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Un siglo sobre el Pánuco: Esta es la historia viva del Paso del Humo

Pero con casi un siglo de existencia, el Paso del Humo se mantiene como un símbolo de conexión.

Pero con casi un siglo de existencia, el Paso del Humo se mantiene como un símbolo de conexión.
Foto: Alfredo Márquez.

El sonido de los motores sobre el agua, las risas de los pasajeros y el golpeteo constante del oleaje contra los cascos de las embarcaciones son parte del paisaje cotidiano en el Paso del Humo, uno de los cruces fluviales más antiguos y emblemáticos entre el norte de Veracruz y el sur de Tamaulipas.

Este servicio de lanchas, que une al municipio de Pueblo Viejo con la ciudad de Tampico, está a punto de cumplir 100 años ininterrumpidos de operación: un siglo de historia que refleja el esfuerzo, la visión y la constancia de varias generaciones dedicadas al transporte sobre el río Pánuco.

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El origen de un sueño sobre el agua de Veracruz y Tampico

Transcurría el año de 1927 cuando un hombre visionario, Isaac Rivas Rangel, decidió emprender una tarea que marcaría para siempre la movilidad entre ambas márgenes del Pánuco.

Con un sencillo bote de remos, comenzó a ofrecer el servicio de cruce de personas, conectando a comunidades que dependían del río para su vida cotidiana y su comercio.

Su nieta, Victoria Rivas Tovar, hoy presidenta de la Unión de Boteros Paso Isleta-Humo S.A., recuerda con orgullo las historias que escuchó desde niña.

“Mi abuelo me contaba cómo empezó todo. Tenía un pequeño bote a remos con capacidad para seis pasajeros. Todo se hacía con fuerza humana, usando dos remos para cruzar hasta la Isleta Pérez y regresar después con otros viajeros.”

En aquellos primeros años, el embarcadero se ubicaba unos 50 metros más al norte del sitio actual, cerca del canal que da acceso a la laguna de Pueblo Viejo, donde hoy se concentran las pescaderías. Con el paso del tiempo, el punto de embarque se trasladó al lugar donde actualmente opera el Paso del Humo.

El servicio de lanchas y el impulso de una necesidad social

La creación del servicio respondió a una demanda urgente: los pobladores necesitaban acortar los tiempos de traslado entre Veracruz y Tamaulipas. Aunque ya existía el viejo chalán “Rufus”, inaugurado en 1915, las esperas eran largas y los viajes, lentos. Los habitantes preferían el bote de remos que, aunque pequeño, resultaba más práctico y accesible.

El éxito del servicio fue inmediato. Pronto, otros hombres del río se sumaron a la iniciativa. José y Albino, cuyos apellidos se perdieron con el tiempo, comenzaron también a ofrecer cruces con sus propios botes, ampliando la capacidad del paso y consolidando lo que hoy se considera uno de los servicios más antiguos de transporte fluvial del país.

De la fuerza humana al rugido del motor

Victoria Rivas relata que, aunque no existe un registro exacto de los años en que los botes de remo operaron, fue hacia la década de 1940 cuando su abuelo decidió modernizar su embarcación.

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Adquirió un motor de 10 caballos de fuerza, un avance significativo que permitió reducir el tiempo de travesía y aumentar la seguridad de los pasajeros.

Ese fue el comienzo de una nueva etapa. Las embarcaciones dejaron de depender de la fuerza física y comenzaron a integrar tecnología náutica más avanzada.

Con los años, los botes de madera fueron sustituidos por lanchas de fibra de vidrio, más ligeras, seguras y duraderas. Los motores también evolucionaron, aumentando su potencia para resistir las corrientes del río y garantizar un servicio constante, incluso en condiciones climáticas adversas.

El origen del nombre “Paso del Humo”

Entre los muchos relatos que conforman la historia del servicio, uno de los más curiosos es el del nombre que lo distingue.

