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Vecinos distantes, una obra-documental que cuestiona la relación de México con Centroamérica

Centroamérica no quiere agradar, no quiere entretener, no quiere cerrar la noche con un aplauso cómodo.

Centroamérica no quiere agradar, no quiere entretener, no quiere cerrar la noche con un aplauso cómodo.
Foto: INBAL.

¿Y si Centroamérica no fuera un lugar lejano y olvidado, sino un espejo, una advertencia, una premonición para México? Esta pregunta incómoda con la que el colectivo Lagartijas Tiradas al Sol abre su obra Centroamérica, funciona como detonador de una pieza que se rehúsa a ser sólo teatro. Es también un libro, una investigación, una experiencia y, sobre todo, una toma de conciencia.

Presentada en el Teatro María Grever de León, en el marco del 28º Festival Internacional de Arte Contemporáneo (FIACmx) -que este año reflexiona sobre la hiperrealidad y el simulacro- Centroamérica es una obra-documental que indaga en lo que México históricamente ha preferido ignorar: su relación o quizás su desinterés con una región vecina, fragmentada, intensamente viva y brutalmente golpeada. Por lo que esta reflexión podrá volver a verte, con una segunda función este martes 30 de septiembre.

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Lejos de los lugares comunes del teatro documental, Centroamérica se construye desde la honestidad de una pregunta: ¿cómo hablar de un territorio del que no sabemos casi nada, pero que nos espejea tanto?

“Centroamérica es una región a la que México históricamente le ha dado la espalda. No forma parte de nuestro imaginario, ni de nuestras fantasías. Somos vecinos distantes, porque en México miramos al norte, siempre al norte”, señala el texto del colectivo, y esa distancia no es sólo geográfica o política:es también simbólica.

Luisa Pardo y Lázaro G. Rodríguez, directores, actores y fundadores de Lagartijas Tiradas al Sol, llevan más de una década viajando por Centroamérica, y aún así, confiesan que lo que más los impactó fue su propia ignorancia.

“Centroamérica nos impactaba cada vez que íbamos, por muchas razones: geográficas, políticas, sociales, pero sobre todo, porque no sabíamos nada de lo que pasaba ahí. Y los fenómenos que ocurren son muy radicales”, dijo Lázaro en entrevista con El Sol de León.

El proyecto comenzó a tomar forma tras el encuentro con una mujer nicaragüense exiliada, cuya historia detonó una indagación más amplia que llevó a Lagartijas a visitar nuevamente la región, a leer, a escuchar, a construir con tiempo una mirada.

La obra se enfrenta a un desafío central: hablar de siete países —Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá— sin reducirlos ni homogeneizarlos.

Aún así, hay temas transversales: la migración forzada, las dictaduras, la violencia, las oligarquías, los ensayos geopolíticos extremos.

El proyecto incluye una publicación que aborda la historia centroamericana desde la época precolombina hasta la actualidad, mientras que la obra escénica se enfoca en el presente

Como ejemplos: el Bitcoin como moneda oficial en El Salvador; las ZEDES en Honduras —zonas cedidas a corporaciones para que las administren con sus propias leyes—; o la dictadura sandinista en Nicaragua, que “puede hacer básicamente lo que quiera”.

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A lo largo de la entrevista, los artistas insistieron en una idea: Centroamérica no sólo muestra lo que ocurre allá, sino lo que puede ocurrir aquí. Es un experimento del sistema-mundo, un lugar donde los poderes globales han ensayado desde hace décadas políticas, represiones, liberaciones y catástrofes.

Historia viva, violencia cotidiana

Para Luisa y Lázaro, el istmo centroamericano condensa procesos mundiales:

También está la violencia estructural, espiritual y cotidiana: “No es sólo la seguridad para caminar por la calle, es una sensación de que el alma vive constreñida. ¿Qué pasa con el espíritu en territorios donde todo el tiempo te están hablando de violencia?”, se preguntó.

Aunque la obra toca todos los países, termina enfocándose especialmente en Nicaragua, un país donde la represión, el exilio forzado y el control total del poder son el pan de cada día.

La forma en que Centroamérica se construyó tiene una cualidad introspectiva, ya que la obra narra el proceso de aprendizaje de cada uno de los integrantes. 

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Eso genera un equilibrio delicado entre lo personal y lo documental. No se trata sólo de datos o de historia, sino de una experiencia transformadora que se convierte en lenguaje escénico. El público es invitado a ese viaje: el de la incomodidad, la sorpresa, la conciencia.

En escena, hay decisiones visuales potentes. Una de ellas: el uso de plásticos traslúcidos que determinan el ritmo, la atmósfera y el concepto. 

“No son solo escenografía. Afectan la rítmica, la dinámica, y se relacionan con el tema del encierro, del aislamiento, de la precariedad”, explicó Luisa.

Entre lo real y lo posible

El FIACmx propuso este año una reflexión sobre la hiperrealidad y el simulacro. Para Luisa y Lázaro, Centroamérica dialoga perfectamente con esa noción.

El teatro, explican, tiene esa capacidad única: al poner la realidad en un espacio destinado a la ficción, la vuelve más intensa, más visible, más contundente. 

“El teatro siempre fue el territorio de lo no real. Pero cuando ponemos la realidad ahí, se amplifica. Como si le diéramos un aumento a la verdad”, afirmó Lázaro.

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Además, el uso de la ficción en el teatro documental no busca engañar, sino imaginar otros finales posibles. El absurdo no es solo un efecto narrativo. Es parte de lo que quieren mostrar: la violencia, la corrupción, la impunidad, pero también la resistencia, la solidaridad clandestina, lo espiritual.

“La ficción es una posibilidad para imaginar que otra cosa puede pasar. Es una forma de abrir la imaginación política. Porque hoy es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, reflexionó Lázaro.

En un momento del diálogo, Luisa resumió una idea que atraviesa todo el proyecto: “Hoy vemos fuerzas muy oscuras, hombres frenéticos tomando decisiones por millones de personas, rompiendo acuerdos históricos. Frente a eso, el arte puede ser un espacio para reparar, para compartir, para olernos, sentirnos, reflexionar juntas”.

Centroamérica es también eso: una afirmación del encuentro humano frente al aislamiento global. Una invitación a imaginar la solidaridad como algo que, aunque hoy parezca ilegal, todavía es posible.

Como les dijo una amiga libanesa: “La solidaridad humana hoy es ilegal, pero es más necesaria que nunca”, aseguró Luisa.

Centroamérica no quiere agradar, no quiere entretener, no quiere cerrar la noche con un aplauso cómodo. Quiere despertar.

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Poner frente a frente regiones vecinas que apenas se conocen, aunque comparten heridas, violencias, migraciones y memorias.

Es un proyecto que se posiciona desde la ética, el arte y la memoria, y que nos recuerda -como si hiciera falta- que a veces, el teatro no representa la realidad. La revela.

Mary Elenne Castro Mares | El Sol de León

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