Inteligencia Artificial

El arte contemporáneo mexicano conquista el mundo pero sigue marginado en su país

Mientras eso no ocurra, el arte mexicano seguirá siendo, tristemente, más extranjero que nacional.

Mientras eso no ocurra, el arte mexicano seguirá siendo, tristemente, más extranjero que nacional.
Foto: Pexels.

En subastas de renombre como Sotheby’s y Christie’s, nombres como Gabriel Orozco, Bosco Sodi y Teresa Margolles se codean con artistas consagrados del panorama global.

Las ferias de arte internacionales, como Art Basel y Frieze, los celebran como voces imprescindibles de Latinoamérica. En museos de ParísNueva York o Berlín, el arte contemporáneo mexicano brilla con fuerza. Sin embargo, al interior del país, estos mismos artistas apenas son reconocidos fuera de círculos especializados, y sus obras rara vez se exhiben en espacios públicos o forman parte del discurso cultural nacional.

Lee: Guanajuatense gana concurso artesanal en textiles y fibra comercial

Este fenómeno no es nuevo, pero en los últimos años ha alcanzado una paradoja inquietante: el arte mexicano contemporáneo conquista al mundo, pero permanece en la periferia del interés nacional. La escena cultural mexicana, aún dominada por discursos tradicionales y políticas públicas fragmentadas, parece mirar de reojo a los creadores que afuera son considerados vanguardia.

El mercado internacional adora a los artistas contemporáneos

Gabriel Orozco, por ejemplo, ha sido expuesto en el MoMA, el Centre Pompidou y la Tate Modern. Su obra “La DS”, una reinvención escultural de un Citroën, se ha convertido en ícono del arte conceptual global. En 2022, la galería Marian Goodman vendió varias de sus piezas por cifras superiores a los 500 mil dólares. Sin embargo, Orozco ha sido criticado en México por su supuesto “elitismo” y por ser más reconocido en Nueva York que en Oaxaca.

Teresa Margolles, galardonada con el Premio Artes Mundi en 2012, ha puesto el foco en la violencia estructural de México. Sus obras, muchas veces realizadas con sangre o ropa de víctimas del crimen, han incomodado tanto como conmovido en Europa. Pero en México, sus exposiciones suelen ser limitadas o ignoradas por instituciones oficiales.

“Nos da miedo confrontar nuestra realidad”, dijo la artista en una entrevista con El País.

Bosco Sodi, otro de los grandes nombres del arte mexicano contemporáneo, ha conquistado coleccionistas en Asia y Europa con sus esculturas volcánicas y pinturas abstractas. Sodi representa a México en el extranjero, pero ha dicho sentirse desconectado del ecosistema cultural del país. “Hay talento, pero falta infraestructura, voluntad política y coleccionismo interno”, declaró en una charla con Artnet.

¿Quién consume arte en México?

El mercado de arte nacional sigue siendo reducido. Según datos de la Fundación BBVA y el INBAL, más del 70 por ciento de las ventas de arte contemporáneo mexicano se realiza fuera del país. Mientras tanto, en México, el coleccionismo está concentrado en una élite que prefiere nombres ya consagrados como Diego Rivera, Rufino Tamayo o Frida Kahlo, relegando a los vivos a una especie de limbo cultural.

Esto también se refleja en la falta de políticas públicas sostenidas para el fomento del arte contemporáneo. El recorte presupuestal a la Secretaría de Cultura en los últimos cinco años ha afectado el financiamiento de museos, galerías independientes y becas para artistas. Proyectos como el Programa de Apoyo a la Producción e Investigación en Arte y Medios (PAPIAM) han desaparecido o se han visto severamente reducidos.

Te recomendamos: Los Oxxos más originales de México reinventan su imagen con arte y color local

Mientras tanto, ferias como Zona MACO intentan conectar a México con el circuito internacional, pero su impacto sigue limitado a las grandes ciudades y a un público especializado. “Tenemos artistas de talla mundial, pero una cultura institucional de espaldas a lo contemporáneo”, señala la curadora Magalí Arriola, directora del Museo Tamayo, uno de los pocos recintos que ha apostado por esta línea.

La herida colonial: cuando el reconocimiento viene de fuera

Este divorcio entre reconocimiento global y desinterés local puede leerse también como un síntoma de una herida cultural más profunda. En palabras del filósofo Néstor García Canclini. El fenómeno del “colonialismo estético” sigue vigente: lo que se reconoce en Berlín, se valora luego en Buenos Aires o Ciudad de México.

Paradójicamente, para muchos artistas mexicanos contemporáneos, salir del país es una necesidad más que una elección. En el extranjero encuentran residenciasapoyo curatorialvisibilidad y una economía que valora su obra. En casa, deben enfrentar burocracia, precariedad y una crítica aún centrada en el muralismo y el nacionalismo artístico.

Te puede interesar: INEGI: Disminuyen visitas a museos en México; 60.8% de asistentes tiene nivel superior

Hacia una cultura del presente

El ascenso del arte mexicano en el mundo es, sin duda, una muestra de talento, persistencia y visión. Pero también debería ser motivo de reflexión interna. ¿Qué dice de nuestra cultura el hecho de que necesitemos que otros validen a nuestros artistas? ¿Por qué seguimos sin construir un sistema cultural que abrace lo nuevo sin nostalgia ni desdén?

El futuro del arte mexicano no está solo en las bienales de Venecia o en los coleccionistas de Hong Kong. También debe estar en las aulas, en los museos públicos, en los medios de comunicación y en la cotidianidad cultural de su propio país.

Mientras eso no ocurra, el arte mexicano seguirá siendo, tristemente, más extranjero que nacional.

Redacción | El Sol de México

También te puede interesar

Trends