El Papa que resulte del próximo Cónclave tendrá un reto monumental, ya sea porque vuelva a hermetizar a la Iglesia católica o para darle continuidad a la apertura que inició Jorge Mario Bergoglio, quien probablemente no tuvo la popularidad de Juan Pablo II, pero hizo mucho para frenar la desbandada de fieles.
Francisco deja una imagen y legado de Papa reformista ya sea en la cuestión del levantamiento del secreto pontifical sobre la violencia sexual, el funcionamiento y las finanzas de la iglesia o la incipiente tendencia a bendecir parejas homosexuales, uno de los puntos más cuestionables por los ultraconservadores.
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También, abordo temas como el aborto (del que no era partícipe), el matrimonio de sacerdotes, la ordenación de mujeres, la homosexualidad, puntos de la doctrina conservadora tradicional, pero “Francisco no ha cambiado nada”, declaró François Mabille, director del Observatorio Geopolítico de la Religión a la agencia francesa AFP.
Es posible que Francisco no haya cambiado nada oficialmente, porque las fuerzas de poder en las entrañas de la Iglesia son implacables, no importa que anualmente esa institución pierda cerca de 300 mil fieles, hay que conservadores que prefieren extinguirse antes que aceptar una reforma que los incluya en el siglo XXI y, sobre todo, para que tengan apego entre los jóvenes.
Al frente de una iglesia de 1,4 millones de católicos, el Papa era favorable a utilizar frases “que impactaron la opinión pública”, agregó el investigador, y no dudaba en criticar a los dirigentes en términos más o menos velados, como lo hizo con Donald Trump, Vladimir Putin o Benjamin Netayahu.
“¿Quién soy yo para juzgar?”, preguntó sobre los homosexuales o se refirió a “cultura del despilfarro” para hablar del medio ambiente que fue una de sus batallas y a la que le dedicó una encíclica en 2015. Un importante documento sobre la necesidad de proteger el medio ambiente, afrontar los peligros y desafíos del cambio climático y reducir el uso de combustibles fósiles.
Abogó por “una actitud de apertura hacia las personas que sufren”, donde se refería a los más pobres, a las minorías, a los desplazados por las guerras, a los migrantes, discursos muy incómodos para los líderes mundiales que, quizá sin decirlo, lo consideraban un líder muy incómodo.
Ahora su sucesor, que debe ser electo por los cardenales las próximas semanas, no es seguro que el tema de los migrantes, que él machacó durante 12 años, sea retomado de la misma manera y con tanta frecuencia. Ese y otros temas como la inclusión de los homosexuales o quizá la apertura hacia las mujeres en la Iglesia quede en hoja muerta.
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Otro posible punto de inflexión es la implicación de Francisco en los conflictos, desproporcionada con respecto a casi todos los pontífices del siglo XX, ya sea en Ucrania o en Oriente Medio, donde sus llamados han tenido pocos efectos. Es probable que su sucesor los pase a segundo plano o quizá no. Por eso es tan importante quién resultará electo.
Lo cierto es que el futuro Papa deberá abordar temas muy espinosos para la Iglesia católica, en particular el papel de las mujeres, o la organización general: Si el debate se cierra, existe el riesgo de que algunos católicos deserten, adelantó Mabille, en momentos que la Iglesia atraviesa, también, por una crisis de vocaciones en Europa y en todo el mundo.
Martin Dumont, secretario general del Instituto de Investigación para el Estudio de las Religiones, también rechaza un análisis binario: por definición, el jefe de la Iglesia “debe ser un principio de unidad para todos los católicos, por lo cual no se puede hablar de ruptura o continuidad”.
Evidentemente la personalidad tendrá un papel: “Cada Papa tiene su particularidad, sus intenciones. El próximo podría quizás comunicar más sobre la doctrina”, agregó Dumont. Aunque, podría ampliar esa apertura que inició Francisco, quien por cierto continuó el desmantelamiento y denuncia de los pederastas dentro de esa institución.
No hay que olvidar que de los 135 electores cardenales, de un total de 252, el papa Francisco eligió al 80 por ciento, eso le cierta certeza a una hipotética continuidad a su apertura, pero también hay que tener el poder del pequeño grupo ultraconservador, inclusive apoyado por fuerzas externas a esa institución.
Será eñ próximo 7 de mayo cuando arranque el Cónclave que definirá al nuevo jerarca católico, pero desde ya los cabildeos están a todo lo que dan y todos los cardenales papables están sobre presión máxima para la nueva elección, donde todos entran papables, pero casi todos salen cardenales. O usted, ¿Qué cree?
