Elías, de niño, no veía caricaturas: su interés estaba en los documentales de Animal Planet y National Geographic. Décadas después, aquel pequeño que no pedía carritos como regalo, sino cintas VHS sobre la vida salvaje, se ha convertido en el guardián de Playa Bagdad, en Matamoros, aunque esto implique desafiar a la empresa espacial SpaceX, de Elon Musk.
Hace casi 25 años descubrió una tortuga muerta en la playa; no entendía de qué se trataba. Su papá le dijo: “Es que se murió”. Esa imagen aún lo acompaña y motiva.
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“Recuerdo que su caparazón era gigante. Era una tortuga muy, muy grande, y se quedó esa tortuga muerta en mi recuerdo”, compartió con El Sol de Tampico.
¿Por qué decidió ser médico veterinario?
Originario del municipio de Río Bravo, de niño siempre buscó ser representante de alumnos y dirigir eventos de cuidado al ambiente, lo que lo llevó, a los 17 años, a ganar el Premio Estatal de la Juventud 2011 en la categoría de Protección al Ambiente.
“Tenía 17 años, un poco incrédulo, y yo dije: ‘Si Dios realmente existes, demuéstrame que puedo ganar este premio’. Resulta que se publican los resultados y venía mi nombre: Jesús Elías Ibáñez Rodríguez”, relató entre risas.
El reconocimiento no solo validó su vocación, sino que le dio el impulso para desafiar las expectativas familiares, ya que su padre —veterinario de profesión— le pedía que estudiara medicina humana. En una reunión con el entonces gobernador Egidio Torre Cantú, confirmó su decisión: sería médico veterinario.
“El gobernador me dijo: ‘Si tu objetivo y tu chispa está enfocada en el medio ambiente, en los animales, tú te vas a venir a Victoria y yo te voy a ayudar, te voy a dar soporte con mi gobierno’”, recordó.
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“Me dieron una solvencia de tres millones de pesos; patrocinó todos mis proyectos. Fuimos a limpiar playas, hicimos limpieza en la Reserva de la Biosfera El Cielo, en las cascadas de El Salto… hicimos un chorro de actividades”, agregó.
Al ingresar a la universidad, su pasión solo creció. Fundó el grupo Ecovet —Ecologistas Veterinarios— y se hizo voluntario de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Participó en proyectos pioneros como el monitoreo de la mariposa monarca, aunque fue un llamado para presenciar una “arribada” de tortugas lora lo que encendió su chispa definitiva.
“Fue impactante ver más de cinco mil tortugas en ese momento, anidando una sobre otra. Increíble el fenómeno de la arribada de la tortuga lora”, recordó.
Fundación de Conibio Global y apertura de veterinarias
A los 18 años de edad, como regalo, abrió su fundación —aún vigente— Conibio Global A.C. La oportunidad de un voluntariado en Colombia parecía imposible por falta de recursos, pero su determinación lo llevó hasta el país de Gabriel García Márquez.
“Dijo mi mamá: ‘Pues si es de parte de Dios, Dios va a poner los medios’. Todas las puertas que toqué, todas se abrieron”, narró el empresario, quien además cuenta con una franquicia de veterinarias que da empleo a 35 personas.
Su intención de proteger a la fauna se extiende a un santuario donde resguarda y rehabilita a más de 100 animales —entre ellos leones, tigres, tortugas marinas y pelícanos—, con un gasto mensual de alimentación que ronda el medio millón de pesos.
La lucha contra un gigante espacial que amenaza al Golfo de México
La tranquilidad y la fauna de Playa Bagdad, el mismo lugar donde de niño vio aquella tortuga muerta, se han visto alteradas a raíz de las pruebas y lanzamientos de cohetes que SpaceX, la empresa de Elon Musk, realiza a pocos metros.
“Acaba de explotar el cohete en México, a 14 km de la orilla de la playa donde están las tortugas. Sucedió como en las películas, se formó un hongo gigante de fuego”, apuntó.
Escribió cartas a las más altas autoridades sin recibir respuesta; sin embargo, la situación se agravó con un segundo lanzamiento fallido que dejó caer basura espacial sobre Playa Bagdad.
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“Millones y millones de pedazos de plástico, metal, caucho, tanques… Más de 40 kilómetros de Playa Bagdad se llenaron de basura espacial”, indicó.
En su momento de mayor desgaste, cuando contemplaba “tirar la toalla”, subió a una lancha que se dirigió hacia la plataforma que SpaceX había instalado en aguas mexicanas con el objetivo de recolectar los restos del cohete.
“Yo le decía a Dios: ‘Dame una señal de que tengo que seguir luchando por esto’. Habían pasado cinco minutos y empiezan a salir como 20 delfines al lado de la lancha. Yo, casi con lágrimas, dije: ‘Ok, ya entendí… Mi lucha por los animales tiene que continuar’”, compartió.
Operación Golfo de México: la respuesta ciudadana
Así nació Operación Golfo de México, un movimiento ciudadano impulsado por Elías, donde se documentan y denuncian los impactos de SpaceX. Este proyecto evidencia desde los daños estructurales a viviendas por las vibraciones, los problemas de salud pública por los gases, hasta la muerte de tortugas en sus nidos y la afectación a la pesca artesanal.
“Esto ha permitido inspirar a más jóvenes a manifestarse; la presión social ejerce también presión al gobierno para que accione. Esa presión hizo que la empresa más poderosa del mundo cancelara por dos días consecutivos sus lanzamientos”, explicó.
Para Elías, el niño que soñaba con los animales y que se ha convertido en guardián de Playa Bagdad, la lucha continúa. Se acerca el onceavo lanzamiento del Starship, donde nuevamente estará atento desde las aguas del Golfo de México.
Mariela Macay | El Sol de Tampico
