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El Lago de Texcoco es un eslabón del pasado de la Ciudad de México

Seguir la historia cronológica de lago es también profundizar en el pasado de la construcción arquitectónica de la ciudad

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Foto: Alejandro Aguilar

Árido, consumido, vulnerable ante el crecimiento de la mancha urbana, así se ve desde el cielo el Lago de Texcoco, en cuyo interior hay vida, pues apenas se excava un metro y el agua emerge como símbolo de la perpetuidad del que fue, mucho antes del Imperio Mexica, epicentro fundacional de poblaciones de cazadores nómadas que exploraban el que es ahora el continente americano.

Entender la importancia cultural, histórica, social e incluso económica del Lago de Texcoco es excavar en la fundación de la capital del país, es ir incluso miles de años atrás cuando los primeros pobladores llegaron a este oasis, atraídos por su extensa fauna y flora que permitió asentamientos fechados hasta 15 mil años antes de Cristo. Ahí inicia la historia fundacional del México de hoy.

Ese espejo de agua de más de cinco mil kilómetros cuadrados es hoy un eslabón del pasado de la Ciudad de México, asentada precisamente en sus aguas saladas.

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“Puedo comentar de manera aleatoria, para tener una perspectiva rápida, que hay trabajos sobre poblamiento temprano del continente y de la presencia del hombre antiguo en la orilla de la ribera oriental del Lago de Texcoco en un yacimiento que se conoce como el yacimiento de Tocuila, y hay evidencia ahí de actividad humana asociada al aprovechamiento de la fauna entre 15 mil y 12 mil años de antigüedad.

Estamos hablando de la colonización del continente americano y eso le confiere precisamente a la ribera oriental del Lago de Texcoco un enorme significado porque es ahí en Tocuila y Santa Isabel Ixtapan, que también está en la orilla oriental del lago, donde se tiene evidencias más sólidas de actividad humana asociada a ese tipo de fauna”, explica en entrevista Luis Morett, investigador de la Universidad de Chapingo.

El asentamiento, permanente o temporal, de los primeros pobladores alrededor del lago responde a la sencilla razón de ser una fuente de alimentos constante y segura, apunta el doctor Gerardo Gutiérrez, de la Universidad de Colorado.

“Cuando llegan los primeros humanos se empieza a habitar porque es una zona que los atrae bastante, pueden cazar aves y, quitando los mamuts y mastodontes, hay fauna más pequeña atraída al lago. Es una fuente de recursos naturales que posteriormente va a promover la interacción entre todos los pueblos que viven en las orillas del lago”, recalca el también arqueólogo.

“En este marco de abundancia se desarrollaron centros que transformaron las aguas de los lagos en verdaderas vías de comunicación, identificaron los lugares propicios para la caza y la pesca y aprovecharon cada recurso que tuvieron a la mano para sobrevivir. Este pródigo territorio, por sus seductoras características, atrajo a diversos grupos y permitió su reproducción y supervivencia, al tiempo que creó tensiones entre ellos”, describe Maribel Aguilar Aguilar, maestra en Historia por la UNAM.

Así, el Lago de Texcoco ha adquirido un rol fundamental para el desarrollo del Valle de México y protegerlo, conservarlo y estudiarlo es conocer el origen de la ciudad donde habitamos; es apreciar los recursos naturales que permitieron la construcción de lo que hoy es la Ciudad de México: “Ha sido el espacio a partir del cual se incubaron no sólo los primeros hombres que colonizaron el área de la cuenca de México sino que fue y ha sido en el transcurso del tiempo una matriz generosa para soportar el desarrollo civilizatorio de la cuenca de México”, reafirma Luis Morett.

El Lago de Texcoco fue parte de un sistema de lagos localizados al noroeste del Valle de México que se distinguieron por el carácter distinto de sus aguas; pues mientras los lagos de Xochimilco y Chalco contenían aguas dulces, las de los lagos Texcoco, Zumpango y Xaltocan eran salobres. De hecho, los antiguos pobladores de las riberas y los islotes de estos tres últimos lagos se dedicaban a la explotación de sal, que obtenían mediante la evaporación del agua de estos Lagos.

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“Es una cuenca cerrada. Los cinco lagos que componen el Lago de la Ciudad de México son una cuenca cerrada, por lo tanto es una cuenca endorreica y tiene diferentes niveles. Tenemos unos lagos en una parte alta en la zona de Xaltocan y Zumpango que son de aguas dulces, Chalco y Xochimilco. Toda esa agua escurre a la parte baja del lago.

Entonces es un hecho que era uno de los cuerpos de agua que atrae fauna a la zona y tenemos actividad de aves migratorias de Estados Unidos a México, y viceversa desde épocas antiguas, tenemos la llegada de animales, inclusive del Pleistoceno. Es un espacio muy rico y mínimo desde el año nueve mil antes de Cristo, registro donde había ocupación humana en algunas partes del Lago”, recalca el investigador Gutiérrez.

