Decenas de personas, en su mayoría jóvenes, participaron en la segunda manifestación contra la gentrificación en la Ciudad de México para visibilizar los efectos negativos de la especulación inmobiliaria, especialmente de cara al Mundial de Futbol 2026, en el que México será una de las sedes.
A diferencia de la primera ocurrida el 4 de julio, en la que hubo daños en negocios, en esta marcha los inconformes realizaron contadas pintas, aunque al final del recorrido, en Ciudad Universitaria, rompieron cristales del Museo Universitario de Arte Contemporáneo.
Las consignas de los inconformes se centraron en reclamar el alto costo de la vivienda, la realización de megaproyectos y las consecuencias de las obras que prevé el gobierno local como parte del Mundial de Futbol que se realizará el próximo año. “Queremos vivienda, el Mundial nos vale ver…”, fue uno de los reclamos de los manifestantes.
Los habitantes de pueblos originarios acusaron que el sur está gravemente afectado por la gentrificación y turistificación del Mundial, además de la construcción de proyectos como Fuentes Brotantes 134, al que ubicaron como ecocida.
La marcha tuvo lugar al sur de la Ciudad de México. La convocatoria instaba a arrancar la manifestación afuera de la estación del metrobús Fuentes Brotantes, para dirigirse hacia El Caminero; una hora antes, el sistema de transporte suspendió su servicio a partir de la estación Altavista, lo que provocó que algunos de los asistentes quisieran marchar desde antes de llegar al punto de partida.
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A la avenida Insurgentes acudieron decenas de policías de la Secretaría de Seguridad Ciudadana local, hombres y mujeres, con escudo y cascos, quienes encapsularon la manifestación durante cerca de 40 minutos en inmediaciones de la estación Fuentes Brotantes, con el fin de impedir su avance, al menos hasta que la mayor parte del contingente se concentró en la zona.
Una hora después de lo que marcaba la convocatoria, a las 15:50, la manifestación salió hacia El Caminero. Al frente de la marcha iban los habitantes originarios de colonias de Tlalpan y de Coyoacán.
Erick Meléndez, proveniente del Barrio del Niño Jesús, en Tlalpan, expuso que la gentrificación provoca una expulsión paulatina de los pueblos y barrios originarios. “La gente y los pueblos de bajos recursos han sido desplazados por una ley que está a modo de los políticos y los intereses inmobiliarios”, opinó.
María Teresa Gutiérrez, habitantes del pueblo de Chimalcoyoc, en Tlalpan, expuso que la gentrificación provoca despojos y la destrucción de los usos y costumbres. “Les quitan los recursos, el agua, la tierra, están talando árboles, ¿de qué van a vivir? Son tierras milenarias”, manifestó.
María Elizabeth Álvarez Reséndiz, integrante del Frente por la Defensa de los Pueblos y los Barrios Originarios de la Anáhuac, acusó que la gentrificación causó estragos en el pueblo de Xoco, en Coyoacán, donde los habitantes ya no son libres ni de realizar sus festividades religiosas, pues con la torre de Mítikah, los nuevos habitantes les avientan huevos o papel higiénico cuando quieren celebrar a su santo patrono San Sebastián Mártir.
Acusó que también aumentó el costo del predial. “Antes de predial se pagaban 800 pesos, para que ahora se paguen 25, 38, 14 o 15 al más humilde. Yo no tengo la culpa de que hayan llegado esos megaproyectos, porque yo no los mandé a llamar”, dijo.
Uno de los convocantes platicó que la elección de esta zona no es casual, porque el sur de la Ciudad de México ha sido especialmente afectado por la ocupación Inmobiliaria de extranjeros. Los letreros y frases gritadas contra extranjeros fueron menos en comparación con la primera marcha.
Con información de Patricia Carrasco.
Karla Mora | El Sol de México
