La saturación de los almacenes del sistema público de salud ha obligado a empresas farmacéuticas a destruir miles de piezas de medicamentos que no pueden ser recibidas ni almacenadas en condiciones adecuadas, afirmó Larry Rubin, exdirector ejecutivo de la Asociación Mexicana de la Industria de Investigación Farmacéutica (AMIIF).
En entrevista, realizada cuando aún formaba parte del organismo, Rubin explicó que, aunque los laboratorios están cumpliendo con las entregas pactadas de medicamentos al gobierno federal, el desabasto persiste debido a un problema de logística que ocurre a nivel nacional.
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“Tenemos medicamentos que llegaron a tiempo, pero en los centros de distribución del gobierno no los reciben porque están llenos, ya no tienen capacidad. Hay reportes de camiones que llegan con los fármacos y se les impide entregar. Entonces ese medicamento se tiene que destruir”, aseguró.
La destrucción ocurre con frecuencia en productos que requieren cadena de frío o supervisión permanente, condiciones que no se garantizan fuera del sistema.
En muchos casos, los propios protocolos de los laboratorios establecen que, si el producto no es recibido de inmediato, debe ser desechado por seguridad, ya que un mal manejo puede poner en riesgo la vida del paciente.
Rubin, quien actualmente es presidente y director de la junta directiva de The American Society (AmSoc), advirtió que esta situación no sólo genera pérdidas millonarias para la industria, las cuales son difíciles de cuantificar, sino que además prolonga el desabasto y retrasa tratamientos médicos críticos, como los oncológicos.
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“El paciente es el más afectado. Aun cuando el medicamento está disponible, no llega a quien lo necesita porque el sistema no lo recibe ni lo distribuye”, agregó.
El Colectivo Cero Desabasto informó que en 2023 se dejaron de surtir 7.5 millones de recetas en instituciones como el IMSS, ISSSTE, Pemex, Sedena y Semar.
Aunque los reportes de desabasto habían disminuido desde 2021, volvieron a incrementarse en 2023 por la escasez de medicamentos psiquiátricos y neurológicos.
El cuello de botella, insistió Rubin, se encuentra en los almacenes del gobierno, donde los procesos de recepción, clasificación y salida no están a la altura del compromiso de entrega de la industria.
A esta falla logística se suma un problema financiero estructural: el gobierno federal mantiene una deuda de al menos 30 mil millones de pesos con las farmacéuticas proveedoras, lo que ya comienza a comprometer la viabilidad de las cadenas de suministro.
Rafael Gual Cosío, director general de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma), explicó que el monto podría ser mayor, ya que algunas compañías aún no reportan el total de los adeudos.
“El problema adicional es que no tenemos una fecha de pago. Hemos sostenido reuniones con autoridades, pero no hay respuestas concretas”, señaló Gual.
Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ha asegurado que el desabasto quedará resuelto este mismo año, el sector farmacéutico se muestra escéptico ante la falta de coordinación, planeación y transparencia en el sistema público de salud.
Rubén Romero | El Sol de México
