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Inteligencia Artificial

Al caer la noche, los corazones brillan entre las estrellas

La Nebulosa del Corazón se encuentra a siete mil 500 años luz de nosotros

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Foto: Wikipedia Commons

En la inmensidad del Universo, la imaginación lleva a la mente a ubicar figuras entre las estrellas y nebulosas, hay corazones en Marte, se aprecian en Plutón, se advierten en la Luna.

Tantos sobrevuelos nos han mostrado increíbles paisajes marcianos. Por ello, es normal encontrar figuras familiares, como corazones. Valles, cráteres o accidentes en el terreno crean las caprichosas formas.

El planeta rojo tiene casi la mitad de tamaño que la Tierra, con una atmósfera 100 veces menos densa que la terrestre, compuesta en 95 por ciento por dióxido de carbono. Marte es un planeta árido, pero en el pasado hubo océanos y ríos en la superficie. Al parecer, aún existe agua en el subsuelo.

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Por ello, es el planeta más visitado del Sistema Solar. Hoy lo sobrevuelan: Al-Amal (Hope) de los Emiratos Árabes Unidos, Maangalyaan (MOM) de la India. De la NASA tenemos a: Mars Odissey, Mars Reconnaissance Orbiter y Maven. Mientras que en el suelo marciano se encuentra Insight y los astromóviles: Curiosity y Perseverance, con el minihelicoptero Ingenuity. China tiene al orbitador Tianwen 1, y en la superficie el astromóvil Zhurong. La Agencia Espacial Europea (ESA) mantiene al orbitador Mars Express, y junto con Rusia al orbitador Trace Gas Orbiter, TGO.

En realidad los corazones son imágenes que nuestra mente interpreta hacia formas conocidas. Es un rasgo psicológico de las personas sanas, llamado pareidolia: ver o escuchar cosas que no existen pero que asociamos a imágenes o sonidos conocidos. Por ejemplo, un oso formado de nubes, una mancha con la forma de un perrito o el borde de una roca con perfil humano.

La pareidolia marciana nos ha llevado a ver rocas con forma humana, de cascos militares, lagartos o ratas.

En el verano de 2015, después de un viaje de nueve años, la sonda espacial New Horizons de la NASA, sobrevoló al lejano planeta enano Plutón. La expectación venía cargada de emociones encontradas.

Plutón fue descubierto en 1930 por el joven astrónomo Clyde Tombaugh, desde el observatorio Lowell en Estados Unidos. De inmediato fue considerado un planeta. Es, por poco, más pequeño que la Luna, de hecho su superficie es mayor a la de Rusia por pocos kilómetros.

Pero Plutón no se parecía a los demás planetas, era pequeño, con una luna muy grande, Caronte, que no rota a Plutón como lo hace la Luna en torno a la Tierra, sino que ambos, planeta y luna, giran alrededor de un punto fuera de Plutón. Su orbita es la más alargada y la más inclinada, con 17º, por si fuera poco, cruza la órbita de Neptuno. Además su órbita está llena de rocas de hielo que algún día serán cometas.

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Esto llevó a los astrónomos a reclasificarlo como Planeta Enano, en agosto de 2006, ocho meses después de haber despegado New Horizons. Pero la nueva clasificación no fue del agrado de muchos.

Por eso, esperar las nuevas imágenes desde el lejano planeta enano, tenían una carga emocional única.

4.5 horas después del sobrevuelo, llegó a la Tierra la primera imagen, y lo observado sorprendió a todos, Plutón mostró su corazón.

Un océano congelado, de mil 580 km de largo, con forma de corazón, fue bautizado: Tombaugh Regio. El lóbulo superior, la parte más plana y brillante, es Sputnik Planitia, de mil 50 x 800 km, formada de nitrógeno congelado en su mayoría. El planeta tiene un cielo azul como el de la Tierra, pero se debe a un proceso diferente.

El corazón de Plutón será la imagen que nos acompañará por décadas, del que alguna vez fue el más lejano de los planetas, y ahora, el más grande de los enanos.

En dirección de la constelación de Cassiopeia, a 7 mil 500 años luz de distancia, se encuentra la nube molecular IC 1805, con forma de corazón. La nebulosa fue descubierta el 3 de noviembre de 1787 por el astrónomo William Herschel, famoso por haber descubierto seis años antes al planeta Urano.

La distancia en años luz significa que la luz de la nebulosa hoy observada, partió de ella hace 7 mil 500 años, viajó por el espacio a la velocidad de la luz (300 mil km/s) y apenas nos está llegando.

IC 1805, la Nebulosa del Corazón, es una nebulosa de emisión de hidrógeno ionizado. La caprichosa forma se debe a los vientos estelares (partículas) del cúmulo estelar Collinder 26 (Melotte 15), ubicado al centro de la misma.

Entre las decenas de estrellas del cúmulo, existe HD 15629, una con más de 100 veces la masa del Sol y una luminosidad equivalente a tres millones de soles, siendo una de las estrellas más masivas y luminosas de nuestra galaxia.

Al seguir explorando el Universo, brillarán más corazones, para recordarnos que lo que nuestros ojos ven, nuestro corazón lo interpreta.

Germán Martínez Gordillo | Sociedad Astronómica de Puebla Germán Martínez Hidalgo, AC / El Sol de México

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