DURANGO, Durango. La capital del estado es emblemática por las historias y leyendas que resguarda, aunado que muchas éstas se desarrollan en lugares que actualmente se preservan y trasladan a los visitantes al pasado, en este caso a una época colonial, con la Exhacienda de Dolores.
Ubicada a escasos minutos del centro de la ciudad, rumbo a la carretera México, este lugar actualmente es propiedad de Jaime Gutiérrez, destacado empresario minero y fabricante del popular mezcal “Lágrimas de Dolores”.
Su historia data de 1819, cuando la finca era parte de los expolios del obispo y fue adquirida por el comerciante Francisco Gómez Sañudo, quien ya era propietario del rancho de Olea, adjunto a Dolores Gómez Sañudo, quien compró más tierras a José Toribio Minjares, propietario de la Loma de Quiñones, para ampliarla.
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Para 1836, la exhacienda apareció como propiedad de la testamentaría de la señora Josefa Alcalde Viuda de Sañudo y fue comprada en 1844 por el licenciado Ramón Ávila.
Asimismo, destaca quel a la muerte de este abogado en 1877, la hacienda fue dividida en acciones que se repartieron entre los hijos Luis, Bailo, Ignacia y María Landa.

Por su parte, Luis estuvo casado con la señora Dalila Salas de quién tomó el nombre la estación de ferrocarril que tocó la hacienda. Mientras que en 1923 la hacienda pasó a manos de los hermanos Salvador, Luis, Juan Bautista, Pedro, Teresa, Carmen, Josefina, Rosa y Asunción Ávila Salas.
Las fértiles tierras de migaja arenoso y arcilloso formadas por el acarreo del Río tunal, hicieron que la hacienda se convirtiera en una de las más ricas de la región, de hecho sus propietarios fueron de los primeros en invertir en maquinaria agrícola de la cual todavía aún subsiste una trilladora.
Además, funcionó en la hacienda una fábrica de aguardiente “Proskan” de la que todavía permanecen algunos vestigios.
En torno a las características de su construcción, el casco de la exhacienda, arquitectónicamente pertenece a la época porfiriana de finales del siglo XIX a principios del siglo XX, misma que en sus tiempos de gloria fue una hacienda agrícola dedicada a la producción de granos básicos.
La capilla como todas las de su época que aún por motivos diversos, están en abandono, motivo de saqueo y destrucción, por lo que no se cuenta con imágenes recientes del sitio que mostraba la representación de la fe católica de quienes habitaron en tiempos pasados.
