En Querétaro quedó prohibida la música que glorifique la violencia, haga apología del delito o exalte la cultura del crimen en eventos públicos. La medida ha despertado la duda sobre si podría afectar directamente al sector de los espectáculos y, con ello, a la economía local.
En entrevista con Diario de Querétaro, un promotor con amplia trayectoria compartió su opinión sobre esta disposición —que ya se aplica en estados como Baja California, Sinaloa, Chihuahua, Quintana Roo, Aguascalientes, Michoacán, Estado de México, Nayarit, Chiapas y Jalisco—, yexplicó la importancia que tienen géneros como el regional mexicano y la música urbana en la vida cultural y económica de la entidad.
El promotor también subrayó que, más allá de las prohibiciones, el Estado debería implementar medidas eficaces para garantizar la seguridad tanto del público como de quienes trabajan en la industria del entretenimiento, pues éstos son víctimas de amenazas y cobro de piso sin importar el género musical que se promueva.
¿Crees que la prohibición de los narcocorridos o de la música que hace apología a la violencia afectará a la industria de los espectáculos en Querétaro?
A corto plazo, es posible que sí, especialmente en la realización de conciertos masivos, ferias y palenques donde la presencia de grupos de esta música es habitual. Habrá promotores que prefieran evitar sanciones y artistas que no puedan incluir sus temas más populares en el repertorio, lo que reduce la fuerza de la experiencia para su público y por tanto la venta de entradas.
Por otro lado, técnicos, músicos, productores y trabajadores del espectáculo perderán oportunidades de empleo ligadas a estas giras, por todas las ciudades que se han sumado a esta prohibición.
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Además, Querétaro puede dejar de ser una plaza atractiva para artistas de alto nivel dentro de este género, que preferirán presentarse en ciudades cercanas donde no exista tal restricción. Eso significa que parte de la derrama económica “se mudará” a otras ciudades.
¿Crees que esta prohibición realmente contribuye a la seguridad de los ciudadanos?
Las letras de los narcocorridos no inventaron a los capos, ni a los enfrentamientos armados, ni al poder corruptor del dinero ilícito. Esas realidades ya existían, y lo que hace el género es narrarlas, reflejando un contexto social. Silenciar las canciones no elimina el problema de fondo: la ausencia de políticas de seguridad efectivas, la falta de prevención del delito y, sobre todo, la débil capacidad del Estado para garantizar un entorno en el que la violencia no sea protagonista.
Los gobiernos pueden prohibir conciertos o sancionar a artistas, pero eso no disminuye los índices delictivos ni devuelve la tranquilidad a las calles. Lo que sí podría tener un verdadero impacto es reforzar las instituciones de seguridad, profesionalizar a las policías, atender las desigualdades sociales que alimentan al crimen organizado y ofrecer alternativas reales a los jóvenes que, muchas veces, encuentran en estas letras una aspiración porque el Estado les ha negado otras oportunidades.
Desde tu punto de vista, ¿qué es lo que debería hacer el gobierno queretano para contribuir con la seguridad del público y de quienes trabajan en esta industria?
La música no mata. Lo que mata es la impunidad, la corrupción y la falta de estrategias claras y sostenidas en materia de seguridad. Culpar al narcocorrido es sencillo; asumir la responsabilidad de diseñar políticas públicas integrales es mucho más complejo. Pero si de verdad se quiere transformar la realidad, es en ese terreno, y no en el de los escenarios musicales, donde se debe librar la batalla.
En el fondo, prohibir narcocorridos puede convertirse en un gesto simbólico, pero inútil. Porque mientras el problema de fondo siga sin atenderse, la violencia seguirá marcando el compás de nuestra vida pública, con o sin música.
Como promotor de conciertos, ¿cómo percibes la seguridad para quienes se dedican a impulsar shows del regional mexicano en el estado y otras partes del país?
Hay un público enorme y muy fiel que asegura taquilla llena, pero por otro lado existe una percepción de riesgo que pesa tanto en el público como en los propios organizadores. No solo se trata de la violencia real que vive el país, sino también del estigma: muchos asocian estos conciertos con posibles pleitos, consumo excesivo de alcohol o incluso la presencia de grupos ligados al crimen organizado. Eso genera tensión tanto con las autoridades como con los propios foros.
El cobro de piso y las amenazas son prácticas que, lamentablemente, se han vuelto más comunes en los eventos del regional mexicano, debido a la visibilidad y el poder de convocatoria que este género tiene en muchas ciudades del país. Sin embargo, la violencia en México ha alcanzado tal magnitud que ya no importa únicamente el tipo de música o el perfil del concierto: en distintas regiones, cualquier evento masivo se convierte en un blanco para la extorsión. Los grupos criminales buscan obtener beneficios económicos inmediatos y utilizan la intimidación como herramienta, afectando no solo a los organizadores, sino también a artistas, proveedores y técnicos. Esta situación genera un clima de incertidumbre en la industria del entretenimiento en vivo, encarece la producción de los shows por los gastos extra en seguridad privada y limita el desarrollo cultural y económico de muchas ciudades, pues los promotores comienzan a pensar dos veces antes de arriesgarse a montar un espectáculo en zonas con altos índices de violencia.
¿Cuánto genera, en promedio, un espectáculo del regional mexicano o de la música urbana en el estado?
Un solo concierto exitoso puede transformar un fin de semana en una fuente de ingresos importante para hoteles, restaurantes, transporte urbano y más. Una persona local, puede gastar mínimo 2 mil 500 pesos en asistir a un evento.
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¿La música regional mexicana y la música urbana acaparan los escenarios queretanos?
La música regional mexicana que aborda estos temas, es uno de los géneros más consumidos en México y en Estados Unidos. Artistas como Peso Pluma, Natanael Cano o Fuerza Regida llenan estadios y generan millones en taquilla, patrocinios y consumo secundario (restaurantes, bares, transporte, hoteles). En Querétaro no es la excepción: basta ver que los conciertos de este género han sido de los más demandados en el último par de años.
¿Esta medida frenará la difusión del género?
La medida difícilmente frenará el consumo de narcocorridos. La música viaja más rápido que cualquier decreto: vive en Spotify, en YouTube, en TikTok, y se reproduce en fiestas privadas y reuniones familiares. Es decir, aunque en lo público se restrinja, en lo privado seguirá escuchándose.
Lo que sí podría suceder es que los artistas del regional exploren con mayor fuerza otras temáticas para no perder espacios en escenarios. Ya algunos han diversificado sus letras hacia lo romántico o lo festivo, y la prohibición podría acelerar esa tendencia. Al mismo tiempo, el reto será distinguir entre lo que se considera apología de la violencia y lo que forma parte del retrato social que, guste o incomode, también constituye una realidad.
En Querétaro hay un público diverso por lo que la ley no frenará la oferta de eventos, simplemente promotores buscaran opciones diferentes para ofrecer.
Donna Oliveros | Diario de Querétaro
