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Uno de cada 10 mexicanos tiene una enfermedad mental crónica

Los trastornos neuropsiquiátricos ocupan el quinto lugar como carga de enfermedad

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Foto: Pixabay

En México, al menos 10 por ciento de la población podría tener una enfermedad mental de tipo crónico, aunque los rangos pueden ser amplios entre depresión mayor, esquizofrenia y retraso mental con agresividad, incluso provocada por las adicciones y el alcohol.

Depresión en distintos niveles, esquizofrenia, trastornos por ansiedad o de la alimentación, condición bipolar, distimia o manifestaciones de desesperanza, baja autoestima, inapetencia, falta de energía, cambios en el sueño, así como fobias o ideas suicidas son los padecimientos que han enfrentado alguna vez en la vida 28.6 por ciento de la población mayor de entre 18 y 65 años en México, de acuerdo con la Secretaría de Salud (SSA).

Sin embargo, sólo uno de cada cinco recibe tratamiento especializado, no sólo por la falta de médicos e instituciones, sino porque sobre estos padecimientos existe una carga cultural que dificulta el diagnóstico oportuno, coinciden especialistas al afirmar que tras la pandemia de Covid-19 esos padecimientos se han acentuado y deben ser considerados un “problema de salud pública”.

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Los pacientes con enfermedades mentales graves que se encuentran hospitalizados desde hace 10 a 50 años, (algunos abandonados por sus familias), suman poco más de mil 900 en el país, estimó en noviembre del año pasado el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.

“En el país se ha ido disminuyendo el volumen de pacientes abandonados en hospitales psiquiátricos, los que no se controlan, que presentan un punto de deterioro mental en tal nivel que requieren de una red de apoyo familiar y si no la tienen sólo el Estado asume su atención. Hay que señalar que en los hospitales un paciente crónico sí logra reintegrarse a su familia y a la sociedad”, afirmó Martha Georgina Ochoa Madrigal, jefa del Servicio de Psiquiatría del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre.

Pero para la experta, 10 por ciento de la población en nuestro país podría tener una enfermedad de tipo crónico, “es una estimación general porque los rangos pueden ser amplios entre depresión mayor, esquizofrenia y retraso mental con agresividad”, incluso provocada por las adicciones y no sólo de drogas ilícitas sino también por alcohol.

De acuerdo con el gobierno federal, frente al resto de padecimientos, los trastornos neuropsiquiátricos ocupan el quinto lugar como carga de enfermedad, al considerar indicadores de muerte prematura y días vividos con discapacidad.

El mayor desafío que enfrenta el país es que no todas las personas con un padecimiento mental llegan a ser evaluados a tiempo y eso hace que la enfermedad se vaya haciendo crónica.

En México, detalló Juan Manuel Quijada Gaytán, director general de los Servicios de Atención Psiquiátrica de la Secretaría de Salud, el principal padecimiento son las fobias, que difícilmente provocan una alteración de la vida social y no hacen que las personas acudan al médico porque no trastocan su funcionalidad social.

Señaló que las que sí requieren atención médica son ansiedad y depresión y para tomar la decisión de ir al médico y/o pedir ayuda se debe vigilar la presencia de síntomas como el insomnio, tristeza, dejar de comer y hasta dejar de hacer actividades sociales como ir a trabajar, dejar la escuela y afectar el resto de las actividades.

Quijada Gaytán comentó que el principal factor para no acudir a realizar un diagnóstico oportuno es el estigma social, “la gente no quiere ser etiquetada, prejuiciada ni mucho menos ser discriminada por tener un padecimiento mental”. Es así que, abundó, las personas dejan que avance el trastorno mental y sólo cuando está avanzado es cuando acuden al médico. Eso hace que oculten la enfermedad y que el trastorno avance.

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A decir de especialistas de la UNAM y del gobierno federal son tres los factores que afectan la recepción de tratamiento, el primero es el retraso en la búsqueda de atención.

En México se calcula que en promedio pasan 10 años entre el inicio de un problema mental y el primer contacto con un tratamiento, mientras que países como Japón invierten un año, en Estados Unidos cuatro años y Colombia de nueve años.

El segundo factor según el Instituto de Psiquiatría es que el tratamiento se proporciona en centros especializados o de tercer nivel de atención y “lo ideal sería en el primer nivel de atención”, mientras que el tercer factor tiene que ver con la escasez de profesionales de la salud mental, en este caso psiquiatras.

La OMS recomienda al menos una tasa de cinco psiquiatras por cada cien mil habitantes, pero en México el dato más reciente (2016) señala que en México se registraban cuatro mil 393 psiquiatras, esto es una disponibilidad de 3.68 especialistas por cada cien mil mexicanos.

La desigualdad en el acceso hacía que 60.3 por ciento de los especialistas se concentraran en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, pero de ellos sólo mil 410 estaban en los sistemas públicos de salud.

