TAMPICO, Tamaulipas. Fieles testigos del camino en esta profesión son Alfredo Meléndez, conocido como Alfie Tattoon; y Antonio Serrano, El Buen Anton, son dos tatuadores que plasman arte en la piel.
Algo que comenzó desde los primeros trazos en un cuaderno o garabatos en un mesabanco de escuela a transformarse en arte expresado en la piel, ese es el viaje que los tatuadores emergentes han tenido que recorrer para hacer esta una actividad que se puede ejercer libre y dignamente.
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Alfie, de recepcionista a tatuador
Qué mejor ejemplo para hablar de los inicios de este arte que alguien fresco, Alfredo Meléndez quién lleva alrededor de un año y medio realizando modificaciones en la piel. Quien siendo recepcionista de un estudio de tatuajes sus colegas vieron algo en él que lo motivaron a emprender su viaje.
“Todos me dieron su voto de confianza, le he aprendido a todos, aptitudes del dibujo ya las tenía porque me gustaban, me compre cosas para dibujar de nuevo y de poco en poco he ido mejorando” describió.

Y aunque es mesurado en sus palabras, el tampiqueño ya ha viajado a otras partes del país a realizar piezas, gracias a su estilo enfocado en hacer caricaturas de los años 20, dándole al género vintage toques modernos que le han hecho ganar popularidad rápidamente.
Para él un catalizador fue ver a sus colegas ir creciendo en el rubro, “cuando vi a compañeros que empezaron a ir a lugares como México, Monterrey y poniendo el nombre de Tampico en alto yo dije ‘quiero ser parte de esto’ y que alguien en un futuro diga de mi ‘yo quiero ser como este vato’”.
El buen Anton forma parte de la nueva generación
Por su parte, con seis años de experiencia, Anton Serrano hace honor a su nombre de El Buen Anton, su calidez, paciencia y humildad lo han ido colocando como uno de los tatuadores emergentes más sobresalientes de la llamada “Nueva Generación”.
“Siempre dibujaba en paredes, cuadernos o en mi misma piel con una pluma, eso creo que ya me empezaba a dar una idea de lo que quería hacer” comentó quien reposa su arte en un estilo Old School, donde destaca su talento para las sombras.

Anton compartió que ha sido sumamente importante reconocer a personas que están interesadas realmente en aprender esta profesión, más allá de verlo como algo monetario, desarrollar el arte y el respeto a sus iguales es vital para cultivar nuevos tatuadores.
En su viaje descubrió que lo que puede ser considerado como apatía para enseñar a nuevos talentos era realmente una herramienta de defensa para proteger su profesión de aquellos quienes únicamente por moda buscan iniciarse en el tatuaje.
“Ya que formo parte ahora de este rubro lo entiendo como ‘estás cuidando lo que amas’, tan solo con el proceso de cómo se te acercan para buscar aprender puedes identificar a quien le apasiona” comentó.
Es más que lógico asumir que para ser un buen tatuador es necesario saber o tener al menos nociones de dibujo y pintura, pero para El Buen Anton esto puede no ser del todo obligatorio, para aquellos la tinta les llama hacia el conocimiento.
“La intención lo es todo, si nunca has dibujado en tu vida, pero le tienes el respeto al proceso, alguien que tenga ese respeto y el compromiso lo es todo” aseveró.
Que te busquen por ser tú
Entre una de las lecciones o metas a alcanzar para ambos es que los interesados en comenzar en esto sepan la importancia de conocer su propio estilo, aquello que los destaque y los eleve entre los amantes de la tinta y les brinde una identidad que otros busquen llevar y que los llene de orgullo.
“Siempre va a ser mil veces mejor que te busquen por algo que solo tú ofreces, ese plus que le añades no te lo regalan, lo tienes que buscar, pelear y ser fiel a uno mismo, eso es lo más complicado” concluyó Anton.
“Que te busquen por ser tú, no porque puedes hacer algo que todos saben hacer, que te busquen por tú tienes una forma especial de hacerlo y que alguien lo quiera, eso te llena de orgullo” puntualizó Alfredo.
El camino de la tinta no tiene una ruta definida, pero ambos tatuadores coinciden que la pasión, humildad y admiración por el tatuaje, es un sendero que se puede replicar para que los tatuadores emergentes de Tampico que han logrado sacar el tatuaje del estigma.
