméstico, por el solo hecho de defender a otras personas que están en calidad de indocumentadas.
Hoy los agentes fronterizos tienen licencia para matar y la están utilizando; al menos en 12 ocasiones ha disparado a civiles y han dejado cuatro muertos, dos de ellos en Minneapolis, una ciudad demócrata y santuario que protege a los migrantes indocumentados, por cierto, un buen pretexto para desviar la atención de la crisis económica en Estados Unidos.
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El tiroteo más reciente fue el pasado sábado en Minneapolis, cuando un agente mató al enfermero de 37 años de edad Alex Pretti apenas unas semanas después de que un oficial de ICE disparara a muerte contra Renee Good, también de 37 años y madre de tres niños. Ambos eran ciudadanos estadounidenses. No migrantes, repito, no migrantes.
Esos tiroteos hacia vehículos han desatado cuestionamientos de especialistas en temas de aplicación de la ley y el orden sobre cuán rápido se está desplegando a personal de Departamento de Seguridad Nacional de EU (DHS) en diferentes comunidades en las que los agentes han sido captados en video actuando con mucha fuerza, tanto contra personas migrantes como contra ciudadanos que protestan contra las detenciones.
En ese contexto las balaceras “no son la excepción”, dice Jim Bueerman, exjefe policial de Redlands, California, que ahora dirige el grupo de investigación Future Policing Institute. “Esto claramente se está volviendo un patrón y la norma en cuanto a cómo lidian con la gente cuando quieren aplicar las leyes migratorias, eso es lo que me parece más alarmante”, dijo.
Esa política antiinmigrante se puede volver la peor enemiga de Trump en las elecciones de noviembre, y es altamente posible que pierda su partido —el Republicano— el control de una de las dos cámaras o quizá las dos, porque puede ser que a sus seguidores les guste su política migrante, pero no le van a perdonar la crisis económica.
Por cierto, en todas las encuestas que valoraron el primer año de gobierno Trump, sale reprobado, pero eso no le importa; él y su gabinete siguen pensando que nadie antes que ellos lo había hecho mejor. ¡No hay más ciego que el que no quiere ver!
El enojo es cada vez más importante y el presidente —con no muy buena salud— sigue pensando no en un tercero, sino en un cuarto mandato, pero, como van las cosas, quién sabe si tiene margen de maniobra para poder llegar a buen puerto en su segundo gobierno.
El presidente Trump se reunió el lunes por la noche en el Despacho Oval con Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, y Corey Lewandowski, el principal ayudante de Noem, durante casi dos horas, mientras el gobierno intenta modificar su estrategia después de que agentes federales mataron a un segundo habitante de Mineápolis el fin de semana, según dos personas informadas de la reunión.
La reunión se produjo después de que Noem solicitara ver al presidente, dijeron estas personas, quienes hablaron bajo condición de anonimato para discutir una reunión privada. Porque a todas luces se les salió de control la política antiinmigrante, pero aun así, dale un arma a un agente racista y va a suceder lo que estamos viendo en Estados Unidos.
El asunto es que no son pocos los agentes antiinmigrantes y, por supuesto, si Trump les dio licencia para matar, lo van a aplicar sin ningún miramiento, no lo dude; es una olla de presión que está a punto de estallarle al gobierno republicano.
Trump no dio a entender durante la reunión que los puestos de Noem o Lewandowski estuvieran en peligro, dijeron. Sin embargo, esta fue la señal más reciente de que al presidente le preocupan las críticas bipartidistas a la respuesta que dio el gobierno al asesinato de Pretti, quien recibió aproximadamente 10 disparos de agentes de migración el sábado después de que, al parecer, los estuviera grabando con la cámara de su teléfono.
Hay un límite para todo; el de Trump y su política doméstica parece que se cumplió. Nunca lo va a reconocer, pero indudablemente hoy por hoy no es el presidente que muchos estadounidenses esperaban. Lo más preocupante es que está matando a sus propios civiles, y no es Irán. ¿O usted, qué cree?
