El campo guanajuatense enfrenta una severa crisis provocada por el encarecimiento y la escasez de fertilizantes, lo cual ha puesto en jaque a miles de agricultores.
De acuerdo con el ingeniero, Ricardo Barrera Juárez, la situación se ha agravado debido a que el módulo de riego soltó el agua a tiempo, pero no contaron que las lluvias llegarían a tiempo, lo que impide realizar las siembras y pone en riesgo las cosechas del ciclo agrícola actual.
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“Anteriormente el fertilizante oscilaba entre los nueve mil y 10 mil pesos por tonelada; actualmente su precio ha incrementado entre un 50 y 70 por ciento”, explicó Barrera.
Además del incremento, señaló que hay un marcado desabasto de productos esenciales como la urea, la fórmula de siembra ‘bose’ y el cloruro de potasio.
“Los barcos que transportan estos insumos están varados debido a las afectaciones del huracán, lo cual complica aún más el panorama”, agregó.
Esta situación ha derivado en un duro golpe económico para los agricultores, quienes, al hacer cuentas al final de la temporada, en muchos casos apenas logran salir “tablas” o incluso enfrentan pérdidas. “Con estos precios, uno trabaja todo el año para nada”, lamentó el productor.
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A ello se suma la preocupación por las lluvias irregulares. “Si no se siembra antes del 15 de julio, ya es muy difícil que el cultivo prospere; muchos agricultores están paralizados esperando que mejore el clima”, puntualizó el ingeniero Ricardo Barrera Juárez.
Otro efecto colateral de esta crisis del campo es el abandono de tierras, pues cada vez más productores optan por rentar sus parcelas, ya sea bajo esquemas de aparcería o por un pago fijo, con el fin de asegurar ingresos y evitar el riesgo de una temporada fallida.
La incertidumbre crece en el sector agrícola de Guanajuato, que demanda soluciones urgentes ante una situación que amenaza no sólo la economía rural, sino también la seguridad alimentaria regional, expresó Ricardo.
Hace dos años en Guanajuato el precio del maíz se pagaba a siete cincuenta pesos el kilo, debido a que no hay un precio fijo, bajó y a los agricultores se les pagó a seis pesos el kilo.
Carlos Cisneros | El Sol de Salamanca
