San Luis Club no es sólo un bar o un cabaret, sino un vestigio vivo de un mundo donde la noche se vivía con brillos de lentejuelas, música en vivo, pasos de salsa, ficheras y deseos culposos bajo luces tenues.
El lugar celebró su aniversario 85, este 3 de julio. Fue fundado hace más de medio siglo por don Manuel Salazar y ha sobrevivido a las modas, al prejuicio social y a los cambios generacionales gracias a una misión clara: “conservar el alma del cabaret tradicional sin renunciar a la evolución”.
Te recomendamos: Anónimo PNO es la nueva apuesta para detonar la vida nocturna en Acapulco
“Soy muy joven, y es un reto enorme mantener un lugar con tanta historia y darle una cara moderna sin perder su esencia; es un equilibrio delicado”, afirma en entrevista con El Sol de México Marissa García, sobrina-nieta del fundador y heredera de este concepto, quien recibió el negocio familiar en 2019, convirtiéndose en la tercera generación que mantiene vivo este espacio.
La tarea de Marissa no es sencilla: conservar mobiliario, molduras y detalles arquitectónicos originales en buen estado implica una constante búsqueda de artesanos y proveedores que ya casi no existen.
“El piso, las molduras, los muebles… muchos ya no se consiguen. Pero lo hemos logrado. La gente entra y dice: ‘Wow, me transporté a otra época’.”
“El fundador y creador fue mi tío-abuelo Manuel Salazar, hace muchísimos años. En sus inicios era una cantina y conforme fue pasando el tiempo, él lo fue transformando en un cabaret hasta que lo heredó a mi mamá, quien lo trabajó años y después yo en 2019”, cuenta.
La empresaria habla del mundo de las ficheras y los deseos culposos.
“En sus días dorados, el San Luis llegó a tener entre 50 y 70 ficheras; hoy, aunque el número ha disminuido y la figura misma de la fichera se ha transformado, el concepto persiste como parte de un ritual social cada vez más escaso. Antes esto era algo prohibido. Los señores venían a escondidas. Hoy vienen hasta familias, grupos de chavas y chavos que lo ven como una experiencia única”, explica.
La ficha sigue costando entre 50 y 100 pesos, y aunque la relación ficha-compañía ha cambiado, el rito del baile y la conversación se mantienen. “Aquí puedes platicar de lo complicada que está tu vida, bailar con quien quieras, cantar a todo pulmón. Es un espacio sin juicio”, afirma.
Christian “El Chivero” Quintero, del rancho de Rosario a los Yankees y la gloria en la LMP
Congreso de Guanajuato aprueba reforma para identificar a motociclistas con calcomanía reflejante
Así es la ruta de carga terrestre-marina que conecta al oeste de China sin salida al mar con América del Sur
CDMX refuerza vigilancia en hospedajes para prevenir explotación infantil
Match Chat y predicciones al instante, la IA de IBM revoluciona Wimbledon 2025
“La gente ya no busca esta compañía a cambio de dinero. Ahora, además de convivir puedes bailar con ellas, nosotros conservamos esta tradición por el turismo, para que los extranjeros conozcan más del cabaret tradicional que existía en México. Claro, ya no representa tanto ingreso para el negocio como en años anteriores”.
Y recuerda que existe una diferencia entre ficheras y escorts (trabajadoras sexuales). “Es muy distinto, la fichera toma, baila y convive; en cambio las escorts te acompañan ya sea una comida, una reunión y se puede dar una relación más allá de la compañía. Ahora ya hasta las mujeres les pagan a las ficheras para bailar, para echar relajo y ya dependerá de ellas si deciden dar un paso más allá”.
El término de “fichera” nació en la Ciudad de México durante los años 30 y 40 para describir a las mujeres que, en salones y cabarets, animaban a los clientes a comprar bebidas y luego las acompañaban a bailar. Recibían fichas -de ahí el nombre- que luego intercambiaban por dinero. En algunas ocasiones ofrecían más que compañía y baile y en otras hubo contactos sexuales, siempre según su voluntad.
