Sudcalifornia registra un aumento en la muerte de ejemplares de ballena gris, el calentamiento global es una de las principales causas.
Estadísticas del Programa de Investigación de Mamíferos Marinos (PRIMMA) revelan que los casos de mortandad aumentaron en los últimos siete años. En 2019 hubo 83 casos; en 2020, 88; para 2021, 55; en 2022, 54; en 2023, 36; en 2024, 29 y en lo que va de 2025, más de 86.
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Jorge Urban Ramírez, investigador de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) explicó que la principal causa de esta crisis es la falta de alimento en el Ártico, donde las ballenas grises se alimentan antes de migrar hacia México.
El derretimiento del hielo marino provocado por el cambio climático, ha reducido la presencia de algas y organismos clave en la cadena alimenticia.
Esto obliga a los cetáceos a iniciar su migración en condiciones físicas muy deterioradas, lo que los hace más vulnerables a enfermedades, ataques de orcas y accidentes con embarcaciones durante sus recorridos, a esta situación se sumó el fenómeno de La Niña que enfrió aún más las aguas del Pacífico, dificultando el acceso al alimento.
Laguna Ojo de Liebre, Baja California Sur, es la zona principal donde aparecen ballenas muertas, en 2025 se reportaron casos en Bahía Magdalena, San Felipe, Loreto, La Paz, Mazatlán y Guaymas.
Estudios del Programa de Investigación de Mamíferos Marinos (PRIMMA) indican que la población total de ballenas grises se ha reducido un 30 por ciento en menos de una década: de 24 mil ejemplares en 2016 a aproximadamente 14 mil en 2022.
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Expertos señalan que las causas de la mortandad de ballenas son: el cambio climático y sus efectos en el Ártico, como el derretimiento del hielo marino y la menor disponibilidad de alimento para las ballenas, podrían ser factores contribuyentes.
Cada 23 de julio se conmemora el Día Mundial de las Ballenas y los Delfines, una fecha instaurada en 1986 por la Comisión Ballenera Internacional (CBI) para frenar la caza indiscriminada que llevó a varias especies al borde de la extinción.
Esta conmemoración, sin embargo, tiene raíces más antiguas: desde la década de 1930 ya se advertía sobre la disminución drástica de poblaciones, lo que motivó las primeras moratorias internacionales en los años setenta.
Hoy, a casi cuatro décadas de aquella proclamación, la amenaza persiste. Aunque la caza comercial está prohibida, Japón y otras naciones continúan violando la normativa, mientras nuevas amenazas, como la contaminación plástica y el cambio climático, ponen en riesgo el equilibrio marino.
En este contexto en La Paz, Baja California Sur, Jonathan Alejandro Leyva Molina, coordinador del Laboratorio de Osteología del Museo de la Ballena, abre las puertas de uno de los recintos más singulares de México para hablar del papel ecológico, económico y cultural que tienen los cetáceos en la región.
Rodeado de colosales esqueletos, Leyva comparte datos, anécdotas y reflexiones que conectan la ciencia con la identidad sudcaliforniana. “La osteología es el estudio de los huesos”, aclara de inicio, al referirse a la especialidad que lo ha llevado a conformar la mayor colección de estructuras óseas de mamíferos marinos en el país.
Ocho especies en aguas sudcalifornianas
En los mares del planeta existen 14 especies de ballenas y México alberga ocho, lo que convierte al país en un punto estratégico para su conservación. “Turísticamente hablando, tres son las más emblemáticas: la ballena azul, la jorobada y la gris”, indica Leyva.
La ballena azul, el animal más grande del mundo, puede alcanzar hasta 30 metros de longitud; la jorobada, famosa por sus saltos y cantos; y la gris, considerada la más carismática por su interacción con las personas, encabezan la lista de atractivos en el golfo de California y el Pacífico mexicano.
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A ellas se suman otras especies como la ballena de aleta, la tropical, la minke y la ballena franca; esta última “avistada por última vez en 2009 en Los Cabos”, precisa.
En La Paz, los paseos hacia Isla Espíritu Santo ofrecen la posibilidad –aunque no la certeza– de observar ballena azul, de aleta o tropical. “Es cuestión de suerte”, admite.
Rutas y temporada: ¿dónde y cuándo verlas?
Los primeros meses del año son clave para los avistamientos: “Enero, febrero y marzo son las mejores fechas, porque las ballenas permanecen en nuestras aguas entre tres y cuatro meses para dar a luz y criar”, explica.
Cada especie tiene su territorio
- Ballena azul: preferencia por Loreto, con picos en febrero y marzo.
- Ballena gris: concentra su presencia en el Pacífico, en las lagunas de Ojo de Liebre (Guerrero Negro), San Ignacio, Bahía Magdalena, que abarca Puerto Chale, San Carlos y López Mateos.
- Ballena jorobada: se deja ver principalmente en Los Cabos.
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En La Paz, la sorpresa se dio en la temporada pasada, cuando se registró “una mayor presencia de ballenas grises en el interior del golfo; incluso dentro de la bahía, algo poco común”, comenta el experto.
Más que espectáculo: motor económico y equilibrio ecológico
El impacto de estos gigantes marinos va más allá del turismo fotográfico. “Ellas son fertilizantes del océano”, afirma Leyva. Sus heces distribuyen nutrientes esenciales que estimulan el crecimiento del fitoplancton, base de la cadena alimentaria marina y responsable de generar gran parte del oxígeno que respiramos.
