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La Opinión

El rey Carlos III hereda una papa caliente  

Carlos III debe actuar rápido y de manera inteligente sobre la empatía con los británicos, porque cuando se unió a Camilla Parker-Bowles cosechó una amplia impopularidad

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Ahora comienza para el nuevo rey británico, Carlos III, un trabajo bastante difícil para mantener la unidad y aceptación de los ingleses, pero también de los 14 países que están bajo la soberanía de su monarquía, varios de ellos ya han expresado, antes incluso de la muerte de la Isabel II, su intención de convertirse en repúblicas.

Carlos III debe actuar rápido y de manera inteligente sobre la empatía con los británicos, porque cuando se unió a Camilla Parker-Bowles cosechó una amplia impopularidad, que se acrecentó con la muerte de su primera esposa Lady Di, en un accidente hace precisamente 25 años. El asunto es que esa herida no está completamente cerrada.

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Además, el nuevo monarca no ha destacado por ser tan neutral como su madre, hasta dos gobiernos británicos intentaron frenar sin éxito durante años la publicación de 27 cartas que Carlos III envió al entonces primer ministro Tony Blair, en las que daba instrucciones y opinaba sobre asuntos políticos. 

Llegó a quejarse por el contenido nutricional de la comida que se servía en los colegios. Incluso exigió en un arrebato que los militares en Irak recibieron mejores helicópteros. Basta recordar que en 2005, Carlos encargó un informe a favor de incluir diversas pseudoterapias en el sistema público de salud. 

La verdad es que Carlos, hasta antes de ser rey, no se limitó a cumplir su rol ceremonial de príncipe sino que hizo pronunciamientos y apoyó campañas sobre temas polémicos en los que, sin ser partidista, adopta una posición muy clara. 

Desde el medio ambiente y su lucha contra el calentamiento global hasta su apoyo a la causa palestina y su más cuestionable cercanía con las dictaduras monárquicas del Medio Oriente, el actual rey no eludió ningún tema que le llamara la atención.

En la ceremonia de apertura de la cumbre climática COP26 en Escocia el octubre pasado, Carlos III señaló que se había acabado el tiempo para solucionar el tema climático. “Es hora de ponerse en pie de guerra”. 

Otra biografía de 2018 escrita por Tom Bower, experiodista de BBC, describe al nuevo monarca como un hombre caprichoso. 

“Lo peor no son sus excentricidades, producto de una vida de privilegios en la que paradójicamente no ha podido tomar algunas decisiones muy personales, sino su costumbre de tener asesores que sólo pueden cumplir lo que él ordena, como un lord feudal. Para los monárquicos comprometidos, esa independencia es alarmante”.

En el libro de Bower, aparece una frase del príncipe de 2004: “Nadie sabe que ser príncipe de Gales es un completo infierno”. El cambio a rey sólo puede ser a mejor, aunque está por ver que la monarquía británica pueda decir lo mismo en el futuro.

El actual rey, ha visto una disminución en la favorabilidad de los británicos, la popularidad del monarca ha bajado, lo que significa que 59% de la población tiene una opinión positiva de él y 35% una opinión negativa, según una encuesta de YouGov. 

A diferencia de su padre, el príncipe William, disfruta de gran apoyo, cuenta con el visto bueno de 80% de los británicos y sólo 15% en contra, de acuerdo con el mismo sondeo.

El caso es que en el plano de la política exterior e interior se puede escribir una nueva historia, sobre todo, por los intereses de varias regiones de no ser más parte de la soberanía británica. La reina Isabel II tenía muy clara la diferencia entre reinar y gobernar, pero de Carlos III está por saberse. 

En noviembre del año pasado, Barbados decidió que la reina Isabel II ya no sería más su jefa de Estado. Con ello, se convirtió en la república más joven del mundo, título que ostenta hasta la fecha.

Pero no es el único país caribeño en el que se ha planteado esta opción. Hay otros seis naciones que están con el mismo deseo: Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Granada, Jamaica y San Cristóbal y Nieves.

Sus respectivos gobiernos han iniciado trámites para renunciar a la monarquía o al menos han expresado su voluntad de convertirse en repúblicas y, con ello, tener su propio jefe de Estado.

El más poblado de ellos, Jamaica, ha creado un comité para supervisar el proceso de cambio constitucional. Belice ha reservado fondos en su presupuesto para una comisión preliminar, en Granada varios políticos han exigido un referendo y Antigua y Barbuda llamó a un referéndum, el pasado domingo, con el mismo motivo.

Además de los seis mencionados, hay otros ocho en los que Isabel II es jefa de Estado: Australia, Canadá, Islas Salomón, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, y Tuvalu.

Los 14 países llamados “reinos de la Commonwealth” fueron parte del Imperio Británico, del cual se independizaron.

La Commonwealth o Mancomunidad Británica de Naciones es una comunidad de países vinculados directamente a Reino Unido que mantienen estrechos lazos comerciales e intercambios en otros ámbitos con el beneficio común como objetivo.

Pese a no ser ya un “reino”, Barbados sigue siendo miembro de la Commonwealth, que en total aglutina a 54 naciones, entre ellas dos que nunca fueron colonias británicas: Mozambique y Ruanda.

Cuando terminen los 10 días de luto de la muy aceptada reina Isabel II, comenzará la carrera contra reloj de Carlos III, quien no tiene fecha aún para su posible coronación, pero si estas próximos días, semanas y meses las cosas no pintan bien, siempre quedará la opción de abdicar en favor de su hijo el príncipe William, con una alta popularidad.

Parece que el Carlos III tiene el reto con él mismo y de lo que decida en los próximos meses se fincará el futuro de una monarquía que todos los días gana opositores, pero que puede volver a brillar, aunque seguro no será con el nuevo monarca. O Usted ¿qué cree? 

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