En medio de la invasión de Rusia a Ucrania, que está a punto de cumplir su cuarto año, el riesgo de contaminación nuclear ha estado latente desde el primer día que inició ese conflicto, sobre todo, porque los ucranianos dependen de cuatro plantas nucleares con 15 reactores para el consumo de energía de uso doméstico, por su puesto, sin dejar de lado el riesgo de la “sellada” planta de Chernóbil.
Y es que el muro protector construido alrededor del lugar del desastre nuclear de Chernóbil, en Ucrania, ya no puede cumplir su función de confinar los desechos radiactivos como resultado de un ataque con aviones no tripulados a principios de este año, de acuerdo con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
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El 26 de abril de 1986, durante un ensayo inapropiado a baja potencia, en el reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil, en la entonces Unión Soviética, se dio una pérdida de control que se tradujo en una explosión y un incendio a raíz de los cuales el edificio del reactor quedó destruido y se emitieron grandes cantidades de radiación a la atmósfera.
Como respuesta de urgencia, se levantó el llamado sarcófago, concebido para durar apenas tres décadas. Ese límite llevó a la posterior construcción del Nuevo Confinamiento Seguro, una estructura colosal de 110 metros de altura y 256 metros de ancho que fue ensamblada en dos bloques y luego deslizada sobre el reactor.
La obra, que demandó nueve años de trabajo y una compleja ingeniería internacional, costó 2,200 millones de euros. Fue financiada por la Unión Europea, el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y 45 países, que buscaron garantizar un encapsulamiento seguro del reactor durante un siglo. El ataque con drones, sin embargo, puso en duda la previsión de esa vida útil y renovó temores sobre la vulnerabilidad de instalaciones consideradas críticas para la seguridad nuclear global.
El asunto es que el Nuevo Confinamiento Seguro (NSC) en Chernóbil, que fue “severamente dañado” por el ataque con drones en febrero pasado, “ha perdido sus principales funciones de seguridad, incluida la capacidad de confinamiento”, advirtió el fin de semana el OIEA. De hecho, las tasas de defectos congénitos y cáncer entre los residentes de la zona expuesta a la radiación siguen siendo altas.
El organismo de control nuclear ha recomendado una renovación importante de la enorme estructura de acero, que se instaló hace varios años para permitir las operaciones de limpieza y garantizar la seguridad del sitio casi cuatro décadas después del peor accidente de planta de energía nuclear de la historia.
“Se han realizado reparaciones temporales limitadas en el techo, pero una restauración oportuna e integral sigue siendo esencial para evitar una mayor degradación y garantizar la seguridad nuclear a largo plazo”, dijo el Director General del OIEA, Rafael Mariano Grossi. Aunque ese riesgo de poco o nada le ha importado al presidente de Rusia, Vladimir Putin.
El está empeñado en anexarse el Dombás, una zona de alta riqueza energética, pero de poco o nada le va a servir si el muro de contención para los residuos nucleares deja de funcionar, es verdad que Chernóbil está a 939 km de distancia, pero ante una nueva fuga o accidente nuclear sería muy complicado operar en Ucrania sin un posible riesgo de contaminación.
Grossi agregó que no hubo daños permanentes en las estructuras portantes de Chernóbil ni en los sistemas de monitoreo del NSC. El OIEA, que tiene presencia permanente en el sitio, “seguirá haciendo todo lo posible para apoyar los esfuerzos encaminados a restablecer plenamente la seguridad nuclear”, afirmó Grossi.
No es la primera vez que Chernóbil ha estado en el punto de mira durante los casi cuatro años de guerra de Rusia en Ucrania. Las fuerzas rusas tomaron la central nuclear y sus alrededores en los primeros días de la invasión a gran escala de Moscú, invadiendo la planta en febrero de 2022 y tomando como rehenes al personal. Abandonaron la central y devolvieron el control al personal ucraniano poco más de un mes después.
El NSC es una enorme estructura de acero con forma de arco construida en el sitio de Chernóbil para cubrir el reactor número 4 en ruinas y contener su material radiactivo.
Como la estructura terrestre móvil más grande del mundo, el colosal hangar es una obra monumental de ingeniería. Construido en 2010 y finalizado en 2019, fue diseñado para durar 100 años y ha desempeñado un papel crucial en la seguridad del sitio.
El proyecto costó 2 mil 100 millones de euros y fue financiado con contribuciones de más de 45 países y organizaciones donantes a través del Fondo de Refugio de Chernóbil, según el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, que en 2019 elogió la iniciativa como “la mayor colaboración internacional jamás realizada en el campo de la seguridad nuclear”.
Sin embargo, este esfuerzo hoy está en riesgo de ser infructuoso, aunque eso no es lo más importante, sino más bien el riesgo para la salud que puede representar para los países vecinos de Ucrania, en el caso del gobierno de Volodímir Zelenski su justificación de seguir en guerra con Rusia tiene que ver “con la defensa de su soberanía”, seriamente trastocada en 2014 al anexionarse Rusia a Crimea.
Esa zona tampoco fue algo alazar de parte del régimen de Putin, con el control de Crimea Rusia asrguro su salida la Mar Negro y por consecuencia el flujo de sus enegéticos, sin embargo el jefe del Kremlin dice quiere controlar también el corazón de Ucrania, o sea, Kiev bajo el argumnento que es la cuna de la cultura rusa.
Hoy la ambición de Putin vuelve a poner en riesgo a una buena parte de la población occidental, pero él no va a parar, sus cánicas están echadas y ahora el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es el que las mueve, por cierto, es el principal líder de la OTAN, el enemigo natural de Moscú.
Trump y muchos analistas consideran que a Ucrania no le queda otra más que ceder su territorio, pero ya fue Crimea, hoy es el Dombás y mañana puede ser Kiev, todo ello bajo el riesgo de un nuevo accidente nuclear en Chernóbil. Ni Putin ni Zelenski van a ceder menos bajo las condiciones de Trump que a todas luces favorecen a su par ruso, un hueso duro de roer. O usted, ¿Qué cree?
