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La turistificación sin control de Mazatlán acaba con el paisaje natural de la zona

La masificación del destino transforma los paisajes naturales y urbanos

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MAZATLÁN, Sinaloa. Aunque el turismo es la principal actividad económica de Mazatlán, porque genera empleos, derrama económica y biodiversidad cultural, tampoco se ha controlado la turistificación, con la afluencia de visitantes que se ha duplicado, las habitaciones de alojamiento que se han triplicado y el aumento del desarrollo inmobiliario.

Mazatlán es un destino privilegiado por su vista a la bahía, coronada con sus tres islas y sus atardeceres con tonos naranjas, y su malecón, considerado el más largo de Latinoamérica con 21 kilómetros de extensión, adornado por numerosos monumentos y sede de la máxima fiesta porteña, el Carnaval.

Sin embargo, la llegada masiva de turistas está ocasionando una transformación socioespacial cada vez más enfocada a atender las demandas de los visitantes, mientras que las necesidades de los mazatlecos se van viendo desplazadas.

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Los servicios públicos y las vialidades colapsan, se genera una cantidad exponencial de residuos sólidos, los productos se encarecen, pero también está modificando sus paisajes, tanto naturales como urbanos. Mazatlán está viviendo un proceso de turistificación.

Mayor presencia de visitantes en espacios centrales de la ciudad, un incremento en las actividades vinculadas al consumo turístico, la actividad comercial se orienta a atender a los clientes foráneos, conversión de la vivienda a una nueva mercancía turística, la creación de un paisaje en donde predominan más elementos turísticos, son algunos de los síntomas de este fenómeno y el puerto los tiene todos.

En otras entregas ya hemos abordado el tema de la actividad turística y su impacto en los servicios públicos, en la movilidad. En esta edición abordaremos cómo la masificación del destino está transformando los paisajes naturales y urbanos, las áreas de oportunidad y lo que se propone hacer.

Basta con darse la vuelta por la zona costera y ver las decenas de torres departamentales que se construyen, las palapas en zona de playa que sobrepasan la altura permitida, los comercios semifijos y ambulantes que saturan la playa Pinitos o que se colocan a lo largo del malecón, para observar cómo el paisaje se está transformando.

El paisaje, explica la maestra en Ciencias Jocelyn Arreola Lavega, se ha conceptualizado desde diferentes ramas, desde la geografía o las artes, desde lo urbano o lo social; siempre está en constante cambio según las necesidades de la humanidad.

“Nuestro paisaje costero ha cambiado a lo largo de la historia, antes no había todas estas torres, tenemos un paisaje que se está modificando según las necesidades de la humanidad, intereses privados, de desarrollo empresarial, privilegiando las cuestiones de empleo y economía.

El paisaje es un complemento visual muy importante que se ha tomado como un producto turístico que se mercantiliza, pero también se desgasta, se degrada y se puede acabar si no se cuida. En el malecón ya se están viendo algunos estragos”.

La estudiante del doctorado en Gestión del Turismo en la Universidad Autónoma de Occidente menciona que el malecón es uno de los espacios más emblemáticos, un corredor cultural en el que se realizan diferentes eventos que son parte de la identidad del puerto y donde hay diferentes actores, por ejemplo, los pescadores de Playa Norte.

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Durante temporadas altas como Carnaval, Semana Santa y verano, el paseo costero está lleno de turistas y cada vez hay más comerciantes y/o establecimientos con giros dirigidos a este sector.

Para los mazatlecos, el malecón es un espacio que forma parte de su rutina, da sentido de pertenencia, pero, ¿qué pasaría si llega el momento en el que todo el año se mantiene la temporada alta? “El malecón es un espacio muy importante que ha tenido remodelaciones, ¿con el fin de satisfacer la demanda turística o de los locales? ¿Qué pasa si se empiezan a mantener siempre las temporadas altas? La gente ya no va a optar por ir a hacer ejercicio al malecón, ya no va a tener el mismo uso que le dan los locales”, cuestionó.

“La privatización, mercantilización del espacio, las segundas residencias, la especulación inmobiliaria, un aumento de negocios comerciales y vendedores ambulantes, de alguna manera están transformando el paisaje.”

Arreola Lavega fue muy enfática al señalar que no se trata de decir que el turismo, o quienes se dedican a él, es malo, sino más bien de evidenciar la falta de estrategias para mantener un equilibrio entre esta actividad y las necesidades de los locales para evitar que no solo los servicios públicos colapsen, sino también el paisaje natural y urbano de este puerto.

