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Las bailarinas temen perder su empleo por la pandemia de Covid-19 en Michoacán

A Yoatzin le preocupa que se pueda quedar sin trabajo, pues la afluencia a los centros nocturnos donde trabaja como bailarina ha caído drásticamente durante este año

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La bailarina trabaja en Morelia, Michoacán. / Foto: Cuartoscuro

MORELIA, Michoacán. “El virus ya nos chingó a todos”, dice Yoatzin cuando se le pregunta su opinión sobre la pandemia. Se dio cuenta que era una más de la lista cuando perdió el olfato y el gusto. Acusa a su ex de haberla contagiado por “ser un inconsciente”, pero también considera la posibilidad de que haya sucedido una noche cualquiera, en su trabajo como bailarina en el table dance.

En cuanto se percató de los síntomas, dejó de acudir a trabajar, pero al no contar con seguro ni ninguna prestación social, tuvo que sacar de su bolsillo para pagarse la consulta médica y después encerrarse en su casa hasta que todo pasara.

Tiene miedo. En entrevista confiesa que más allá de Covid-19, le preocupa que se pueda quedar sin trabajo, pues la afluencia a los centros nocturnos ha caído drásticamente durante este año. No concibe que estos sitios que se caracterizaban por seducir extraños a altas horas de la madrugada, ahora sólo tengan la posibilidad de estar disponibles de 1 a 7 de la tarde.

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“En la semana tenemos de una a cinco mesas, no más. Ya el fin de semana puede llegar a incrementarse un poco más, pero igual no es tanto, entonces como a todo y todos, también nosotras nos estamos viendo afectadas con la pandemia”.

Yoatzin tiene 20 años y dos trabajando como bailarina. Entre risas relata que todo comenzó cuando a los 18 sus padres la corrieron de casa. Con el mundo de frente y sin muchas opciones, emigró al municipio de Villa Madero, donde una amiga le ofreció trabajo en un bar.

“Yo pensaba que iba a ser mesera, cuando llego me dice que es de bailarina. Yo no sabía nada de bailar, pero el sueldo era tentador y las comisiones estaban altas en aquel entonces. Recuerdo que la primera vez que lo hice me partí la madre con los tacones, pero me levanté y seguí, como todo”.

En este tramo de vida, ha pasado por el Amazonas, Cachorras y La 10. Con el pasar de las noches y los consejos de sus colegas, aprendió que no se tiene que dejar manosear y sobre todo, a beberse las copas con una prisa endemoniada.

Son malos tiempos los que corren. Yoatzin durmió poco y está desvelada, gracias a que ha sabido hacerse de clientes por fuera del centro nocturno. Si se hubiera limitado a bailar de 1 a 7 de la tarde, su economía ya hubiera entrado a una etapa crítica.

“En el table nos recortaron el salario más del 50 por ciento, las comisiones quedaron igual, pero sin clientes no sale. Entonces a nosotras nos conviene más estar trabajando por fuera y también a los que nos contratan, ya que nos han dicho que gastan menos”, comparte la bailarina.

Cuando se le cuestiona si no teme que se vuelva a contagiar, responde con un “¡No mames!”, como si la pregunta fuera absurda. Entiende que ningún cliente le va a decir “sabes qué, no me sabe la chela”, pero dentro de todo, trata de hacer valer sus propias medidas de prevención.

“Está el temor, lo normal. Ellos no nos pueden tocar, es solamente un baile sin meter mano y para tomar con los clientes, pues te sientas a un lado, ya no es como antes de que llegabas y te ponías sobre sus piernas”.

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Yoatzin sabe que en este 2021 no se puede hablar de firmeza en ningún ámbito de la vida. Aunque en el table dance no se les ha alertado de nada, sabe que es cosa de tiempo para que los vuelvan a cerrar completamente y ahí sí, habrá incertidumbre laboral.

“No creo que se quite de la noche a la mañana”, reflexiona finalmente sobre el Covid-19. Entre risas, otra vez, confiesa que no se ha podido hacer de una casa porque simplemente se ha gastado todo lo que ha ganado. Sí da miedo, admite. Pero también es entusiasta, sabe que los 14 de febrero siempre habrá alguien que necesite de amor y amistad.

Víctor Ruiz | Organización Editorial Mexicana