Para poder tener éxito en la implementación de la inteligencia artificial, las compañías y sus líderes deben de tener inteligencia emocional.
La inteligencia artificial, sumada al uso cotidiano de herramientas como WhatsApp o Teams, ha modificado la manera en que se trabaja, se lidera y se organiza el tiempo en las empresas. El reto ya no es si adoptar estas herramientas, sino cómo hacerlo sin que el progreso ocurra a costa de las personas.
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En México, donde las condiciones laborales presentan retos similares a los de Europa (como rotación alta, precariedad o liderazgo tradicional), el impacto de la IA avanza más rápido que la capacidad de adaptación de muchas organizaciones.
La iniciativa efr (Empresa Familiarmente Responsable), impulsada por la Fundación Másfamilia, llega oficialmente al país con el objetivo de acompañar a las empresas en este proceso y promover una cultura basada en el equilibrio entre vida personal, familiar y laboral.
“La tecnología tiene que estar al servicio de las personas y no al revés”, dice Roberto Martínez, director global de efr.
EFR sostiene que si la inteligencia artificial y otras tecnologías solo aumentan la carga de trabajo o profundizan la ansiedad, entonces el avance pierde sentido. Su modelo plantea que cualquier herramienta tecnológica debe contribuir a mejorar la calidad de vida.
La organización defiende una visión humanista y antropológica del trabajo, donde la persona es el centro de las decisiones:
Su enfoque parte del compromiso explícito del CEO, avanza con diagnósticos basados en escucha activa y culmina en una propuesta de valor con medidas como esquemas de flexibilidad, políticas de maternidad y paternidad, acciones de igualdad y programas de salud mental.
El modelo no se aplica de forma superficial. La transformación requiere tiempo y estructura. Según EFR, los primeros resultados comienzan a observarse entre los 2 y 5 años, aunque alcanzar un nivel de excelencia puede tomar entre 10 y 20 años. El proceso es gradual, profundo y medible.
Entre los efectos más frecuentes están la reducción del ausentismo (relacionado con estrés, ansiedad o depresión), el aumento del compromiso y la atracción de talento en empresas que ofrecen una propuesta de valor clara.
En el caso de México, la organización identifica un terreno fértil para avanzar. Muchas empresas ya aplican medidas de conciliación, pero lo hacen sin estructura, sin ejes definidos ni seguimiento. EFR propone organizar ese esfuerzo y dotarlo de lenguaje común:
La certificación actúa como un pretexto para entrar, pero el verdadero cambio ocurre dentro, al trabajar con los líderes, capacitar a los equipos y establecer un nuevo contrato emocional entre empresa y persona.
A diferencia de los premios simbólicos o reconocimientos automáticos, EFR se presenta como un acompañamiento técnico de largo plazo.
La organización se define como un “entrenador personal” para la empresa. Mide, ajusta, interviene, acompaña y vuelve a medir. El objetivo no es la foto, sino el proceso.
En su experiencia, los resultados son sostenibles cuando los líderes se forman, escuchan y dejan de dar por hecho que saben tratar a su equipo.
Desde su origen en España, la Fundación Másfamilia ha trabajado en construir indicadores humanos, como el barómetro de la conciliación, frente al dominio de los KPIs financieros.
Su llegada a América Latina comenzó en Colombia, y tras años de consolidación, desembarcó en México.
La elección responde no solo a la proximidad con Estados Unidos o al dinamismo del ecosistema emprendedor, sino a la necesidad de ofrecer soluciones donde la tecnología avanza sin dirección clara.
EFR tiene presencia local, una plataforma de formación con más de 10 cursos en línea, y una comunidad internacional con la que compartir aprendizajes.
En la práctica, muchas empresas mexicanas ya están tomando decisiones similares por su cuenta. Lo que la organización ofrece es estructura, orden y una metodología que convierte esos esfuerzos en una estrategia integral.
La Fundación Másfamilia nace en 2003 como una organización privada, independiente y sin fines de lucro. Su objetivo es promover una cultura empresarial que gestione a las personas considerando su dimensión laboral, personal y familiar, al mismo tiempo que fortalece la competitividad de las organizaciones.
