En el corazón de la Biblioteca Central Estatal Wigberto Jiménez Moreno, en León, Guanajuato, se resguarda un acervo invaluable que conecta el presente con el pasado.
Tesoros bibliográficos
En el área de Fondos Especiales, un espacio de estantería cerrada, se conservan libros que datan de siglos pasados y son testimonio del desarrollo del conocimiento, la lengua y la cultura en México.
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Liliana Pérez Estrada, coordinadora de Fomento al Libro y la Lectura, explicó que entre las joyas resguardadas se encuentra la colección del historiador, filósofo y arqueólogo Wigberto Jiménez Moreno, cuyos estudios y escritos aún son fuente de referencia para investigadores.
Pero uno de los libros más valiosos es, sin duda, “Luz y Método de Confesar”, publicado en 1692, que refleja el paso de los siglos: su forro de piel, envejecido y agrietado, conserva las marcas del tiempo como testimonio de su antigüedad.
Las páginas amarillentas y frágiles revelan un reglamento detallado sobre cómo debía realizarse la confesión en una época en la que la religión dominaba la vida cotidiana. A diferencia de otros manuales de confesión de la época, este libro no fue escrito por un sacerdote, sino por un licenciado, y está dedicado al clérigo.
Pérez Estrada comentó que más allá de su valor histórico, forma parte de un conjunto de confesionarios traducidos a cuatro lenguas indígenas: huasteco, otomí, náhuatl y mixteco.
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Otra parte crucial de esta colección son algunos “Nuevos Testamentos” en lenguas indígenas, documentos realizados en el Instituto Lingüístico de Verano en la traducción de la Biblia a diversas lenguas habladas en México y América Latina, con la finalidad de crear materiales de alfabetización, silabarios y diccionarios en idiomas como el tzotzil y el zoque.
Resguardo de conocimiento y memoria lingüística
Aquí los libros no solo son testigos del tiempo, sino también de las memorias de las lenguas, las ideas y las historias de quienes los escribieron y estudiaron.
La bibliotecaria de Fondos Especiales, Concepción García Valdez, puntualizó que en esta área se encuentra una colección que también integra las bibliotecas de otros grandes intelectuales del siglo XX.
Esta sección es el resultado del trabajo de múltiples pensadores, entre ellos el propio Jiménez Moreno, quien fundó el Colegio del Bajío, un espacio de enseñanza y reflexión en el que participaron figuras destacadas como la maestra Maricruz Lavarte, una gran conocedora de la obra de Luis Long.
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Otros académicos, como el lingüista Mauricio Swadesh, contribuyeron con parte de sus bibliotecas personales a este acervo y con sus propias obras como “El Lenguaje y la Vida Humana” o “La Nueva Filología”.
Evangelina Arana Osnaya —quien fue la primera mujer lingüista en México—, dedicó su vida a la descripción y documentación de las lenguas indígenas del país, por lo que en los estantes de la biblioteca se encuentran obras como “Relaciones Internas del Mixteco-Trique”, “El Idioma de los Señores de Tepozcolula” o “Los Elementos del Mixteco Antiguo”.
En el libro de Wigberto Jiménez Moreno, “La Historiografía Tetzcocana y sus problemas” revela en un mapa cómo el otomí se hablaba en prácticamente todos los municipios de Guanajuato a principios del siglo XX.
Además, en este acervo se pueden encontrar libros con mapas antiguos pegados en papeles de distinta textura, como uno que muestra el territorio de Guanajuato aún habitado por los Chichimecas, mencionando poblaciones como San Miguel de Allende y San Felipe.
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Incluso se han encontrado referencias a territorios de los Guamares en lo que hoy son Cortázar y Comonfort.
Pero la riqueza de esta biblioteca no se limita a la lingüística y la historia. También alberga novelas de ciencia ficción, incluyendo los premios Nébula y una joya particular: “El anillo del Nibelungo”, en su versión original en alemán.
Este texto, basado en la mitología nórdica, es de los más consultados por los estudiantes que aprenden este idioma.
Concepción García comentó que actualmente ha logrado inventariar 15,000 libros en esta área, pero aún faltan 35,000 obras por registrar, una tarea titánica que representa el compromiso de preservar estas colecciones.
Libros que dejan huella
Cada libro en la Biblioteca Central Estatal tiene su propia historia y deja huella para quienes lo leen.
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David Reyes Oñate, bibliotecario de la sala general, expresó que hay títulos que se siguen consultando, entre ellos, no pueden faltar los clásicos de Gabriel García Márquez, libros de medicina como el “Tortora: Principios de Anatomía y Fisiología”, y por supuesto, la inquebrantable saga de Harry Potter, que sigue siendo una de las más buscadas por los lectores de todas las edades.
