Tal vez el beisbol perdió un jugador, aunque, reconoce en entrevista, Leonardo Padura nunca fue “bueno para la pelota”, como llaman los cubanos al rey del deporte.
Ese sueño de ser pelotero, lo narra en su reciente libro “Ir a La Habana”, como parte de sus recuerdos de infancia y de cómo los Padura fueron fundadores de Mantilla, el barrio donde aún vive y desde cuya loma observaba de niño la siempre atractiva Habana.
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“La Habana tiene alma, es una ciudad con alma y eso ha hecho que haya tenido una presencia tan importante en todas las manifestaciones artísticas”, explica el autor de 14 novelas, todas con La Habanacomo telón de fondo, incluso cuando sus personajes están en el exilio, como “Fernando Terry” en “La novela de mi vida”, o el inspector “Mario Conde”, protagonista de “Pasado perfecto” y “Personas decentes”, entre otras, cuyas tramas policíacas fueron llevadas a la pantalla en la serie “Cuatro estaciones en La Habana”.
“Ir a La Habana” es una biografía de su autor, pero sobre todo de la ciudad, con capítulos que se acompañan de fragmentos de sus novelas, seleccionados por su esposa Lucía, “momentos, procesos, personajes, que voy tratando en el ensayo que es el cuerpo principal del libro, se ilustran con fragmentos de mis novelas, lo complementan, lo iluminan y arman un discurso que creo que funciona de una manera muy coherente a lo largo de la primera parte del libro”.
La segunda parte, son textos periodísticos de los años 80 a la fecha, que tienen como espacio la ciudad de La Habana. En ambas, escribe sobre sus raíces, la glamurosa vida nocturna de los años 40, el éxodo de cubanos al exterior, el surgimiento de los cuentapropistas y hasta el reguetón, entre otros temas.
“Era un libro necesario, que escribí con mucho amor, pero también con mucho dolor, por ver cómo esa ciudad se va deteriorando, se va haciendo ajena, va rompiendo códigos, que es normal, porque las ciudades evolucionan, pero que en el caso de La Habana ha ido hacia un proceso de decadencia”, dice el autor de “El hombre que amaba los perros”, libro que devela desde la ficción los misterios detrás del asesinato de Trotski.
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Entre la realidad y la ficción
Su obra, explica Leonardo Padura, es fruto de la pertenencia, más que del arraigo. “Pertenezco a una cultura que desde el idioma que usan los personajes y que uso yo como escritor, hasta la manera de entender los comportamientos de las personas, tiene mucho qué ver con esa pertenencia.
“Pero el arraigo existe, uno tiene unas raíces que están hundidas en un territorio que no solamente es físico, también imaginario, y lo cultural no siempre se puede materializar, pero es tan importante como lo real”.
“Ir a La Habana” es un libro de libros, que al incluir fragmentos de otras publicaciones, es un recuento de una obra literaria y periodística de más de cuatro décadas, “sin poner la literatura al servicio de ninguna propaganda política o de carácter ideológico”, pero no carente de crítica, admite el escritor.
“La crítica es inherente a esa mirada, no quiero hacer literatura crítica, quiero hacer una literatura que refleje la realidad y esa realidad yo no la creo, existe, yo la observo y escribo sobre ella. Si esa mirada resulta crítica, se debe a problemas que tiene la realidad”.
Más allá de encontrar al culpable
Ganador de premios como el de la Semana de Negra de Gijón, Padura afirma que el género de cada libro se lo dicta la propia historia.
“Hay unas novelas que es propicio que tengan un lenguaje más rebuscado, en otras que sea más directo, en otras la ironía de un personaje como ‘Mario Conde’ decide mucho, cada texto exige ese carácter que le dé su mejor definición”.
Y considera que el género policíaco le permite “todo” como narrador. “Cuando alguien utiliza una novela policíaca nada más para contar cómo alguien mató a alguien y otro lo descubre, está empobreciendo el género”, explica.
“La novela policíaca te la posibilidad de tener una mirada mucho más profunda de la sociedad, de escribir con unos niveles de elaboración de lenguaje mucho más amplios, con estructuras complejas, con mensajes que pueden llegar a tener hasta carácter filosófico.
“El género es víctima de quienes lo tratan superficialmente, pero sigue siendo generoso con los escritores que tratan de darle una dignidad”, concluye el escritor, que ofrecerá un par de conferencias en la UNAM, este miércoles en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario a las 18:00 horas, y el jueves a las 12:00 en la Facultad de Filosofía y Letras.
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Además de hablar de su obra, quiere darle un mensaje a los universitarios: “Que lean mucho, la lectura es insustituible como fuente de conocimiento, no sólo en cuanto a lo que aprendes, sino en la manera en la que otros transmiten el conocimiento”.
Rosario Reyes | El Sol de México
