Con el paso de los años, la mancha urbana ha mermado las actividades agropecuarias y agrícolas en Celaya, reduciéndose la superficie del campo ante un mayor nivel de desarrollo urbano.
Celaya enfrenta una creciente disputa entre el avance de la urbanización y la necesidad de conservar tierras fértiles para la producción de alimentos.
Mientras las ciudades se expanden y la infraestructura crece, miles de hectáreas de suelos agrícolas desaparecen cada año, afectando la seguridad alimentaria y el equilibrio ecológico.
La reducción de terrenos de cultivo no solo impacta a los productores, sino que también tiene efectos en la economía, el medio ambiente y la producción de alimentos.
En un recorrido que realizó El Sol del Bajío por algunas hectáreas de cultivo ubicadas en la colonia El Becerro, se pudo constatar que la construcción de fraccionamientos alrededor ha ido en aumento desde hace varios años, lo que ha llevado a que disminuya la producción, es decir, que haya menos tierras cultivables y, por tanto, menor producción.
Entre los alimentos que son cultivados durante todo el año, desde hace más de 10 años, en estas parcelas se encuentran: acelga, espinaca, betabel, rábano, lechuga, perejil, hierbabuena y manzanilla, además de la flor de cempasúchil, que debe estar lista para el mes de octubre, previo a la celebración del Día de Muertos.
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El cempasúchil es cultivado con cuatro meses de anticipación, para luego vender la flor a vecinos aledaños o bien a personas que acuden directamente a comprar a los productores.
Don Chago, uno de los trabajadores de estos cultivos, compartió detalles sobre las tierras, la preparación y las cosechas “Tenemos aproximadamente 15 años trabajando estas tierras y cada año nos enfrentamos a que en lugares cercanos se construyan más casas o locales, lo que nos ha dejado en medio de ellas, disminuyendo cada día más la posibilidad de seguir cultivando.
Hace algunos años y también algunos meses intentaron comprarnos nuestras tierras, sin embargo, todavía eran consideradas como ejidos y solo teníamos el título de propiedad, por lo que las constructoras requerían las escrituras, mismas que apenas estamos en proceso de obtener. Por lo pronto, no quitamos el dedo del renglón y continuamos trabajando las tierras hasta que nos sea permitido.”
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“Tener un pozo propio es primordial para que estas tierras puedan dar fruto; sin él no sería posible. Ese es otro de los puntos que tenemos a favor, por lo que desde temprana hora y de acuerdo a la temporada, preparamos la tierra, colocamos fertilizante, regamos y sembramos lo que se desea obtener, siempre procurando mantener la tierra libre de plagas; de lo contrario, se fumiga de forma constante.”
Agregó además “En el caso de la flor de cempasúchil, hemos optado por vender aquí mismo en las parcelas, ofreciendo buenos precios y atrayendo a los compradores. En este 2025, el rollo —como nosotros lo vendemos— tiene un costo de 70 pesos, por debajo de los lugares más conocidos y florerías.”
Es importante señalar que las construcciones de cualquier tipo afectan a los cultivos, ya que generan una mayor presión sobre la tierra; además, propician que los habitantes cercanos busquen otra manera de emplearse en la ciudad.
Sin embargo, los horticultores y campesinos que recogen la cosecha —de todas las edades— continúan trabajando con jornadas que inician desde las primeras horas del día hasta el atardecer, con la esperanza de que, a pesar del crecimiento de la ciudad, estas tierras continúen siendo fértiles y productivas.
Alejandra García | El Sol del Bajío
