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Felicia Garza y su posible regreso a Felipe Gil, una historia de identidad y pérdida

Felicia vive como una mujer asexual. Su lucha es dignificar el género trans en México.

En los últimos diez años, el público, amigos y familiares la llamaron bajo su nueva identidad: Felicia Garza, sin embargo, próxima a cumplir 84 años de edad, la artista está pensando en destransicionar y nuevamente salir como Felipe Gil, como fue conocido durante 74 años. 

En 2014, Felicia sorprendió a todos al aceptarse abiertamente como una mujer transexual; aunque cumplió su sueño, siempre hubo una parte negativa, ya sea desde el rechazo, la discriminación, el odio,incluso el alejamiento de sus seres queridos.

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Es por eso que ahora Felicia está evaluando la decisión de dejar de ser mujer, con el fin de recuperar mucho de lo que perdió cuando se presentó en ese género, especialmente en su familia.

“Si hago la destransición salgo de nuevo como Felipe, una de las razones es que quiero recuperar lo que perdí, perdí dos familias (con 6 hijos), perdí a mis nietas (11), son mi sangre y extraño a mi familia, siempre estuve muy cerca de ellos; la otra, perdí a la familia de la que fui su pareja por 23 años y sus hijos que yo los conocí de 10, después tenían 30 años y los perdí, eran gente que yo quería mucho”, afirmó Garza en entrevista. con El Sol de México.

“Me gustaría poder resarcir estas cosas, me podría encontrar de nuevo con ellos, esa gente que me brindó cariño y que yo también pude hacerlo, poder rescatarlo. Más de la mitad de mi vida se fue, yo sabía el precio que estaba pagando, ya lo sufrí 10 años, yo quisiera recuperar muchas cosas que dejé en el camino”, agregó.

Fabricio, su primer nombre artístico

Su familia lo es todo para ella, incluso desde que nació. El 7 de septiembre de 1940, en San Antonio, Texas, vio por primera vez la luz bajo el nombre de Felipe Bojalil Garza. Hijo de una familia mexicana con ascendencia española, Felipe fue criado por la cantante de boleros Eva Garza y Felipe “el charro” Gil, integrante del trío Los Panchos.

A los seis años, el pequeño conoció su primer dolo, por ser “diferente”. Recibió un golpe de uno de sus compañeros, al momento de gritarle: “marica”.

Cuando era adolescente, se mudó con su familia a México, por lo que tuvo que aprender a hablar español y conocer las tradiciones del país.

Jugué futbol americano, estuve interno por muchos años, cuatro años estuve en una academia militar porque mi mamá siempre andaba viajando y mi papá ya había fallecido; ambos se separaron cuando yo tenía 10 años. Yo me forjé solo”, recordó.

Si bien proviene de una familia de artistas, su madre no le permitía desarrollarse dentro de este ambiente; eso llevó a Felipe a estudiar Economía y asegura que fue el mejor de su generación, con 10 de promedio. Pero al pasar al tercer año de la licenciatura, Felipe se encontró con lo que se convertiría en su verdadera pasión.

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“Un amigo argentino que era cantante, me invitó a acompañarlo a la disquera RCA Víctor, venía a hacer promoción acá porque su disco estaba sonando y querían que grabara otro; tenía cita con los directores artísticos para continuar con sus  grabaciones en México.

“Al llegar, me detiene un señor de vigilancia y me pregunta que quién era, le contesté: ‘soy Felipe Bojalil Garza, señor’, me pregunta, ‘¿tú eres hijo del ‘charro’ Gil?’, y le digo: ‘sí, señor, él es mi papá’ y le dijo a Rubén Fuentes que en paz descanse, ‘pásame una guitarra, a ver si es cierto: canta’.

“Yo ya hacía mis canciones, a escondidas porque mi mamá no quería que yo cantara. Le canté una canción y me dice: ‘de aquí no sales hasta que me firmes el contrato’. Y así empezó la carrera de Fabricio (su primer nombre artístico), dejé la escuela porque desde los cinco años lo que yo quería era cantar”, aseguró.

