El carcelero de Donald Trump y presidente de El Salvador, Nayib Bukele, dijo en un discurso a nivel nacional que le tiene “sin cuidado” que lo llamen dictador, ante la ola de críticas en su contra por las recientes detenciones de activistas de derechos humanos y acciones contra las ONG. Y la verdad, no tiene porque enojarse, en efecto es un represor consumado.
Bukele emitió la noche del domingo un discurso en sesión solemne en el Teatro Nacional por el primer año de su segundo mandato, marcado por su alianza con Trump en la política de deportación de migrantes y la ofensiva contra grupos humanitarios. Pero el alumno más avezado del magnate estadounidense ya venía cocinando su línea dura desde antes de que estuviera su hoy protector mundial.
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El Presidente de El Salvador mantuvo durante la pandemia a su país bajo un estado de excepción, que también le permitió tejer los mecanismos de su gobierno represor, al grado de borrar casi todo vestigio del bloque opositor, que hoy luce por su ausencia, eso permite a Bukele hacer y deshacer como mejor le convenga.
Incluso prestar a El Salvador para que sea utilizado por Estados Unidos como prisión, pero no cualquier prisión una con altos índices de represión y –siendo un poco riguroso– podría ser que los pandilleros arrestados no deben gozar de ningún privilegio, aunque es una medida que no apoyo, pero tamo se trata de víctimas, sino más bien de victimarios.
Lo que no se entiende es que se trate con el mismo rasero a los migrantes que son deportados a El Salvador, es posible que entre ese mundo de personas haya personas con algún tipo de cola delincuencial, pero no creo que por el hecho de buscar mejores oportunidades en otros país te conviertas en un delincuente y seas tratado como tal.
Aunque, de acuerdo con el discurso del xenofóbico Trump todos los que llegan a Estados Unidos de manera irregular son delincuentes, por el único hecho de hacerlo de manera irregular, es una vara muy injusta y se le olvida al presidente estadounidense que un buen porcentaje de los migrantes es el vecino del norte son un aparte importante del motor económico estadounidense.
El asunto es que acá en Centroamérica, el presidente Bukele acusó a las ONG por defender pandilleros y de activismo político, y fustigó a organismos internacionales y a la prensa por sumarse a lo que llamó un “ataque organizado” contra su gobierno y sus prácticas represivas.
Por eso en un tono desafiante, Bukele dijo “¿saben qué? Me tienen sin cuidado que me llamen dictador. Prefiero que me llamen dictador a ver cómo matan a los salvadoreños en las calles”, expresó, al recordar que es criticado por su política de seguridad de mano dura, que por cierto agarra parejo a delincuentes y civiles, que tuvieron la mala fortuna de conocer algún pandillero, hablarle o ser su familiar, de todos modos son arrestados y abusados, ya después de verá y se pronunciara algún “usted perone”.
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Bukele, de 43 años y un asiduo militante de la MAGA, gobierna en una democracia a modo, con poder casi absoluto, tras ser reelegido con 85% de apoyo popular por su guerra antipandillas, que redujo a mínimos históricos la violencia en el país con un régimen de excepción que permite detenciones masivas sin orden judicial.
Su gobierno enfrenta fuertes críticas por el arresto el 18 de mayo de Ruth López, abogada de una ONG que indagaba supuestos casos de corrupción estatal, asistía a víctimas del régimen de excepción y familias de 252 venezolanos deportados por Washington y presos en El Salvador.
Recuerde que Bukele comenzó a arrestar pandilleros y ahora a profesionales en la defensoría, delincuentes o no en cualquier democracia las personas tienen derecho a defenderse o ser defendidas de manera legal, aunque sean presuntos culpables, pero eso no aplica en la floreciente dictadura de Nayib.
Las ONG, férreas críticas del estado de excepción, aseguran que unas 400 personas han muerto en prisión y que hay miles de inocentes detenidos. “Los supuestos defensores de la democracia (…) lo que realmente quieren es que seamos incapaces de castigar a los asesinos en nombre de un supuesto ideal de derechos humanos que no es más que los derechos de los delincuentes”, aseguró Bukele, el pasado domingo durante su discurso del primer año.
La prisión Centro de Confinamiento del Terrorismo fue su carta de presentación para que Trump lo recibiera en su moviemiento como uno de sus alumnos más aventajados, incluso con mejores resultados que los del multimillonario Elon Musk, a quien por cierto ya le dio las gracias. Normal en el magnate, lo mismo hizo en su primer gobierno con Steve Bannon, solo que ese no tenía dinero, más bien se lo robó.
Lo cierto es que el día de hoy, para Trump no existen los Lula, los Boric, los Noboa, ni los Milei, sin duda, Bukele se ha convertido en el policía para América Latina y como él mismo dice no le importa que lo llamen dictador, pues está a modo para que haga el trabajo sucio donde sea, como sea y con quien sea en caso de ser necesario. O usted ¿Qué cree?
