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La Opinión

Egoísmo gana la batalla ambiental 

La lista de países que apoyó el compromiso creció ambiental este año a unos 150. Incluso China reducirá las emisiones de metano

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Mundo fracturado

Tras dos semanas de regateos ambientalistas en Egipto, los delegados de la cumbre climática de Naciones Unidas alcanzaron un fondo para ayudar a los países pobres afectados por catástrofes impulsadas por el calentamiento global, pero bajo dos acciones preocupantes, el acuerdo fue a regañadientes y de última hora; y dejaron de lado nuevas políticas ambientales para contener el daño ambiental.

No debemos de perder de vista es que los científicos advierten de que se están agotando las posibilidades de limitar el calentamiento global a 1.5 grados Celsius, como se estableció en el Acuerdo de París de 2015. En lugar de reducirse, las emisiones de gases de efecto invernadero siguen creciendo.

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Antes de París, el mundo se dirigía a un calentamiento de 4.5 grados Celsius para finales de siglo, en comparación con la era preindustrial. Las estimaciones recientes han reducido ese incremento a unos 2.6 grados Celsius gracias a medidas tomadas o compromisos firmes ya hechos por los gobiernos.

Como en ocasiones anteriores, había pocas expectativas de grandes avances en la cita en Sharm El-Sheij, aunque las recientes inundaciones en Pakistán y Nigeria reforzaron las peticiones de que se concretara ayuda urgente, pero también están presentes las sequías en Texas o las inundaciones en Florida. Sin dejar de lado, el alarmante deterioro de la Amazonia en Sudamérica.

Las consecuencias geopolíticas de la guerra de Rusia en Ucrania y las tensiones latentes entre China y Estados Unidos plantearon un contexto difícil para las conversaciones, que de manera directa e indirecta también abonan a los efectos negativos en el medio ambiente.

Como señalaba antes, los países de todo el mundo ya asisten a los efectos del cambio climático, desde un tiempo más extremo a veranos más caluroso y niveles del mar más altos. La paradoja es que los países pobres que menos han contribuido al problema de las emisiones de gases de efecto invernadero están entre los más afectados y los países ricos más contaminantes son los que más se resienten a comprometerse.

La verdad es que hacía mucho tiempo que los países industrializados se resistían a crear un fondo de esa clase, por temor a verse forzados a pagar miles de millones de dólares por las décadas en las que liberaron dióxido de carbono en la atmósfera. 

Aunque, una oferta inesperada la semana pasada de la Unión Europea puso el proceso en marcha y se cerró un acuerdo en 48 horas. Aún hay que concretar los detalles, pero los países más vulnerables pueden contar con recibir dinero para lidiar con catástrofes climáticas en el futuro. 

La postura del Viejo Continente responde presentante de Exteriores y de Seguridad de la UE, Josep Borrell, al comparar Europa a un jardín rodeado de jungla. La postura parece fuerte, pero la verdad es qué hay una serie de políticas ambientalistas que aplica esa zona del mundo, lo que incluso les provocó una crisis energética por su cierre de plantas nucleares de uso doméstico y el del uso de carbón, debido a las amenazas de desabasto de Rusia por las sanciones a su invasión a Ucrania.

Los países donantes han reclamado que el dinero enviado a países pobres esté alineado con los objetivos del Acuerdo de París. Algunos países en desarrollo se han resistido a ello por temor a que distraiga de las negociaciones sobre el dinero prometido –pero no entregado– por los países ricos para ayudarles a adaptarse al cambio climático y reducir sus emisiones. Los negociadores en Sharm El-Sheij no pudieron llegar a un acuerdo sobre el tema, que se planteará de nuevo en Dubái el año que viene.

Es verdad que los activistas confiaban en que los reunidos en Egipto instaran a los países a fijar objetivos más ambiciosos. Se llevaron una decepción. Los negociadores acordaron confirmar los compromisos de la cumbre del año pasado en Glasgow, Escocia, pero poco más. No hubo una petición de que grandes contaminantes del mundo en desarrollo, como China e India, acelerasen su reducción de emisiones.

Las conversaciones del año pasado terminaron con un acuerdo de “abandono gradual” del carbón. Era la primera vez que un combustible fósil en particular era señalado, culpado y puesto en vía de retirada a nivel internacional. India, descontenta con la decisión, hizo una inesperada petición este año en favor de añadir también el abandono gradual del gas y el petróleo, aunque la propuesta no se aprobó.

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En los últimos meses, se han alcanzado algunos acuerdos entre países ricos y en desarrollo para acelerar la transición hacia una energía más limpia, como un acuerdo de 20 mil millones de dólares con Indonesia. Pero los ambientalistas se sintieron decepcionados porque una resolución de la conferencia sobre la transición a la energía limpia incluyera energías de “bajas emisiones”, lo que según algunos incluye el gas natural, un combustible fósil.

En Glasgow también se formó una nueva alianza de países, incluido Estados Unidos, que prometieron reducir en un tercio la cantidad de metano –un potente gas de efecto invernadero– liberado en la atmósfera para 2030.

La lista de países que apoyó el compromiso creció ambiental este año a unos 150. Incluso China dijo que trabajaría para reducir las emisiones de metano.

Sin duda, no está mal que las potencias mundiales se comprometan a ayudar a los países pobres, pero de poco sirve que se trabaje sobre un aspecto y que se deje de lado políticas más fuertes para contener las emisiones contaminantes que en China, India y Estados Unidos provocan un gran daño, también es clave que desde nuestra trinchera hagamos lo propio para tratar de contener el daño, el sólo hecho de no tirar un papel o un chicle en las calles tiene hoy en día un alto valor ambiental. O usted, ¿qué cree?

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