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Seguridad

Las torres de rescate de la Patrulla Fronteriza salvan la vida de los migrantes en el desierto de Arizona

Son móviles y están ubicadas en áreas donde en su mayoría solicitan rescate o donde hay más muertes

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TUCSON, Arizona. La diferencia entre la vida y la muerte cuando un migrante se interna para cruzar el desierto de Tucson es marcar el 911 o presionar un botón para que llegue el rescate de la Patrulla Fronteriza, dijo Gustavo Soto, supervisor de sector de la corporación.

Hace una semana un hombre de Oaxaca, México, entró a Estados Unidos entre el desierto de Sonora y Arizona, se casó y utilizó la última carga de su teléfono para llamar a su familia y decirles cuánto los quería y despedirse de ellos. La pila de su móvil se terminó junto con su vida.

Las autoridades de la Patrulla Fronteriza, estaban a 8 kilómetros de donde lo localizaron muerto, por lo que si hubiera llamado al 911, el sistema de geolocalización hubiera marcado su ubicación y se hubiera dado esa diferencia de minutos entre la vida y la muerte, destacó el supervisor Soto.

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Estas son las situaciones que la Patrulla Fronteriza quiere evitar en el área de Tucson, donde un ‘coyote’ le dice al migrante que tiene que caminar una hora para llegar a una carretera, cuando la realidad es que son tres a ocho días, ya que entre el árido desierto, también tiene que cruzar una montaña.

A lo largo de 90 mil millas cuadradas y 420 kilómetros de largo del desierto de Tucson, la Patrulla Fronteriza tiene 35 torres de rescate, las cuales son móviles y están ubicadas en áreas donde en su mayoría solicitan rescate o donde hay más muertes.

La torre de rescate funciona con dos mecanismos: una cámara que transmite imágenes al centro de operaciones y muestra quién se ha acercado; el otro es que tiene un botón rojo, que manda una señal para que llegue un agente de BORSTAR o Patrulla Fronteriza.

Este sistema de auxilio tiene tres idiomas: inglés, español y lengua nativa de los indios Papago y existen más de 190 en todas las fronteras de Estados Unidos.

“Es muy simple, es solo un botón rojo y arriba en lo alto hay una antena con una luz azul. Si la miran es de vida, se ve a varios kilómetros. La torre 1 está a 25 kilómetros de la frontera y este es el punto donde una persona que caminó dos días está buscando auxilio”, destacó Soto.

Diariamente, los botones de las torres son accionados, para llegar a la ciudad son tres horas en carro, por lo que es imposible cruzar el desierto.

Para que la Patrulla Fronteriza no detecte a migrantes, los contrabandistas les venden kits de camuflaje y botas hasta en 300 dólares, esto para no ser detectados por los patrullajes del helicóptero y se ponen pantuflas de alfombra para no dejar huellas.

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“Las torres nunca son vandalizadas, porque son parte de la estrategia de venta del ‘coyote’, les dicen a los migrantes: si te llegas a perder, hay torres de rescate, es parte de la venta de ese sueño que se convierte en pesadilla”, advirtió el agente Soto.

Cada persona que marca al 911, la Patrulla Fronteriza, primeramente se enfoca en lo humanitario, que es salvar la vida de esa persona, dar asistencia médica y, ya que se aseguraron de que está bien, entonces se procesa en la manera adecuada que marca la ley.

Liliana Torreso / El Heraldo de Juárez

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