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Seguridad

Muchos migrantes centroamericanos se labran la vida con Sembrando Vida

Algunos no le ven beneficio en Centroamérica pues temen que sus gobiernos dejen a la deriva a sus ciudadanos

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Foto: Eduardo Torres

TAPACHULA, Chiapas. Antonio Mendoza tiene 29 años, es nativo de Nicaragua pero debido a la falta de oportunidades laborales ahora se encuentra en el sur de México, donde se emplea gracias al programa federal Sembrando Vida.

Debido a ello, Antonio lleva al menos cuatro meses en tareas de campo en el vivero forestal de Tapachula, ubicado sobre la carretera a Playa Linda.

En los recesos de las jornadas en las 523 hectáreas que comprende el vivero resuenan las charlas sobre la propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador de llevar este programa de reforestación a Centroamérica, con el apoyo del gobierno del mandatario estadunidense Joe Biden.

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No todos ven un beneficio de este programa en países como Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, pues temen que sus gobiernos corruptos dejen a la deriva a sus ciudadanos.

Sin embargo, la mayoría estima que representaría un golpe de suerte para muchos que pretenden salir desde esa región del mundo hacia México y Estados Unidos.

Para Antonio la propuesta no suena descabellada. Al menos en su país, asegura que existen las tierras y recursos naturales para emplear a cientos de nicaragüenses en tareas de campo, como lo hace él en el vivero más grande de Latinoamérica, situado en la calurosa Tapachula.

Considera que “sería una buena opción debido a los cambios climáticos por el impacto ambiental que ha venido desarrollando la humanidad”.

“Aparte, levantaría la fuente de empleo porque todos sabemos que es un problema social que se ve de lejos y desde cualquier parte del mundo”, señala el joven que remueve tierra para colocar plantas de cacao.

Actualmente, al igual que Antonio, unos mil 600 migrantes han sido empleados en este programa de siembra y cosecha de frutos y árboles en la frontera sur.

Sólo en el predio “Frida”, unos 90 centroamericanos y hasta haitianos realizan de lunes a viernes labores de campo, como selección de semillas de cacao, plantación de árboles, recolección de frutos y realización de compostas para la creación de jardines ciento por ciento ecológicos, que en un determinado arrojan plantaciones con muchos beneficios para la región.

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De esos mil 600, la mayoría están distribuidos y vinculados a ayuntamientos como Suchiate, Tapachula y Mapastepec.

Pero la cifra no se detiene allí. Según Jorge Aguilar Reyna, coordinador territorial del programa Sembrando Vida Tapachula, en el sureste de Chiapas se han empleado a dos mil 400 extranjeros y cada tres meses el padrón se renueva, para integrar a nuevos trabajadores.

“En dos años con esta actualizaciones se han atendido a más de 17 mil extranjeros que trabajan en el sureste del país a través del programa Sembrando Vida, y se seguirá haciendo durante el mandato del presidente López Obrador”, explica.

El programa de reforestación federal ha tenido impacto en 25 municipios de Chiapas, teniendo otras sedes importantes como Palenque, Ocosingo y Pichucalco.

El grupo se ha preparado para realizar la siembra de árboles frutales. En un vivero, junto a Antonio de Nicaragua, se encuentran dos de sus compañeros, ambos de Honduras.

Escuchan un poco de música mientras hablan de la xenofobia que impera en territorio mexicano. “Yo no encuentro a mi hijo desde hace siete años, se fue a Coahuila y ya no supe nada de él, lo sigo buscando pero para poder seguir tengo que trabajar y aquí me dieron la oportunidad”, señala Antonio, nativo de San Pedro Sula.

El hombre de 49 años tuvo que huir de su país debido a la violencia de las pandillas que cobraron la vida de su patrón. A la cara le dijeron: “el siguiente eres tú”, así fue como salió de madrugada de su ciudad hacia México, para salvar su vida y poder buscar a su hijo.

“Las plantas son la vida, así que si llevan este programa a Honduras será benéfico para mis paisanos, ya no tendrán que huir y también se podrá reforestar allá, eso es bueno”, concluye el hondureño que anhela regresar a su país.

Mientras Antonio acomoda plantas en un vivero, cerca de allí, a menos de 200 metros, un grupo de salvadoreños, guatemaltecos, hondureños y una mujer mexicana preparan la composta para poder hacer del suelo una riqueza ecológica. A las 14:00 horas el turno se acaba y se van a casa a descansar.

Eduardo Torres | Diario del Sur