Su labor fue aplaudida en público, pero en el día a día, enfermeras, médicos, camilleros y paramédicos libraron hace cinco años una batalla contra un virus desconocido y extremadamente contagioso con insumos limitados y equipos de baja calidad. Casi cinco mil murieron en esa cruzada contra el Covid-19, siendo México el país con la mortalidad más alta de Latinoamérica y mayor que la de Estados Unidos.
Un total de 58 trabajadores de la Secretaría de Salud, del IMSS, ISSSTE, Insabi, Sedena, Semar y Pemex recibieron en septiembre de 2020 la medalla Miguel Hidalgo por su heroísmo en la batalla contra el virus SARS-COV2. Pero al margen del reconocimiento oficial que encabezó el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, están las historias del personal que sigue esperando algún incentivo económico o el empleo permanente.
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A cinco años del inicio de la pandemia, Organización Editorial Mexicana (OEM) recabó testimoniosde trabajadores quienes recuerdan con tristeza, dolor e impotencia esos difíciles días de enfermedady muerte.
El artículo Problemas de salud mental entre los trabajadores de la salud involucrados con el brote de Covid-19, publicado a finales de 2021 en la Revista Brasileña de Psiquiatría, señala que en México los trastornos mentales más frecuentes entre los trabajadores de salud, particularmente entre aquellos que estuvieron en la primera línea de atención y en las mujeres, fueron el insomnio, la depresión y el estrés postraumático.
Durante el pico de la pandemia, la depresión alcanzó 41.6 por ciento y la ansiedad de salud 26 por ciento en el personal de salud que trabajó en el primer frente, señala la publicación.
En sus testimonios, recuerdan que les decían héroes, pero en la realidad estaban solos, sin el respaldo de las autoridades, sin batas desechables, cubrebocas N-95, guantes ni lentes para protegerse de un virus en ese momento desconocido.
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“Desde la confirmación del primer caso de Covid-19 en México, el 28 de febrero, el personal médicode diversos hospitales comenzó a reportar una alarmante carencia de equipo de protección e insumos esenciales para atender la pandemia”, refiere el Informe de la Comisión Independiente de Investigación sobre la Pandemia de Covid-19 Aprender para no Repetir, basado en cifras de la Organización Panamericana de la Salud.
Déficit de equipo de protección
Desde el 28 de febrero de 2020, el personal médico reportó la falta de batas desechables, cubrebocas N-95, guantes y lentes en diversos hospitales.
Después de India y Pakistán, México fue el tercer país con más protestas de personal médico entre 2020 y 2021, de acuerdo con un reporte titulado Héroes en huelga: tendencias en las protestas de los trabajadores de la salud a nivel mundial durante la COVID-19. El análisis elaborado por el Centro de Investigación de Responsabilidad de la Universidad Americana precisa que en ese lapso ocurrieron 392 movilizaciones en México, contra 88 en el lapso previo a la pandemia, 2019-2020, que coincide con un importante recorte de 78.6 por ciento en el gasto del sector salud.
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Para muchos de los llamados “héroes sin capa de la pandemia” no hubo indemnizaciones por enfermedad o por fallecimiento para las familias, tampoco llegaron los bonos Covid. Otros recuerdan que en algún momento enfrentaron el rechazo porque trataban con pacientes con coronavirus. Daban por hecho que estaban contagiados y los evitaban, a otros hasta con cloro los rociaron.
Sólo entre el 19 de marzo y el 13 de abril de 2020, la primera etapa de la pandemia, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) registró poco más de 90 quejas de parte de personal sanitario.
Falta de indemnizaciones y bonos
Muchos trabajadores sanitarios no recibieron compensaciones económicas por enfermedad o fallecimiento, ni los llamados bonos Covid.
Ante ello, en octubre del mismo año, el Pleno de la Cámara de Diputados aprobó castigar hasta con 10 años de prisión a quien afecte la integridad física, mental o emocional del personal que labore en el Sistema Nacional de Salud, cuerpos de servicios de emergencia o las Fuerzas Armadas en funciones de auxilio, cuando se dediquen a la mitigación de una contingencia sanitaria o desastre natural.
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Personal de salud recuerda cómo fue combatir el Covid-19
“Se te empañaban los lentes, no veías nada… Era el momento, la emoción, el miedo y no te dejaban hacer las cosas bien (…) A veces salíamos de guardia, dormíamos dos horas y otra vez al llamado. Trabajábamos con pañales porque quitarnos el traje significaba riesgo de contagio. Sin aire acondicionado, empapadas de sudor, algunas hasta en sus días menstruales. Era inhumano… dormíamos entre los muertos, literal”, relata Karla Paola Peña Mendoza, enfermera del Hospital General de Tapachula, en Chiapas.
