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Sonora

Viven enfermos, sin agua y sin empleo en el Río Sonora

En el municipio de Banámichi, Jesús Arvizu Moreno, dice que No hay empleo y el agua está en malas condiciones por la contaminación del Río Sonora

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HUEPAC, Sonora. En cualquier pueblo que se visite en el afluente del Río Sonora, siempre habrá alguien que diga que las cosas no van nada bien. Los problemas de salud, la mala calidad del agua y la caída de la economía en todas sus ramas, están acabando con la tranquilidad y la paciencia de los habitantes de esa región de la entidad.

Grupo México vertió por negligencia 40 mil metros cúbicos de tóxicos en los afluentes de los ríos Sonora y Bacanuchi, el 6 de agosto de 2014 y, cinco años después, las soluciones no han llegado para las más de 22 mil personas a quienes la empresa afectó radicalmente su forma de vida.

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Muchos otros pobladores ni siquiera tienen ganas de hablar al respecto, pues han repetido tanto sus demandas a oídos sordos, que piensan que las palabras ya están de sobra.

En el municipio de Banámichi, Jesús Arvizu Moreno habla debajo de la sombra de un árbol. “No hay empleo, no hay nada”, asegura, “tenemos que estar unos juntando hasta botes (latas de aluminio), los muchachos y muchachas donde quiera andan porque no hay nada de nada”.

Junto a él, Rafael Andrade Medina, un agricultor originario de Sinoquipe, sólo puede decir que su pueblo está cada vez peor. “Antes estábamos mejor, ya la siembra no se quiere dar”, dijo, “ha caído mucho la agricultura y ya mucha gente no siembra comida en las milpas porque les tienen miedo, tienen desconfianza y los productos ya no se venden como antes”.

Elda León, activista y habitante de Banámichi dice que, ya en 2019, los pueblos del río no han podido levantarse del todo. “En ciertas cosas sí se ha levantado”, sostuvo, “habrá gente como que no analiza y que dirá que no pasó nada, pero no es cierto, lo notamos mucho en la salud, en los casos de cáncer que siempre ha habido, pero no tanto como ahora, tan rápidos y tan agresivos”.

Lo que imploran, agrega, es la instalación y puesta en marcha de las plantas potabilizadoras de agua que Grupo México y el Fideicomiso Río Sonora prometieron, porque la contaminación -en forma de agua para bañarse, para regar las plantas, para lavar los trastes y la ropa- los está matando.

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“Han pasado cinco años y no hay seguridad en nada, ni en el agua que tomamos, ni siquiera de las aguas purificadas, porque no sabemos si realmente les quitan los metales pesados”, aseveró Elda.

María Antonia Salazar, de 71 años y habitante de Baviácora, se muestra molesta. En la plaza central de su municipio, personal de Grupo México ofrece un campamento de verano para niñas y niños.

“Ahorita, Grupo México le está dando clases a los niños en periodo de vacaciones, les ponen juegos, manualidades… quisiera decir que está bien, por los niños, pero, la verdad, no beneficia en nada, en cuanto a lo que en realidad han afectado”.

Martha Patricia Velarde, activista y habitante de Baviácora, coincide con esta visión. “¿Cuánto le cuesta a Grupo México esto? Nada. Y, con eso, le dan el distintivo de Empresa Socialmente Responsable”.

Astrid Arellano. Reportaje publicado en alianza colaborativa con Proyecto Puente.