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Refrescos y frituras en la montaña, el impacto de la comida chatarra en la Mixteca oaxaqueña

En Oaxaca está vigente desde 2020 una ley que prohíbe la venta de comida chatarra a menores de edad.

En Oaxaca está vigente desde 2020 una ley que prohíbe la venta de comida chatarra a menores de edad.
Foto:https://alianzasalud.org.mx/2022/02/prohibida-la-comida-chatarra-en-escuelas-a-cumplir-con-la-reforma/

Hasta en los lugares más recónditos de este municipio mixteco, considerado uno de los más pobres del país, está presente la comida chatarra.

En Santa María Peñoles, municipio de la montaña de Oaxaca, se encuentran tendejones de lámina o de madera donde se ofrecen refrescos, pastelitos, papas y demás productos con etiquetado de exceso de azúcares.

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Aquí, en lo más alto de la montaña, es difícil encontrar una fruta o una verdura en cualquier tienda, pero no puede faltar el refresco o toda clase de galletas y frituras, hasta mezcal.

“En cualquier tienda puede usted encontrar ese tipo de comida”, dice don Hilario Rojas Hernández, suplente del presidente municipal, en referencia a los alimentos ultra procesados de empresas trasnacionales.

Y es él mismo quien aclara que en muchos casos lo que no hay es dinero entre la gente para comprar ese tipo de productos, porque “son muy caros”.

Santa María Peñoles es el último municipio de la región de los Valles Centrales, puerta de entrada a la Mixteca alta, localizado en el centro oeste de Oaxaca, en el distrito de Etla.

Peñoles fue calificado por el extinto Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), como uno de los 58 municipios del país en extrema pobreza.

Además, según datos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, está entre los lugares con mayor grado de desnutrición infantil.

De acuerdo con datos del Reloj de la Desnutrición, elaborado por la organización de la sociedad civil Dirección de la Nutrición, más de 300 niños de esta comunidad enfrentan este padecimiento derivado de la pobreza alimentaria.

En Oaxaca está vigente desde 2020 una ley que prohíbe la venta de comida chatarra a menores de edad, pero no se ha aplicado de manera efectiva porque no tiene forma de sancionar a quien la incumpla.

En el estado de Oaxaca hay altos niveles de marginación y padecimientos de obesidad, diabetes e hipertensión.

La organización no gubernamental Mi escuela saludable sostiene que 95 por ciento de las escuelas primarias y secundarias de Oaxaca viola la ley de alimentos y bebidas permitidos y no permitidos, al vender refrescos y comida chatarra.

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Al respecto, se solicitó a los Servicios de Salud de Oaxaca una entrevista con el responsable del área correspondiente, pero al cierre de edición sólo se entregó de respuesta una tarjeta informativa en la que señala lo siguiente:

“Esta Dirección mantiene un plan permanente de vigilancia sanitaria en escuelas de nivel básico (primarias y secundarias) con el objeto de constatar que no haya distribución, venta, regalo o suministro de bebidas azucaradas y alimentos envasados de alto contenido calórico y venta, distribución y exhibición de cualesquiera de esos productos a través de distribuidores automáticos o máquinas expendedoras; en caso de encontrarse productos se procederá a realizar el aseguramiento de los mismos”.

Sin embargo, el área de Comunicación Social de la dependencia reconoció que no tienen un estudio sobre el consumo de comida chatarra en las escuelas de la entidad y que la vigilancia sanitaria sólo se realiza en escuelas de las zonas urbanas, pero no en las zonas indígenas ni rurales como en el caso de Peñoles que cuenta con 25 escuelas de nivel básico y una de nivel media superior.

Santa María Peñoles cuenta con 31 agencias municipales y de policía y núcleos rurales, con ocho mil habitantes que viven dispersos entre las montañas. Hay comunidades que se encuentran a dos y hasta tres horas de distancia de la cabecera municipal. En las calles no hay gente caminando, son muy pocos los vehículos que transitan por el lugar, hay pocos niños jugando en las calles o en la cancha municipal. Esto se debe a que la mayor parte de la población ha emigrado a Estados Unidos o al norte del país.

La entrada a la comunidad es por una accidentada carretera llena de baches y tramos sin pavimentar. En el camino hay grupos de niños caminando rumbo a sus domicilios, al tratar de entablar un diálogo hubo resistencia y mucha desconfianza.

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Son estudiantes que a diario caminan de dos a tres horas para ir a la escuela secundaria del lugar o al único CBTyS que hay en el municipio. De regreso son otras tres horas.

“Aquí la gente vive muy pobre en alimentación, necesitamos el apoyo del gobierno, porque tenemos el problema de la escasez de alimentos”, dice el presidente municipal de Santa María Peñoles, Román Ramírez Chávez.

A pesar de esta situación, el edil indica que el consumo de refrescos, frituras, galletas y demás comida chatarra no es excesivo en la comunidad, porque se ha concientizado a la población del peligro de consumir alimentos ultra procesados.

Considera que la desnutrición infantil en el municipio es de 10 por ciento, la cifra se incrementa hasta 50 por ciento en adolescentes y adultos.

Ramírez Chávez admite que las empresas han llegado hasta los lugares más apartados de este municipio, porque “no se les puede prohibir el paso”, pero precisa que la demanda de estos productos no es muy alta en su municipio.

El conductor de una camioneta distribuidora de galletas que concluyó su recorrido por la cabecera municipal cuenta que la venta de sus productos es normal en Peñoles y como en todo tiene sus alzas y sus bajas, pero revela que los mejores días de venta son cuando reciben el pago de sus apoyos de Bienestar.

En el estado de Oaxaca, los productos ultra procesados representan 24 por ciento de la ingesta calórica total de la población adulta, lo que ha contribuido al desplazamiento de alimentos más nutritivos y tradicionales, de acuerdo con un estudio de la organización El Poder del Consumidor.

La organización señala que este cambio en la dieta de los oaxaqueños, particularmente en las comunidades indígenas, ha llevado a un aumento en la prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) como la diabetes y enfermedades cardiovasculares.

La mala calidad de la dieta, caracterizada por el consumo excesivo de productos ultra procesados y bebidas azucaradas, es uno de los principales factores de riesgo para las enfermedades crónicas, advierte el estudio.

Agrega que 76 por ciento de la población adulta en Oaxaca enfrenta inseguridad alimentaria, lo que supera la media nacional que es de 59 por ciento.

Las comunidades rurales y de mayor grado de marginación son las más afectadas, debido a la falta de infraestructura adecuada para el acceso a alimentos frescos y saludables.

Por el contrario, los productos ultra procesados son más accesibles y presentan una alta demanda, perpetuando un ciclo de mala nutrición que contribuye al aumento, señala El Poder del Consumidor.

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Es crucial implementar políticas que promuevan el acceso a alimentos saludables y la educación nutricional para revertir esta tendencia, dice El Poder del Consumidor.

Don Hilario Rojas Hernández cuenta que a diario camina tres horas de su domicilio para llegar al palacio municipal. En esta ocasión aprovecha una parada en un tendejón para comprar un jugo ultra procesado.

Todavía le faltan varios kilómetros para llegar a su casa, la tarde está cayendo y seguramente llegará ya entrada la noche.

Luis Ramírez | El Sol de México

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