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Al poco tiempo, su música empezó a sonar. Cantó rock y baladas en algunas cafeterías. Para 1961 lanzó su primer material bajo el nombre de Fabricio, con el que se consolidó como uno de los pioneros del rock en español gracias a canciones como “Ruedas”, “Camina no corras”, “Siempre balancéandonos”, y “Amor sincero”, entre otros.

Entre la música y la actuación

Para 1962, debutó como actor en películas como “Buenos días, Acapulco”, con Marco Antonio Campos “Viruta” y Gaspar Henaine “Capulina” y “Baila mi amor” (1963), que protagonizó junto a Jaime Fernández, Begoña Palacios y Lola Beltrán.

En 1969, luego de participar en el programa de televisión “Cómicos y canciones”, junto a Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, el artista dejó atrás su pseudónimo y adoptó el nombre de Felipe Gil. Como compositor, cosechó sus primeros éxitos en 1973 y 1974, cuando triunfó en el Festival OTI con “La canción del hombre” y “La felicidad”.

Es compositor de temas como “Hasta que vuelvas”, interpretada por Gualberto Castro, José José, o Luis Miguel, entre otros cantantes; “Libre como gaviota”, éxito de Manoella Torres y “Yo sin tu amor”, del Grupo Límite.

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Luego de su éxito como artista y su reconocimiento dentro de la industria por ser directivo de la Sociedad de Autores y Compositores, Felipe Gil defendió sus verdaderos gustos ante el mundo. Tras someterse a tres intervenciones quirúrgicas y en la última casi morir, decidió darle una vuelta a su vida y buscar su verdadera identidad. Aprendió a maquillarse, andar en tacones y vestirse como una mujer, además de comenzar con una terapia hormonal.

Felicia Garza, su nuevo nombre

A los 74 años, Felipe Gil adoptó su nuevo nombre: Felicia Garza. Ella misma está consciente de que no todos la llamarán así, incluso eso es algo que no le molesta, siempre y cuando se mantenga el respeto a su persona.

“Toda mi familia o mis amigos no me dicen Felicia, no pueden, me conocieron durante 70 y tantos años como Felipe y aparte son gente de mi edad, no van a cambiar. Hay quienes se enojan porque no te llaman como pediste, pero si no te insultan y te tratan bien, aunque a mí me digan Felipe, no importa, uno está tratando de abrir el camino nuevo para las nuevas generaciones y se abren con inteligencia, con amor y con respeto a los demás.

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“Aunque yo haya cambiado, sigo siendo el mismo ser, no importa cómo me vista; si me siguen tratando bien, qué importa cómo me digan”, aseguró.

Hoy, en medio de la decisión de abandonar su género, Felicia también sufre en cuanto a su salud. Los estragos de las hormonas le impiden viajar y, luego de meterse a una cámara hiperbárica, presentó trombos en las piernas, dando por resultado tromboflebitis, lo que le impide caminar como antes lo hacía.

“Cualquiera de esos trombos (coágulos de sangre en las venas) se puede ir al corazón, al pulmón y me muero, por eso ya casi no salgo. Puedo caminar, pero tengo que hacerlo con mucho cuidado porque no puedo hacer mucho esfuerzo”, indicó.

Actualmente, Felicia dedica su tiempo a escribir su autobiografía, misma que llevará por título “De aquí en adelante, de frente a la verdad”, que se enfocará en los años que ha vivido como mujer.

“Todo lo que he hecho, lo he tratado de hacer con dignidad, se pueden hacer las cosas bien, quiero aclarar que, eso sí, yo no dejo que me pisoteen, pero tampoco tengo que agredir a nadie para poder manifestar lo que soy”, sostuvo.

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Felicia vive como una mujer asexual. Su lucha es dignificar el género trans en México. “A través de los medios lo que he hecho es concientizar esto; uno es el que tiene que tener más tolerancia, uno está pidiendo tolerancia y no es capaz de darla, la tolerancia se define como la capacidad de poder convivir armoniosamente con las diferencias y entonces uno tiene que ser capaz de vivir con las diferencias de otros y si no te aceptan, tienes que ser capaz de mostrar que tú eres más tolerante, y es cuando vences con amor. El amor lo vence todo”, finalizó.

Rosario Reyes | El Sol de México

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