Según explica Rivas Tovar, el “Paso del Humo” debe su denominación a un imponente árbol de humo que se alzaba antiguamente en la ribera veracruzana, justo en el sitio donde hoy se encuentra el embarcadero.

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Ese árbol, conocido por su frondosidad y sombra fresca, servía como punto de referencia para los pescadores y boteros de la zona.

Con el tiempo, la gente comenzó a identificar el lugar como “El paso del Árbol de Humo”, y finalmente quedó como “Paso del Humo”, nombre que hoy forma parte de la identidad cultural y económica de Pueblo Viejo.

Modernización y permanencia del Paso del Humo

Casi un siglo después, el servicio del Paso del Humo continúa vigente, pero con una imagen completamente renovada. Actualmente, la Unión de Boteros Paso Isleta-Humo S.A. opera con siete modernas embarcaciones certificadas, equipadas con medidas de seguridad avaladas por las autoridades portuarias y marítimas.

Cada lancha cuenta con chalecos salvavidas, señalizaciones y mantenimiento constante. Los boteros han sido capacitados en primeros auxilios y protocolos de navegación segura, lo que convierte al paso en un modelo de organización comunitaria sustentable.

El servicio, además de ser funcional, atrae a visitantes y turistas que buscan conocer una parte viva de la historia del río Pánuco. El trayecto ofrece vistas inigualables del entorno natural y urbano que conecta a Tamaulipas con Veracruz, uniendo dos realidades separadas por el agua, pero enlazadas por la tradición.

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Un sustento para decenas de familias

El Paso del Humo no solo es un punto de cruce, sino también una fuente de vida para quienes dependen de él. De acuerdo con Victoria Rivas, actualmente 35 familias viven directamente del servicio y más de 50 lo hacen de forma indirecta, gracias a la actividad económica generada por el flujo constante de personas y mercancías.

A diario, miles de usuarios cruzan por este punto para dirigirse a sus centros de trabajo, escuelas o actividades comerciales.

“El Paso del Humo forma parte de nuestra rutina. Es más que un servicio: es una tradición que nos comunica con la historia y con el futuro”, comentó la dirigente de los boteros.

El legado de Isaac Rivas en el norte de Veracruz

A casi 100 años de su fundación, el legado de Isaac Rivas Rangel sigue presente en la memoria colectiva de Pueblo Viejo. Su iniciativa, surgida de la necesidad y la solidaridad, se transformó en una empresa social que ha perdurado frente al tiempo, los avances tecnológicos y los cambios en la región.

El río Pánuco, que ha sido testigo de inundaciones, huracanes y transformaciones urbanas, conserva entre sus aguas el eco de aquellos primeros remos que impulsaban el pequeño bote del fundador. Hoy, las modernas embarcaciones que surcan el mismo trayecto son la prueba viva de que la historia puede navegar junto al progreso.

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“Cada lancha que cruza el río es un homenaje a mi abuelo y a todos los que dedicaron su vida a este oficio. Nuestro compromiso es mantener el servicio con seguridad, respeto y amor por la tradición”, expresó Victoria Rivas con orgullo.

Hacia el centenario del servicio de lanchas de “El Paso del Humo”

De cara al centenario del servicio, los integrantes de la Unión de Boteros preparan una celebración conmemorativa que incluirá actividades culturales.

“Queremos que las nuevas generaciones conozcan la historia y comprendan la importancia del Paso del Humo. Es parte de nuestra identidad y de la historia del norte de Veracruz”, concluyó Rivas Tovar.

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Hoy hay proyectos para habilitar un teleférico sobre el río Pánuco, pero con casi un siglo de existencia, el Paso del Humo se mantiene como un símbolo de conexión, esfuerzo y permanencia, uniendo día tras día a dos estados a través del río que les da vida. En sus aguas navegan no solo personas, sino historias, memorias y esperanzas que siguen flotando, igual que aquel primer bote a remos de 1927.

Alfredo Márquez | El Sol de Tampico

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