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Entre el azar y el ego: Nicolás Giacobone reflexiona sobre literatura, cine y cancelación

Esta cualidad de imperfección, apunta Giacobone, no sólo se encuentra en el personaje de “Emilia”, sino también en el de “Pan”.

Esta cualidad de imperfección, apunta Giacobone, no sólo se encuentra en el personaje de “Emilia”, sino también en el de “Pan”.
Foto: Pexels.

A diferencia de lo que uno podría imaginar por su éxito alcanzado como guionista de grandes películas, entre ellas Birdman (2014), cuyo guion escribió junto con Alejandro González Iñarritu, el escritor Nicolas Giacobone prefiere crear desde la literatura que desde el cine por una simple razón: “No hay que planear demasiado”.

El autor argentino ha encontrado una gran fascinación en confeccionar sus historias a partir de dejar que el azar y los personajes den forma a sus vidas y personalidades, permitiéndoles que entretejan sus propios destinos y con ellos los temas que engloban sus situaciones. Todo, mientras él está desde la tranquilidad de su casa, hilando cada palabra y cada frase, algo que contrasta con las horas de diálogos y planteamientos antes de escribir la primera letra de un guion.

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Todos somos imperfectos 

Fue de este modo que Giacobone llegó al núcleo de su más reciente novela, “Los impotentes” (Seix Barral, 2024), la cual trata sobre un tema contemporáneo, “la cancelación”, a través de la historia de “Pan”, un joven que después de décadas decide abandonarse en el mundo, dejando atrás a su madre adoptiva, “Emilia Mayer”, una exitosa escritora que está obsesionada con ganar el Premio Nobel

La separación cobra gran relevancia, pues desata el escándalo, al enterarse el mundo de la enfermiza y abusiva relación de estos dos personajes.

“La respuesta simple (ante la cancelación) es que el autor y la obra son cosas distintas y que, si alguien comete un crimen atroz, es sentenciado a cadena perpetua y en la cárcel escribe una novela y alguien la quiere publicar y alguien la quiere leer, esta debería existir. 

Pero esto se ha vuelto más complejo en los últimos años, porque cada vez se leen más autores que títulos. Uno elige voces y lo que hacemos muchas veces es leer seres humanos, más que historias desde lo objetivo”, dice Giacobone, en entrevista con El Sol de México.

¿Y a qué crees que se deba esta necesidad o gusto por leer autores?, se le pregunta. A lo que responde no estar completamente seguro, pero cree que es porque “se han agotado las narrativas”, con la misma evolución artística a lo largo del siglo XX y lo que va de este, que “en su experimentación” y su “intención de quebrar algo caduco”, terminó por posicionarse al mismo autor al centro de sus obras.

“No soy un estudioso de la historia del arte, pero sí creo que es imposible hacer arte sin ego, y cuando se abrió esa puerta el artista se abrazó a eso, porque no sólo quería que amaran su obra, sino que también lo amaran a él como ser humano”, una situación que también ha terminado por exponerlo a examen y juicio de las masas, algo que podría ser “excitante, pues parece que hay algo más auténtico en juego”, comentó.

A pesar de esta compleja situación, Giacobone declara su postura ante el hecho de llevar “al extremo” el juicio positivo o negativo de las obras respecto a la vida de un autor, como tal vez sucedió con el escritor David Foster Wallace, autor del libro La broma infinita, que “llegó a ser divinizado”, aunque siempre ha surgido quien dice que lo conoció “que no se trataba de ningún santo”.

“Yo lo que entiendo es la naturalización del autor, bajarlo a la tierra. Todos somos imperfectos, me parece que lo mejor es ver a alguien desde todos sus ángulos. Ahora, que ese peso tenga un juicio y que ese juicio tenga el peso de poder decir si hay o no que leer a alguien es una estupidez, que creo que ya está falleciendo y espero que termine de hacerlo”, agrega.

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Esta cualidad de imperfección, apunta Giacobone, no sólo se encuentra en el personaje de “Emilia”, sino también en el de “Pan”, quien a pesar de haber sido víctima de abuso, también muestra una cierta ceguera de sí mismo y sus acciones, un “no querer ver quien es”.

“‘Pan’ es una persona desapasionada, también hay en él un juego entre lo que queremos y lo que no queremos ver. De ahí que creo que lo más interesante de esta novela es que todos son víctimas y todos son culpables, todos someten y experimentan algún otro sometimiento”, finaliza.

Kevin Aragón|El Sol de México

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