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Las ventas digitales son un salvavidas para las librerías en la pandemia de Covid-19

La industria editorial se encuentra debilitada por el confinamiento. Para este año enfrentan el cierre de puntos de venta y la falta de capital para mantener empleos

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Foto: Cuartoscuro

La realidad alcanzó a la ficción. Como si se tratara del Ensayo sobre la Ceguera, de José Saramago, las historias sobre pandemias, catástrofes mundiales y caídas económicas por la falta de apoyos gubernamentales se hicieron presentes en las páginas de la historia. Las librerías no fueron la excepción.

En 2020, la industria editorial del país dejó de vender 25 millones de ejemplares y se estima que las ventas totales ascendieron a ocho mil 797 millones de pesos, igual a una reducción anual de 22 por ciento, de acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem).

Las bajas fueron resultado de la crisis sanitaria, según Juan Luis Arzoz, presidente de la Caniem, quien reconoció que el sector quedó debilitado a causa del confinamiento del año pasado.

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Para 2021, resalta, el panorama tampoco luce alentador, pues ya no sólo se enfrentan al cierre de puntos de venta o que las librerías no son consideradas esenciales, también tienen que luchar con la falta de capital para mantener puestos de trabajo.

“Todavía no sabemos de qué forma vamos a sobrevivir. De una u otra manera se acumularon las deudas, pagos de rentas, vimos locales cerrados en centros comerciales. Aún no vemos cuál será el resultado final”, dijo por su parte, Georgina Abud, presidenta de la Asociación de Librerías de México (Almac).

En medio de toda la crisis, tanto las editoriales como librerías del país vieron el área digital una manera de sobrevivir y sostener, en la medida de lo posible, sus ventas durante el año pasado.

Según la Almac, el comercio digital en las librerías mexicanas creció 400 por ciento anual en 2020, pero lo cierto es que no todas estaban preparadas para las ventas electrónicas y muchas de ellas, por su formato de venta, fueron afectadas.

Este último aspecto impactó directamente en las librerías que también dependían de la venta de antigüedades, artículos para lectura, cafés, discos, películas o incluso aquellas que mes a mes realizaban círculos y talleres de lectura.

 “Era toda una experiencia ir a una librería, pero los aforos reducidos y el cierre de establecimientos provocaron que los consumidores dejaran de asistir o modificaran sus hábitos de consumo”, explicó Abud.

Datos de la consultora Nielsen Bookscan México refieren que el público mexicano prefiere acudir a una librería para comprar, pues el ambiente de estos espacios y la sensación de tener un libro físico es determinante para el consumidor.

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Si bien gran parte de las librerías implementaron sus propios canales de ventas en línea, como chats de WhatsApp, envíos a domicilio con repartidores de aplicaciones o trabajadores de las mismas empresas, muchas de ellas no se dieron abasto para satisfacer la demanda de sus clientes durante los meses más críticos de la pandemia, resaltó Georgina Abud.

“Las pequeñas librerías fueron quienes hicieron más uso de su creatividad y lograron desarrollar esquemas de ventas en línea que antes no tenían. Otras adoptaron la opción de pedir en línea o vía telefónica y recoger en sucursal. Fue un proceso para dar atención al público de una manera interesante”, añadió la presidenta de la Almac.

Para Rodrigo López, director general de El Sótano, 2020 fue como luchar contra molinos de viento. “Sabíamos que no íbamos a salir victoriosos, pero sí que ganaríamos mucho más al tratar de pelear”.

El año pasado, la empresa despachó alrededor de seis mil pedidos mensuales a través de sus canales digitales. Los libros más vendidos fueron los de literatura juvenil y las colecciones de Harry Potter.

 “Nuestra página funciona desde 2002; ya sabíamos hacer ventas en línea, pero no con esta alta demanda. Ahora estamos trabajando en mejorar nuestros procedimientos de entrega y atención al cliente”, comentó López.

Abril fue el peor momento para El Sótano, una empresa familiar, porque en este mes sus ventas cayeron un 75 por ciento respecto al mismo periodo de 2019. Para el cierre de año, registraron una reducción anual de 23 por ciento.

Los aprendizajes también llegaron para Gandhi, comentó Alberto Achar, gerente comercial de la compañía, ya que reforzaron sus procesos logísticos, realizaron cambios en su interfaz digital y agregaron nuevos servicios o funciones para recoger ejemplares en sus librerías.

“El pasado fue un año donde todas las librerías nos vimos obligadas a hacer reestructuraciones o cambiar modelos de gastos; tratamos de buscar la manera para operar una librería de manera sencilla y más barata”, señaló en entrevista.

La situación para Porrúa no fue menor, pues si bien la empresa consideró que cuenta con un comercio electrónico “muy fuerte”, está consciente de que las ventas digitales no podrán sostener en su totalidad los ingresos de la compañía.

Georgina Abud, quien también es gerente comercial de Porrúa, explicó que, además del comercio electrónico, las “ventas al mayoreo” a tiendas de Sanborns o Liverpool lograron aminorar los impactos por la crisis del coronavirus.

Para los próximos meses, la directiva confía que se mantenga la tendencia sobre las ventas en línea, donde la temporada del regreso a clases será una de las más importantes para Porrúa.

El gremio editorial y librero del país también resintió la falta de apoyos por parte del gobierno de la Cuarta Transformación. La Caniem y la Almac coinciden en que, al igual que a otros sectores o empresas, el gobierno federal no les otorgó apoyos económicos o capacitaciones para implementar ventas en línea, por ejemplo.

Las librerías, explica Georgina Abud, lograron sortear la crisis del Covid-19 al tiempo que se las arreglaron para mantener su nómina completa, pagar servicios básicos, así como las rentas en locales del país.

Desde el inicio de la pandemia, este sector no se consideró esencial para operar. Fue hasta mediados de agosto cuando a las editoriales y librerías se les catalogó como escenciales pero el confinamiento de diciembre las mandó de nuevo a bajar sus cortinas.

Mientras esto sucedía, relata el presidente de la Caniem, la industria padeció un aumento en el costo de insumos para la producción de libros y la depreciación del peso frente al dólar por la contingencia sanitaria.

 “Fueron más factores externos, porque la celulosa, que es la materia prima del papel, se ha incrementado de 450 a mil dólares por tonelada, aproximadamente. Incluso, el kilo de papel pasó de 18 a 24 pesos en los últimos meses”, expresó Juan Luis Arzoz.

Será hasta mayo de 2021, previó el líder del sector, cuando los precios de producción y libros en general volverán a sus precios previos a la pandemia.

Miguel Ángel Ensástigue | El Sol de México