En el diagnóstico para definir su programa de trabajo rumbo a 2024, el Instituto ratifica que el problema central en el diagnóstico tardío está “favoreciendo la cronicidad de los padecimientos y el abandono terapéutico”.

Un elemento adicional es “la brecha de atención, que en México supera 80 por ciento, y la situación se complica más debido a que aquellos que logran recibir el tratamiento, no siempre reciben el adecuado, pocos son los casos detectados y tratados en el primer nivel de atención”, refiere el mismo documento.

Marta Georgina Ochoa Madrigal, médico psiquiatra y paidopsiquiatra, jefa del Servicio de Psiquiatría del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, detalló que la esquizofrenia descontrolada, los trastornos bipolares en fase aguda, en fase maniaca o depresiva requieren un manejo más intensivo y especializado.

“Todos esos son los perfiles de personas para cuyos padecimientos es más factible el ser internados, pero no por largos periodos, dado que hoy el avance de la medicina permite que sólo sea por dos semanas y de ahí pueden seguir un tratamiento ambulatorio espaciado, cada tres meses”, indicó.

En particular, dijo, quienes presentan esquizofrenia descontrolada se convierten en candidatos de internamiento debido a que si el paciente no toma sus medicamentos tiene alteraciones, lo mismo ocurre en el caso de quienes presentan trastorno bipolar o quienes sufren alucinaciones y en los casos de retrasos mentales profundos donde hay expresiones agresivas.

Aseguró que en el último año con la pandemia se observó que la población entre 15 a 24 años, en particular entre las mujeres jóvenes se incrementaron las ideas suicidas y las razones son los trastornos de personalidad y disfunciones en las familias.

“La pandemia ha hecho que tengamos esta situación de tipo social donde los adolescentes no contactan con otros adolescentes, de sociabilización, son tímidos, no tienen amigos, se sienten solos”.

Para Rosario Cárdenas Elizalde, investigadora del Departamento de Atención a la Salud, de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, el sistema de salud adolece de una fragmentación desde su origen para la atención de estos padecimientos, pero la pandemia y el cambio de administración el área de salud en el actual gobierno federal acrecentaron la dificultad en la atención.

“En el área de salud mental se profundiza el deterioro y el acceso porque es un área que no es vista como prioritaria o como elemento de salud pública”, ello hace que el acceso a la atención psicológica y psiquiátrica no estén satisfechas.

La investigadora especialista en salud pública explicó que los datos disponibles son inciertos para dar una dimensión nacional que nos indiquen qué tan frecuentes son cada uno de los padecimientos mentales y sólo existe un reporte de la demanda de servicios, “pero es una demanda que está afectada por la falta de los mismo, de que no hay una cultura para identificar y reconocer los síntomas o culturalmente considera que una persona no puede mostrar que los tiene, entonces lo que tenemos es un fragmento de la necesidad de atención a la salud mental”.

Indicó que lo ocurrido en la pandemia muestra que la salud mental es una demanda cada vez más frecuente de lo que parece, tiene diversas manifestaciones y puede ocurrir en diferentes momentos de la vida en términos de la edad y del sexo, pero puede ser transitorio y mejorable cuando tiene tratamiento adecuado.

Cárdenas Elizalde enfatizó que como consecuencia de la esta pandemia, en los próximos meses y años habrá manifestaciones relacionadas con la salud mental porque muchas personas perdieron alguien cercano, otros tuvieron Covid-19 o han visto transformada su vida.

El sistema de salud puede hacer la diferencia frente a los desafíos de la pandemia en las enfermedades mentales como facilitar el acceso, buscar reducir las manifestaciones y estar preparados para recibir no sólo a quienes pudieron tener Covid-19 sino a quienes han padecido las circunstancias que la pandemia provocó en la comunidad.

Y destacó que la disponibilidad hospitalaria para la atención está acotada a las zonas urbanas, pero en el caso en las zonas más remotas, para atender a la población originaria, jornaleros agrícolas y en condición de calle, es en donde está el mayor rezago.

El Instituto de Psiquiatría Ramón de la Fuente del Sistema de Salud de México cuenta para los servicios de atención psiquiátrica con un esquema paralelo de 41 hospitales psiquiátricos aislados del resto del sistema de salud, aunque en este momento se impulsa la creación de espacios dentro de los hospitales generales para los pacientes de estos padecimientos.

En cuanto al presupuesto solo 2.0 por ciento se destina a la atención psiquiátrica, incluyendo adicciones, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda más de 5.0 por ciento. De ese porcentaje 80 por ciento es utilizado por los 41 hospitales psiquiátricos.

En la distribución, 13 de esos centros atienden a 95 por ciento de quienes demandan atención, dos por ciento va a hospitales generales y tres por ciento más va a la atención ambulatoria especializada.

Pero “la mayoría de estos servicios se ubican en las grandes ciudades”, lo que dificulta la atención integral y representa que el acceso se vea “limitado por barreras geográficas”.

Nurit Martínez | El Sol de México