El sistema de las 11 principales presas de Sinaloa atraviesa una de sus peores crisis en décadas, al encontrarse apenas al 7 por ciento de su capacidad de conservación, con un almacenamiento conjunto de 1,109.3 millones de metros cúbicos.
La situación es crítica y ha obligado a cerrar por completo las extracciones para uso agrícola, informó la Comisión Nacional del Agua (Conagua) en su reporte del 22 de abril.
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Actualmente, el sistema solo permite la salida de 28 metros cúbicos por segundo, destinados exclusivamente al abasto de agua potable, mientras que las aportaciones al sistema son mínimas, con apenas 4.4 milímetros por segundo, lo que impide cualquier posibilidad de recuperación a corto plazo.
Pescadores
Juan García se acomoda el sombrero y clava la mirada en el agua que apenas cubre las piedras de la orilla baja y lodosa de la presa Sanalona, que al mismo tiempo rema cautelosamente en su lancha para conseguir el sustento de día con día.
Dice que ha vivido de la pesca durante treinta años, pero lo que ve ahora es una escena que no reconoce, ya que antes no se llenaba de pura tierra y ahora está todo relleno.
La sequía de este año no es la primera que enfrenta, pero sí una de las más severas.
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“Apenas si tiene el 6 por ciento de agua, ya no se puede sacar más porque los túneles están afuera”, explicó mientras señala una lancha que, apenas unos metros más adentro, ya lucha por flotar.
El pescador mencionó que hace dos meses, la captura comenzó a caer, y a medida que bajó el nivel de la presa, subieron los problemas.
“Más cuchineros en las orillas, más lodo. Y batallamos más para sacar que lo que se saca”.
Agregó que las cifras de captura son claras, pues actualmente se saca la mitad o menos de lo que pescaba antes y aún así, el precio del producto sigue a la baja, y los compradores, como cada año, aprovechan la necesidad.
“Lo venden a 40 o 60 pesos el kilo, pero ni para las cocas alcanza”, lamentó.
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La temporada de pesca está por terminar. En mayo entra la veda, y con ella, la obligación de buscar otro modo de sobrevivir.
“Tumbamos monte, cortamos limón, ayudamos a la gente que tiene ganado. Lo que caiga, para sacar aunque sea para la comida”, dijo Juan, mientras desembarca el poco pescado que logró capturar bajo los rayos del sol.
Juan conoce bien este paisaje, sabe que la presa se llena menos cada año, y no sólo por la falta de lluvias, sino que el río arrastra toda la tierra suelta y la va dejando en la presa dejando puro relleno y provocando que cada vez agarre menos agua.
El nivel del agua ha bajado tanto que, en palabras de los pescadores, “a veces ya ni se puede entrar, ni salir”.
Es un campo de batalla diario para sobrevivir de la pesca en tiempos de sequía, así lo manifestó Manuela Félix, con el rostro tostado por años de sol, carga un chinchorro desgastado mientras observa con calma el horizonte.
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La pescadora, dijo que inició primero con su padre, ahora con su esposo, lo cual para ella no es solo pesca, sino un trabajo, historia, herencia y resistencia.
La rutina inicia desde temprano. “Nos venimos de la casa a las seis. Cuando no hay que lavar los chinchorros, llegamos más temprano allá”.
Pero las condiciones del agua han complicado todo. “No hallamos cómo salir a veces, se hunde uno hasta la mitad en el lodo. Hay que buscar partes más duras para lanzar los chinchorros y evitar que los palos los rompan”.
La sequía ha traído consigo la competencia por cada metro de agua y la incertidumbre de si mañana habrá siquiera de dónde sacar.
Los pescadores llaman a las autoridades y en especial al gobernador Rubén Rocha Moya, para que se adelante el programa de estimulación de nubes, y las lluvias lleguen pronto, ya que las familias dependen totalmente de la pesca y sin agua no habría forma de mejorar la población de pescado y su captura.
Apoyos
El apoyo gubernamental existe, pero es escaso. “Estamos en el programa Bienpesca. Son 7 mil 500 al año. A veces nos daban también 3 mil 200 por trabajo temporal”, comentó Manuela.
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Sin embargo, indicó que no alcanza, reconoce, que sirve para sostenerse “poquito”, pero la esperanza, como el agua, parece evaporarse con facilidad.
La sequía es más que una estadística climática en la presa, es una amenaza diaria, una pelea contra el lodo, los palos y la indiferencia; pero también es un espejo de abandono, de desigualdad y de resistencia.
Cifras
Las cifras marcan una caída drástica en comparación con el inicio del ciclo agrícola otoño-invierno 2024-2025, cuando el sistema operaba al 31.8 por ciento de su capacidad con 4,069 millones de metros cúbicos almacenados. Hoy, hay una diferencia negativa de -834.2 millones de metros cúbicos respecto al año pasado y de más de 5 mil millones de millones de metros cúbicos por debajo del promedio histórico para esta misma época del año.
La grave sequía que afecta al estado con dos años sin lluvias significativas en la cuenca ha dejado al sistema hídrico estatal en una situación crítica.
Las autoridades han reiterado la urgencia de implementar medidas de uso racional del agua, priorizando el consumo humano y restringiendo cualquier uso agrícola o industrial.
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Productores agrícolas en el norte y centro del estado se enfrentan a la posibilidad de un ciclo de siembras canceladas o severamente restringidas, lo que también anticipa impactos económicos en las regiones más dependientes del campo.
Mario Núñez | El Sol de Sinaloa