Más allá de los títulos más consultados, existen libros que parecen tener un destino peculiar: desaparecer. Según los registros de la biblioteca, cada año se pierden ejemplares de “Las enseñanzas de Don Juan”, de Carlos Castaneda, y “Lolita”, de Vladimir Nabokov. “Es curioso, pero estos libros rara vez regresan a los estantes”, comentó David.
Entre los títulos más prestados también destacan aquellos de desarrollo humano y filosofía, como “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl, y las obras de Jorge Bucay y Anthony de Mello. “Son libros que invitan a la introspección y que muchos buscan cuando necesitan respuestas”, añadió.
La Comiteca, un espacio para la imaginación
Desde historietas clásicas hasta mangas japoneses, la Comiteca de la Biblioteca Central Estatal se ha convertido en un refugio para amantes del cómic de todas las edades. Elizabeth Estrada, encargada de esta área, contó sobre la importancia de este espacio, que alberga tres colecciones principales: cómics, consulta y publicaciones periódicas.
“El cómic es un reflejo generacional“, comentó Elizabeth, recordando historietas como ‘Memín Pinguín’, ‘La Familia Burrón’, ‘Mafalda’, ‘Condorito’, ‘La Pequeña Lulú’, el Universo Marvel y DC, así como obras de autores mexicanos como “La Casta de los Metabarones” de Jodorowsky y Giménez.
Pero más allá del entretenimiento, el cómic es una herramienta cultural y educativa. La Comiteca de esta biblioteca fue la primera de acceso público en México cuando se inauguró en 2016, con un acervo inicial de 2,000 volúmenes.
Desde entonces, otros estados han seguido su ejemplo, reconociendo la importancia de la novela gráfica como un medio de expresión artística y de fomento a la lectura.
En otros municipios como Silao y San Francisco del Rincón, bibliotecarios como Ignacio García han desarrollado materiales educativos inspirados en figuras locales, enseñando historia y tradiciones a través del arte secuencial.
Tesoros en los libros infantiles
Entre estantes llenos de historias y libros desplegables, la sala infantil de la Biblioteca Central Estatal se convierte en un portal a la imaginación y el conocimiento.
Reyna Abundez, bibliotecaria de esta área, mostró joyas literarias que capturan la atención de niños y niñas, desde relatos históricos hasta libros interactivos con texturas, ventanas y pop-ups.
En esta sección hay códices ilustrados que hablan de diversos temas como “Tsunami” de Joydeb and Moyna Chitrakar y “Migrar” de José Manuel Mateo.
También destaca una colección de biografías, historias clásicas de diversas culturas y una compilación de 14 libros en miniatura denominado “Duendes y Gigantes”, el cual incluye cuentos como “El Viaje de Pulgarcito”, todos estos ejemplares parecen una obra de arte en sí misma.
Pero más allá de su contenido, el formato de los libros juega un papel clave en la experiencia de lectura.
Además, los títulos que reflejan situaciones cotidianas, como “El Diario de Greg”, generan un fuerte vínculo con los lectores.
Listado de libros más solicitados en la Biblioteca Central Estatal Wigberto Jiménez Moreno:
- “En mi cuarto”, Anabel Jurado (Infantil). Explora la imaginación y el mundo interior de los niños a través de la descripción de su espacio más personal.
- “En manuscrita y en mayúscula” (Infantil). Introduce a los niños en el aprendizaje de la escritura a través de un enfoque lúdico y didáctico.
- “El Principito”, Antoine de Saint-Exupéry. Una obra clásica de la literatura universal que, bajo la apariencia de un cuento infantil, ofrece profundas reflexiones sobre la vida, el amor y la amistad.
- “Las 100 maravillas de México”, Fernán González de la Vara. El libro es un recorrido visual y narrativo por los lugares más impresionantes de México.
- “Percy Jackson y los Dioses del Olimpo”, Rick Riordan. Una saga de fantasía y mitología donde un adolescente que descubre ser hijo de Poseidón.
- “Nihongo”, Junichi Matsuura. Un libro para quienes desean aprender japonés, ya que presenta de manera clara y accesible las bases del idioma, desde la escritura y pronunciación hasta expresiones cotidianas.
- “Mafalda”, Joaquín Lavado Tejón y Salvador “Quino” Lavado. La icónica historieta argentina que, a través de la mirada de Mafalda, una niña curiosa y crítica, aborda temas políticos, sociales y filosóficos con un toque de humor e ironía.
- “Simon’s Cat”, Simon Tofield. Una serie de libros ilustrados basada en el popular personaje de internet. Con un humor sencillo, narra las travesuras de un gato travieso y su relación con su dueño.
- “Grandes Batallas”, Matthew K. Manning. Un libro que recopila algunas de las batallas más impactante de la historia, analizando su contexto, desarrollo y consecuencias.
Mary E. Castro | El Sol de León