Y es que actualmente la política en materia turística desde la esfera gubernamental y empresarial es incrementar la conectividad aérea, aumentar el arribo de turistas, construir más centros de hospedaje y ampliar la oferta de atractivos, pero sin considerar ninguna regulación a la actividad.

Si bien es cierto que los impactos del turismo no son todos negativos, pues este sector genera muchos empleos y una diversidad cultural, a la larga sin una correcta planeación y gestión, la ciudad podría colapsar.

Algunos estragos ya se están viviendo: generación excesiva de basura, contaminación de playas, tránsito lento, rebosamiento de drenajes en zonas turísticas…

“¿Estamos preparados para recibir a tanto turismo? Qué bien que Mazatlán está creciendo, que esté teniendo más turistas, que más personas estén conociéndolo, pero ¿cómo lo estamos gestionando? A eso va mi pregunta, ¿qué medidas estamos tomando para proteger las necesidades, también de nuestra gente, de los locales?”, cuestionó.

El paisaje natural es un incentivo por sí solo para atraer más turismo, pero si la actividad crece sin ningún plan de administración, este atractivo se puede perder.

Un recurso natural que se desgasta, se daña (…) todo se transforma y todo cambia, pero no todo se debe mercantilizar, se debe también cuidar y gestionar.”

Una correcta gestión de la actividad turística, precisó, es aquella que se hace desde diferentes perspectivas, desde la mirada de expertos, investigadores, académicos, medios de comunicación, organizaciones civiles, ciudadanos, empresarios y autoridades.

“Cuando hablamos de gestión en cuestiones de política pública habla sobre estas medidas de legitimación jurídica que se llegan a tomar con implementación de mecanismos de vigilancia cuando hay mecanismos de control, cuando hay sanciones, cuando hay procesos administrativos, cuando hay acciones educativas, cuando haya investigación, análisis del problema, una correcta toma de decisiones y aplicarlo”, detalló.

Consideró que de nada sirve implementar políticas públicas si no hay coordinación, si no hay gestión, si no hay delegación de responsabilidades y al final se va a responder a los intereses de unos cuantos.

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El turismo tiene tantas vertientes e intervienen muchos actores y factores, pero no siempre se dan cuenta de ellos ni tampoco se consideran sus necesidades.

Ambientalistas mazatlecos han emprendido una defensa, legal y social, contra la construcción de la tirolesa que unirá a los cerros del Crestón y del Vigía.

El activista y biólogo Gildardo Izaguirre mencionó que este proyecto es un agravio a un ícono de los mazatlecos, un espacio a donde la gente va a pasear y observar el paisaje, el cual se verá ensuciado y degradado con este proyecto que masificará el faro, un espacio natural.

“El asunto de que se va a hacer masivo el Cerro del Faro, se va a convertir en un centro de diversiones, donde la gente que iba a ver los atardeceres, a ver el mar, ya no va a tener cabida. Va a ser una cantidad enorme de personas haciendo cola para subirse a la tirolesa.

El faro es un sitio turístico, pero no tiene por qué convertirse en un sitio turístico de masas, es un turismo de naturaleza y los mazatlecos tenemos un derecho legítimo a defender ese espacio porque es un derecho humano universal, el paisaje”, expresó.

Sinaloa cuenta con una Ley para el Fomento del Turismo publicada en 1988 sin ser actualizada.

En el 2013 empieza el auge turístico en el destino con la inauguración de la carretera Mazatlán-Durango.

En el 2018 Mazatlán fue sede del Tianguis Turístico, convenciones para la cual se hizo una importante inversión en espacios turísticos.

Datos de la Secretaría de Turismo revelan que en el año 2013 Mazatlán recibió un millón 931 mil 941 visitantes y 83 mil 981 turistas navieros. En el 2023 alcanzó una cifra récord de 4.1 millones de visitantes; en 10 años la afluencia se duplicó.

La Asociación de Hoteles Tres Islas indicó que en el año 2000 en el puerto había 6 mil 500 habitaciones de alojamiento; actualmente, entre cuartos de hotel y renta vacacional hay 19 mil y 3 mil más en construcción; en 20 años se triplicaron.

La Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios informó que en el puerto hay 173 desarrollos en proceso de construcción, de los cuales 126 son para el mercado turístico, torres departamentales, es decir, un 72.83 por ciento.

Carla González / El Sol de Mazatlán

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