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La Opinión

El rol de los vehículos autónomos en un mundo con Covid-19 y post-covid

El uso de vehículos autónomos viene a aportar y empoderar a los trabajadores y ha evitar su posible exposición a contagios de Covid-19

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Miguel Ladrón

El problema fundamental que ha supuesto la pandemia de Covid-19 es la reducción de la interacción física entre las personas por la imposición de medidas sanitarias. 

Si pensamos en el tiempo presente que nos queda de la pandemia de Covid-19 y las medidas que aplicaremos en un futuro para reducir riesgos queda claro que necesitamos una alternativa a la fuerza de trabajo humana para determinados trabajos.

Es aquí donde el uso de vehículos autónomos empieza a cobrar todo el sentido del mundo. Parece como si de forma inconsciente hubiéramos pasado años desarrollando unas tecnologías que están en un nivel óptimo de maduración justo cuando al mundo le hace más falta.

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Empecemos por el principio: ¿Que es un vehículo autónomo? ¿Qué mezcla de tecnologías lo van a hacer relevante de cara a un mundo post-covid? Cuando pensamos en un vehículo autónomo pensamos generalmente en un coche autónomo, a pesar de que es este precisamente al que más le falta para una adopción masiva. 

Un vehículo autónomo es todo aquel vehículo que realiza operaciones de forma autónoma, sin intervención directa en el control por parte de un humano, independientemente del medio por el cual circule el vehículo, cielo, mar o tierra. 

La mezcla de tecnologías que hace esto posible son varias en diferentes escalas pero muchas de ellas son comunes, por ejemplo necesitamos autopilotos que sean capaces de operar de forma autónoma, necesitamos sensores de proximidad o de colisión, una red de localización tanto para exteriores (GPS) como en interiores y a ser posible coordinación con el resto de vehículos.

En muchas de estas tecnologías están aplicadas muchas otras como la inteligencia artificial o el machine learning para mejorar los sistemas o reconocer objetos y distancias a través de cámaras.

Al final un vehículo autónomo no es nada más que un autómata que se desplaza y en este sentido tiene toda la lógica del mundo dotarlo de capacidades que aumenten su eficacia y su valor.

Pero volvamos a nuestro caso de uso, un mundo justo en medio de una pandemia de Covid-19  que necesita reducir riesgos y mantener al personal crítico con buena salud. Necesitamos preguntarnos qué interacciones son más peligrosas y donde podemos reducir riesgos quitando el factor humano.

La idea aquí no es solo minimizar las interacciones entre humanos hasta el punto de venta sino minimizarlas durante toda la cadena productiva. Los vehículos autónomos van a jugar un papel fundamental en el transporte de bienes al pequeño comercio donde un camión autónomo vaya compartimentado y el comercio descargue directamente del vehículo aquello que precisa sin que precise un conductor. 

Además la idea es minimizar el contacto del personal del comercio con los clientes, para ello un asistente robótico en tienda puede ayudar a los clientes a encontrar físicamente lo que necesitan dentro de la tienda y realizar un inventariado de los productos. 

En el sector sanitario ya existen aplicaciones que se van a ver muy potenciadas con el uso de sistemas autónomos.

Por un lado tenemos la gestión de muestras a laboratorios donde cada vez que se requiere una muestra urgente se acaban llamando taxis para que lo lleven cuando un drone aéreo lo puede hacer de forma autónoma por una fracción del coste y mucho más rápido al no tener en cuenta tráfico o semáforos, al igual que en el transporte urgente de órganos.

Pero además la teleasistencia con robots por parte de profesionales médicos, el delivery de comidas o de elementos de lavandería ya se están aprovechando del uso de vehículos autónomos para navegar por el interior de los hospitales.

Ya hemos hablado de cómo un camión autónomo puede hacer delivery a pequeño comercio pero vayamos a algo aún más pequeño como un reparto a domicilio.

Llevamos años en los que el hype creado en torno al delivery con drones aéreos no se corresponde a una realidad, las ciudades no están preparadas para tener drones volando de un lado a otro dejando paquetes en nuestras ventanas.

Las ciudades suelen ser espacios aéreos restringidos cercanos a aeropuertos donde no es sencillo volar y donde el riesgo de que algo salga mal en un vuelo se multiplica con cables y gente debajo.

Sin embargo, tenemos toda una red de tráfico montada y organizada, con canales habilitados y reglas ya puestas… en tierra. Y es precisamente en tierra donde el reparto a domicilio empieza a ser una realidad y se potenciará exponencialmente en los próximos años.

Vehículos de tamaño reducido capaces de navegar por las redes de carriles bici o al lado de los coches y que nos avisen cuando estén en la puerta de casa para que bajemos a por nuestra comida o paquete. Sin intervención de ningún repartidor y pudiendo garantizar todas las medidas sanitarias.

La presencia de vehículos autónomos se está haciendo cada vez más presente en la gestión de emergencias sanitarias, sobretodo en el apartado de seguridad. Donde los drones aéreos nos pueden dar una visión clara de si se cumple la distancia social en determinados eventos o donde su ayuda y eficacia a la hora de fumigar con agentes sanitarios una zona amplia es mucho más rápida que hacerlo con trabajadores.

En definitiva, los vehículos autónomos han demostrado ser un excelente recurso para no poner en peligro las vidas humanas y seguir contando con la integridad de nuestras redes de abastecimiento.

El recurso más valioso de una empresa durante una pandemia son precisamente sus trabajadores, sin ellos no existe fuerza productiva. 

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El uso de vehículos autónomos viene a aportar y empoderar a los trabajadores y ha evitar su posible exposición a contagios.

La tendencia en el uso de vehículos autónomos ya era creciente antes de la pandemia pero su necesidad y beneficios durante la misma han conseguido elevar su relevancia, han venido para quedarse.

Por Miguel Ladrón de Cegama Gimeno