“Empezamos con dos personas y la siguiente guardia eran cinco o seis, después empezaron a cerrar el área de observación de urgencias y después todo el hospital fue área infecto-contagiosa (…) Al principio tuvimos mucho miedo, había mucho desconocimiento; las personas enfermas y los familiares eran muy agresivos. Había mucho terror, definitivamente, ya conforme fuimos llenando el hospital fue habiendo más incertidumbre, teníamos muchas carencias, pero principalmente fue miedo… En ese momento sí fuimos héroes, todo mundo nos reconocía, aquí no pasó como en otros estados que mis compañeros eran agredidos, pero pues se acabó la pandemia y se acabó el reconocimiento, ya no somos prioridad” afirma Norma Leticia Rojo Cosío, enfermera de urgencias del Hospital General de Mexicali, en Baja California.
“Fueron momentos muy difíciles, perdí a cuatro personas de mi familia, mi padre, después fue mi madre quien también tenía diabetes, mi hermana quien cuidaba a mis padres y un hermano, todos por el Covid-19, pensábamos que eso no existía y se llevó casi a todos en menos de 7 meses”, lamenta Yessica, quien es enfermera.
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“Fue una época histórica en la que todos vivimos de manera bastante estresante, tenebrosa… Recuerdo mucho una situación, sentí mucha alegría y creo que hasta una lágrima derramé, estábamos en urgencias, llegaron las ambulancias de todos los servicios, Cruz Roja, AR, etcétera, mostrando una lona muy grande que decía ‘ustedes son héroes’, y prendieron las sirenas, pensábamos que había llegado un accidente, y no, eran ellos que vinieron a reconocernos, se bajaron, nos aplaudieron desde afuera para evitar el contacto… Fue un reconocimiento muy bonito, pero por parte de Secretaría de Salud o por parte de las jefaturas, nunca hubo un reconocimiento. Existía una versión de pasillo que había un bono económico para los médicos que estábamos en el área Covid, el cual realmente nunca tuvimos”, cuenta Horacio Ambriz Padilla, médico de urgencias Hospital General de Torreón, Coahuila.
“Primero había inquietud, luego existió el miedo, luego el estrés y la ansiedad, el desgaste emocionaly físico, conforme iba avanzando el año se iban acabando los recursos materiales y por lógica los recursos humanos, los que iniciamos la pandemia ya no éramos los mismos, había compañeros que se iban quedando a mitad del camino… Yo creo que al gobierno le faltó darnos seguimiento con una ayuda profesional, en este caso con un psicólogo, para poder mitigar todo lo que nos generó el Covid, todo el desgaste emocional”, destaca Patricia Socorro de León Rendón, enfermera especialista en la Clínica 71 del IMSS en Torreón, Coahuila.
“Yo llevo 11 años con contrato, siempre se nos dijo que se nos iba a apoyar, a dar algo porque en ese entonces fuimos los trabajadores de primera línea, a los que se nos iba a reconocer ese esfuerzo y todo ese trabajo, pero hasta ahora no lo hemos visto”, añade Diana Aidé Flores Cisneros, enfermera Hospital General 450 de Durango.
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“Me tocó ver a pacientes en los hospitales amarrados, porque ya no había medicamentos, realmente era una pesadilla entrar a una sala de urgencias… Cada vez que me tocaba atender a un paciente con Covid-19 y me colocaba todo mi equipo para encapsularme y evitar contagiarme, pensaba en mis hijos y lloraba entre las mascarillas. Jamás nadie pensó que la pandemia iba a dejar tanta desolación y muerte, es más ni nosotros como médicos. Quién se iba a imaginar que nos íbamos a tener que encapsular para llevar pacientes, que no había camas ni ventiladores para atender tanta demanda de personas infectadas”, comparte Ana Laura, médico del sector salud público del Estado de México.
“Algo que me marcó mucho fue que me tuve que ir de la casa para no contagiar a mi mamá y hermanas. Tuve que alejarme y en realidad era luchar en silencio porque teníamos que estar con el paciente porque todos se merecían a su familiar en casa. Hubo prioridades y tuve que estar al pendiente de cada paciente para que se encontrara bien, porque me gusta mi trabajo”, comenta Raúl Aaron Cordero, encargado del departamento de inhaloterapia, Hospital Comunitario de Las Joyas de León, Guanajuato.
“De los que estuvimos en pandemia, a ninguno nos han dado base. Seguimos todavía en espera”, lamenta Erika Venegas Gutiérrez, enfermera suplente del hospital general del ISSSTE de la ciudad de Zacatecas.
Redacción | El Sol de México
