La caída de Bashar Al-Assad era cuestión de horas, hay que tomar en cuenta que varios de sus aliados y principalmente Rusia están ocupados en sus propias crisis, para los rebeldes fue un momento inmejorable para atacar y derrotar a un hombre que lo que menos quería era ser Presidente.
Cuando comenzó la revolución en 2011 contra el régimen de Siria, toda la atención estaba centrada en ellos, la verdad es que Al-Assad, oftalmólogo de profesión, llegó al poder obligado porque el sucesor natural su hermano mayor Bassel murió en un accidente en 1994, seis años después su padre Hafez Al-Assad también falleció y a no le quedó otra más que asumir el poder en el año 2000.
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Tras graduarse en la Universidad en Damasco, se mudó a Reino Unido en 1992 para especializarse en oftalmología en el Western Eye Hospital de Londres. De acuerdo con el documental “Los Assad, una dinastía peligrosa”, Bashar se lo pasó bien en la capital británica. Le gustaba escuchar la música de Phil Collins y admiraba aspectos de la cultura occidental.
En Londres conoció a la que se convirtió en su esposa, Asma al Akhras. Ella estudiaba informática y fue más tarde admitida para un programa MBA en la Universidad de Harvard.
Bashar tenía 34 años cuando asumió el poder y eran años de fuerte nacionalismo islámico, Siria de la mano de su nuevo mandatario vivió un breve periodo de debate abierto y relativa libertad de expresión conocido como la Primavera de Damasco, pero para 2001las fuerzas de seguridad habían retomado sus prácticas de arrestos masivos y represión.
La guerra de Irak de 2003 deterioró sustancialmente las relaciones del régimen de Al-Assad con las potencias occidentales, él se opuso a la invasión de Irak, con el argumento de que el régimen de Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, por parte de una coalición liderada por Estados Unidos, según algunos por temor a que Siria fuera el siguiente objetivo de Washington en la región.
Estados Unidos, a su vez, acusaba a Damasco de permitir el contrabando de armas destinadas a los insurgentes alzados contra la ocupación de Irak y el paso de militantes extremistas por la frontera.
En diciembre de 2003, Washington impuso sanciones a Siria por su papel en la crisis iraquí, pero también estaba en la mira el involucramiento de Siria en Líbano. El ex primer ministro libanés Rafiq Hariri murió asesinado en febrero de 2005 en un atentado en el centro de Beirut, del que rápidamente se culpó al régimen sirio y a sus aliados.
Las protestas masivas en Líbano y la presión internacional llevaron a la retirada de Siria de un país en el que sus militares llevaban cerca de 30 años presentes. Pero Al-Assad y su vital aliado libanés, el partido-milicia Hezbolá, negaron repetidamente cualquier implicación en el magnicidio, incluso después de que un tribunal internacional condenara en 2020 a un miembro de Hezbolá por su rol en el crimen.
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La primera década de Bashar Al-Assad en el poder vio fortalecerse las relaciones de Siria con Irán, así como con Qatar y Turquía. Las relaciones con Arabia Saudita tuvieron altibajos pese a que Riad apoyó inicialmente al joven Presidente.
En general, Basharsiguió los pasos de su padre en política exterior, manejándose con prudencia y evitando el enfrentamiento militar directo. Los 10 años de gobierno habían dejado claro el enfoque autoritario de Al-Assad y la persecución de la oposición continuaba.
En diciembre de 2010, Asma Al-Assad le dijo en una entrevista a la revista Vogueque su país era gobernado “democráticamente”. Ese mismo día, en Túnez, un tendero llamado Mohamed Bouazizi se prendía fuego en la calle después de haber sido abofeteado por una agente de policía, desencadenando un alzamiento popular en ese país que terminó por derrocar al presidente Zine el Abidine ben Ali, en lo que se conoció como el inicio de la Primavera Árabe.
El levantamiento tunecino inspiró movimientos revolucionarios similares en varios países árabes, como Egipto, Libia, Yemen, Bahréin y Siria. La Siria “libre de bombas, tensiones y secuestros” de la que hablaba la revista Vogue se transformaría dramáticamente en poco tiempo.
A mediados de marzo de 2011, una gran protesta tuvo lugar en Damasco y días más tarde se extendió a la ciudad de Daraa, donde un niño había sido detenido por escribir mensajes contra Al-Assad en las paredes.
Al-Assad se tomó dos semanas para responder. Se dirigió al Parlamento y prometió acabar con lo que llamó una “conspiración” contra Siria, aunque admitió que mucha gente no tenía cubiertas sus necesidades.
Rusia, Irán y los grupos armados apoyados por Teherán, como la milicia libanesa Hezbolá, se sumaron al bando del Ejército de Al-Assad, mientras que Turquía y varios estados del Golfo Pérsico tomaban partido por facciones opositoras.
Para 2015 el régimen parecía a punto de caer. Había perdido el control de amplias zonas del país, pero la intervención militar de Rusia cambió el curso del conflicto y le permitió a Al-Assad recuperar territorios claves.
Pero todo cambió en 2023, la guerra de en al Franja Gaza rompió la débil estabilidad de Medio Oriente, Irán se convirtió en el artífice económico y armamentístico del Movimiento para la Resitencia Islámica Hamás y para el movimieno libanés Herzbolá, ambos inciaron una ofensiva contra Israel.
Irán también lanzó ataque disusivos contra Israel, pero entonces la atención para proteger a Siria se hizo a un lado y no hay que olvidar que su otro aliado poderoso, Rusia está en guerra con Ucrania y eso acabó de dar al traste con la protección a Al-Assad.
El momento oportuno para que los rebeldes retomaran sus aspiraciones de liberarse de la dictadura de los Al-Assad, el mismo día que entraba en vigor un alto el fuego en Líbano –27 de noviembre–, los rebeldes sirios, liderados por los islamistas de Hayar Tahrir al Sham (HTS) lanzaron un ataque sorpresa con el que se hicieron con Alepo, la segunda ciudad del país.
Ahora el Ajedrez político en el mundo vuelve a mover sus piezas, todo parece que comianzan días, meses y años de inestabilidad, este logro de los rebeldes en Siria con el derrocamiento de Bashar Al-Assad, pone en riesgo lo que queda de tranquilidad en Medio Oriente. O usted ¿qué cree?
