Un estruendo rompió la calma de la calle Carrillo Puerto, en Coyoacán, la tarde del 31 de agosto. Era un eucalipto que, sin señales visibles de daño, cayó sobre un puesto de periódicos frente a la librería Gandhi tras una ráfaga de viento y lluvia. No fue un caso aislado: ese mismo día otros 15 árboles colapsaron en la ciudad y desde hace un mes ya suman más de 250 árboles los que se han desplomado, y la mayoría pertenecen a especies exóticas que no están adaptadas al suelo capitalino.
En un recorrido realizado por El Sol de México se constató que de cinco árboles caídos en distintos puntos de la capital, al menos cuatro eran exóticos: dos eucaliptos, una jacaranda y un pino. Solo uno, un colorín, resultó nativo. Vecinos relataron que algunos ejemplares ya habían sido reportados por riesgo, sin que las autoridades dieran seguimiento.
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“He notado que los que más se caen y vemos en las noticias suelen ser los eucaliptos. No es casualidad: al ser especies exóticas, no están adaptadas a las condiciones de la Ciudad de México”, explicó Arath Macías, biólogo y especialista en plantas nativas, conocido como Don Helecho.
Aunque deberían privilegiarse las especies nativas por su resistencia al entorno urbano, en la ciudad abundan árboles exóticos sembrados principalmente por su valor ornamental, sin tomar en cuenta que son más vulnerables a enfermarse o desplomarse. Esto, dijo el especialista, ocurre, sobre todo, porque quienes los plantan desconocen aspectos básicos como su origen, su tiempo de crecimiento y el espacio que requieren para desarrollarse.
Macías explicó que especies como eucaliptos, jacarandas y pinos pueden alcanzar entre 20 y 40 metros de altura y necesitan un radio similar para el desarrollo de sus raíces. Sin embargo, en la capital suelen sembrarse en camellones o banquetas que apenas alcanzan dos o cuatro metros, lo que impide su correcta fijación y eleva el riesgo de desplome. “Es como un edificio: la altura debe ser proporcional a la base. Si un árbol mide 30 metros, requiere al menos 30 metros de radio de raíces. En espacios reducidos, las raíces se comprimen, rompen banquetas y no fijan bien el tronco”, detalló.
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La falta de mantenimiento agrava el problema. Vecinos de Coyoacán aseguraron que el eucalipto colapsado en Carrillo Puerto solo requería podas frecuentes. “El árbol ya lo habíamos podado antes y pedimos que lo volvieran a podar, pero la alcaldía nos dijo que teníamos que pagar. Ese día se cayó por la lluvia y el viento, causando caos en la vialidad”, relató un locatario.
Algo similar ocurrió en la misma calle con un pino de más de 20 metros y alrededor de 35 años de edad, que finalmente cayó dentro de una vivienda. “Ya habíamos advertido y teníamos fotos, pero no nos hicieron caso. Ese día se cayó y entonces sí vinieron a recogerlo”, comentó la dueña de la casa.
En la alcaldía Benito Juárez, el 1 de septiembre, una jacaranda de tres décadas se desplomó en la esquina de Patricio Sainz y Pedro Romero de Terreros, en la colonia Del Valle, sin señales previas de daño.
Otro riesgo poco visible es la presencia de hongos de repisa en los troncos, una señal de que el árbol está podrido internamente. “Muchos ejemplares que vemos de pie en realidad ya están muertos, pero solo un dictamen especializado puede determinarlo”, advirtió Macías.
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El especialista insistió en que las autoridades deben realizar un mapeo de árboles dañados y establecer programas de sustitución. Propuso privilegiar especies nativas como tepozanes, cazahuates, guajes y tronadoras, que además de adaptarse mejor al suelo y al clima de la ciudad, desarrollan raíces menos agresivas con el entorno urbano.
Día crítico
El noche del lunes y madrugada del 12 de agosto fue una jornada crítica en la capital del país al registrarse la caída de 66 árboles a causa de las fuertes lluvias y tormentas eléctricas que activaron la alerta amarilla y naranja en las 16 alcaldías, pero con las afectaciones más graves en Gustavo A. Madero y Venustiano Carranza. Con información de Luis Gutiérrez
Gloria López | El Sol de México