En los años 70 el fenómeno cruzó de los salones a la pantalla grande, dando origen al llamado cine de ficheras, un subgénero de comedia erótica que exploraba la vida nocturna con doble sentido y picardía.
Películas como Bellas de noche (1975) y Tívoli (1975) fueron éxitos taquilleros, llegando a permanecer hasta 26 semanas en cartelera.
Te puede interesar: Estas son las 10 cantinas más antiguas de La Paz en Baja California
El origen del término “antro”
“Definitivamente el antro es algo muy distinto a una discoteca o un bar. Justamente, ahorita se podría decir que tenemos un poco de problema con este tema, porque la gente joven quiere venir y piensa que va a encontrar un ‘antro’ que para ellos ahora es una disco o bar, y cuando entran dicen, ‘wow, hay mesas, tengo que estar sentado, hay bandas de música, no puedo estar en la barra’, como que chocan un poco con este concepto”.
La gente joven piensa que va a encontrar un antro moderno, pero cuando entran y ven mesas, música en vivo y que no pueden estar en la barra, chocan con el concepto tradicional
Dice que en ocasiones las personas de clase social alta ocultan su gusto por la música del sonidero, la salsa o la cumbia, a la que catalogan como “naca”, pero que en este lugar pueden desahogar sus gustos culposos.
“El cabaret es un lugar al que vienes y sacas todos tus deseos ocultos, todos tus gustos culposos. Aquí sacas todo, desde cierto tipo de mujeres, cierto tipo de música y hasta cierto tipo de alcohol. Entonces sí, esta música anteriormente era considerada naca; sin embargo en una boda tú pones ese tipo de música y todo el mundo se para a bailar. Aquí es para cantarlas a todo pulmón y bailarlas, aunque no sepan bailar, lo hacen como pueden”.
Los rostros de la noche
El San Luis ha sido refugio y escenario para todo tipo de personajes icónicos: Entre ellos Lyn May, Tongolele, Rosi Mendoza, y en épocas recientes gente como Juanpa Zurita o incluso estrellas internacionales como Bruno Mars. La discreción, asegura Marisa, ha sido clave: “Aquí no hay paparazzis. Por eso vuelven”.
En un mundo nocturno dominado por lo inmediato, el San Luis apuesta por orquestas en vivo, servicio clásico y una pista de baile que revive los años 40.
Hoy, el San Luis ha cruzado generaciones. Su público oscila entre los 18 y los 70 años, un abanico de edades poco común en el mundo nocturno. Con dos orquestas en vivo cada noche, de lunes a sábado y sin la presión de las tendencias digitales, el lugar apuesta por una experiencia análoga: mesas, servicio de meseros a la usanza de los años 40, pista de baile y un menú que va del aguachile al taco de pato con papas trufadas.
Cada año, el aniversario del San Luis, que se ubica en la calle San Luis Potosí 26, de la colonia Roma de la Ciudad de México, se convierte en un espectáculo. En esta ocasión, para sus 85 años, se rindió un tributo a las vedettes y rumberas clásicas, como Tongolele y se incluyó también un show drag e inclusivo, reflejo de una visión que sabe honrar el pasado y abrazar el presente.
“Estamos pensando en extender los shows a otras fechas. La gente se queda picada, quiere más.”
En un mundo dominado por lo inmediato, el cabaret resiste como espacio de liberación emocional. “Aquí la gente puede ser quien es, sin redes, sin filtros, sin pretensiones. Sólo bailar, beber, reír y regresar a casa sabiendo que estuvo en un lugar que aún respira historia”.
Y mientras siga habiendo quienes necesiten ese tipo de respiro nocturno, “el San Luis seguirá iluminando la noche capitalina, un shot de placer a la vez”.
Gerardo León | El Sol de México