“Siempre nos dicen que los árboles son los grandes productores de oxígeno, pero en realidad es el mar, y las ballenas cumplen un papel clave”, añade.
¿Cuál es la importancia económica de las ballenas?
Desde la perspectiva económica, su aporte es evidente. “Puerto Chale deja la pesca en temporada para dedicarse al avistamiento. Tenemos datos que confirman que llegan turistas de más de 60 países sólo para ver ballenas”, destaca.
Hoteles, transporte, restaurantes y prestadores de servicios turísticos encuentran en esta temporada su principal fuente de ingresos. “Es un sustento vital para muchas familias”, subraya.
De la cacería a la recuperación: la historia de la ballena gris
Hoy la ballena gris es uno de los emblemas de Baja California Sur, pero su historia está marcada por episodios críticos. A finales del siglo XIX, la caza indiscriminada llevó a la especie al borde de la extinción, impulsada por la demanda de aceite y productos derivados.
“Fuimos un país que permitió por muchos años la cacería de ballenas… A finales de los 1800 hubo mucha cacería por parte de Estados Unidos, Canadá, principalmente Estados Unidos, con el capitán Scammon, que fue uno de los líderes de las expediciones aquí en los complejos lagunares del Pacífico”, recuerda Jonathan Leyva, coordinador del Laboratorio de Osteología del Museo de la Ballena.
La preocupación por la disminución de ejemplares no es reciente. De acuerdo con registros históricos, ya en la década de 1930 los cazadores advertían que el número de ballenas caía drásticamente.
En 1972, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, se aprobó la primera moratoria para detener la matanza; sin embargo, fue hasta 1986 cuando la Comisión Ballenera Internacional prohibió la caza comercial de ballenas, aunque esta norma continúa siendo violada por países como Japón.
Gracias a los acuerdos de protección entre México, Estados Unidos y Canadá, la ballena gris experimentó una recuperación notable. “De tener una población pequeña, hoy se estima en alrededor de 15 mil ejemplares. Ha habido una mortandad por cuestión de cambio climático, pero aun así fue una población que se logró recuperar con mucho éxito”, enfatiza Leyva.
Un museo único en México
Según Leyva, La Paz alberga el museo con la colección más grande de mamíferos marinos en México. Actualmente, exhibe 45 esqueletos y tienen una colección de más de 100.
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“Tenemos especies que rara vez se ven en otros recintos. Nuestro enfoque no sólo es científico, también buscamos educar al visitante sobre prácticas responsables durante los paseos”, detalla.
El dato que impresiona: en la bahía de La Paz se han documentado 28 especies de cetáceos, de las 39 que existen en México, lo que convierte a la región en un sitio único a nivel mundial.
El trabajo detrás del hueso: mil horas por ejemplar
Montar un esqueleto no es tarea sencilla. El museo es parte de la Red de Varamientos, coordinada por PROFEPA, que actúa ante reportes de cetáceos muertos en playas.
“Se entierra el cuerpo para evitar focos de infección, luego retiramos restos de carne y lo sometemos a baños de agua, jabón y sol hasta que adquiera el tono óseo”, explica Leyva.
El ensamble final, comparado por él mismo con “un rompecabezas gigante”, puede tomar hasta mil horas de trabajo, dependiendo del tamaño y estado del ejemplar.
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La ballena como símbolo
La ballena gris encabeza el imaginario colectivo. “Es la especie más popular; todos quieren verla de cerca”. Está en el billete de 500 pesos, en murales, en el malecón, en artesanías, comenta. Le siguen la jorobada, por su espectáculo de saltos, y la azul, por su tamaño colosal.
El vínculo humano-ballena no es nuevo, pero se ha transformado. “Antes la llamaban ‘pez diablo’ porque atacaba a los barcos cuando la cazaban. Hoy la vemos como un animal carismático que nos recibe en su hogar”, afirma.
La evolución de los cetáceos
Pocas personas saben que las ballenas descienden de animales terrestres. “Su ancestro fue el Pakicetus, hallado en Pakistán, que vivió hace 50 millones de años. Tardaron entre 8.5 y 10 millones de años en adaptarse por completo al mar”, explica Leyva.
Ese proceso evolutivo añade, “no fue mágico; son cambios diminutos a lo largo de millones de generaciones”, que convirtieron a un animal parecido a un perro en el gigante que hoy conocemos.
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¿Dónde está el Museo de la Ballena?
El museo, ubicado en la calle Antonio Navarro, casi esquina con Ignacio Altamirano, abre de lunes a sábado, de 9:00 a 14:00 horas.
“Las pláticas que damos es precisamente con ese enfoque de tratar de ser lo más responsable posible respecto al avistamiento de estos animales y lo importante que son”, expresó Leyva.
Durante la visita, las personas pueden apreciar no solo ballenas, sino también orcas, lobos marinos, tiburones, mantarrayas y tortugas marinas. “Cada sala que tenemos se van sorprendiendo cada vez más de la gran cantidad de especies marinas que tenemos aquí”, comentó.
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Finalmente, reiteró la invitación con una cálida sonrisa: “Los invitamos a que vengan y conozcan”, dijo, resaltando que este espacio busca generar conciencia sobre la biodiversidad que hace único a Baja California Sur.
Emilio Avendaño | El Sudcaliforniano