“Las aguas dulces de los lagos de Chalco y Xochimilco tuvieron especial demanda, ya que representaron un marco altamente favorable para el establecimiento humano. El análisis de los vestigios depositados en las riberas fósiles de estos lagos reveló cinco milenios de habitación permanente por comunidades dedicadas a la explotación de los recursos silvestres, lacustres, perennes y estacionales”, acota Aguilar Aguilar en su investigación La paradoja del agua: el sistema lacustre de la Cuenca de México.

Al respecto, precisa Morett, que “sin duda en el Lago de Texcoco los procesos de ocupación tienen una historia añeja y siempre hemos querido verlo como algo cercano en el tiempo, pero el sistema lacustre fue un enorme imán desde hace 15 mil años cuando ya era un reservorio de fauna y flora y fue atractivo fundamental para los primeros grupos y bandas de cazadores y recolectores”.

Además de ser una base alimenticia, el lago adquirió con el tiempo diversos simbolismos de acuerdo con la cosmovisión de sus poblaciones cercanas. El mito más conocido es precisamente el de la fundación de Tenochtitlán cuando los antiguos mexicas recibieron la orden de su dios Huitzilopochtli para abandonar su lugar de origen y peregrinar hasta encontrar la señal: águila devorando una serpiente posada sobre un nopal. Y de ahí surgen leyendas, dioses y mitos para responder al pensamiento prehispánico.

“Ese espacio va adquiriendo significado y los humanos mismos le van atribuyendo simbolismos, el más importante es la fundación de Tenochtitlán y después el lugar mismo se convierte en un espacio tomado por los españoles por su importancia simbólica, poder político y económico”, refiere Gerardo Gutiérrez.

Incluso, existió una diosa de la sal denominada Huixtocihuatl que, de acuerdo con el franciscano Bernardino de Sahagún, era “hermana de los dioses de la lluvia y, por cierta desgracia que hubo entre ellos, la persiguieron y desterraron a las aguas saladas, y allí inventó la sal con tinajas y amontonando la tierra salada”, según describió en su libro Historia general de las cosas de la Nueva España.

Precisamente por su salinidad el lago fue intervenido en diferentes épocas para el aprovechamiento de sus recursos, al tiempo que empujó a las comunidades aledañas a adoptar su sistema de alimentación, agricultura y economía a la materia prima surgida de sus aguas.

La historiadora Aguilar Aguilar precisa en su investigación que “tras la conquista española, se crearon nuevas exigencias para el uso de la sal, las cuales contribuyeron a la creación de diferentes yacimientos, aunados a los preexistentes que databan de tiempos prehispánicos”.

Uno de los recursos naturales más aprovechados, desde la época prehispánica, fue el tequesquite que era usado en la preparación de los alimentos y actualmente es un ingrediente base en diversas recetas de la cocina tradicional mexicana.

Precisamente, Morett señala que la relevancia actual del Lago de Texcoco es que aún se conservan algunas prácticas culturales milenarias heredadas de la relación con el agua salada del lago.

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“Desde una perspectiva actual y de carácter etnográfica, el lago es actualmente el único reducto que ha logrado sobrevivir con prácticas antiguas del aprovechamiento de recursos que ofrece, estoy hablando de la sal de tierra, de los nidales de aves migratorias, son cosas importantes que se tienen que decir porque prácticamente en ninguna otra parte de la enorme Cuenca de México existe, es difícil encontrar ese testimonio de carácter etnográfico con población viva que ha heredado y mantiene el aprovechamiento de recursos naturales”, detalla la investigadora.

Seguir la historia cronológica de lago es también profundizar en el pasado de la construcción arquitectónica de la ciudad, pues si bien en la época de Tenochtitlán se ajustaron sus canales para el aprovechamiento de los recursos y su comercialización en canoas, con la conquista española comenzó su sequía por la mano del hombre para detener las inundaciones en la Nueva España. Desde entonces, el lago mientras es una fuente de vida, se convirtió en el enemigo de la urbanización.

“Las inundaciones derivaron en la construcción de obras de drenaje que, continuadas por los sucesivos gobiernos en la época del México independiente, han llevado a la desaparición casi total de los cinco lagos que componen el sistema formado por los lagos de Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco”, detalla.

Los investigadores coinciden en la fortuna de que fracasara el proyecto del nuevo aeropuerto diseñado en esta zona, pues además del riesgo que significaba para las propias operaciones de vuelo en un suelo lacustre, señalan que aun a pesar de su condición de sequía, el lago está vivo: contiene agua en su interior y conserva tradiciones milenarias de las comunidades cercanas.

“Sí existe una dinámica sociocultural en la ribera oriental, me refiero a Atenco, Tocuila, Santa Isabel que son pueblos activos y que existen desde el Postclásico con una raíz de ocupación más antigua y en todos estos pueblos hay gente que sigue aprovechando los recursos accesibles, recursos al alcance del lago y mantienen tradiciones de una antigüedad excepcional, esa es la parte antigua que está viva en el Lago de Texcoco y sí existe la oportunidad de recuperar el espacio natural y sano, y una oportunidad para que tradiciones de aprovechamiento revivan”, insiste Morett quien en una exploración del lago caminó 200 kilómetros cuadrados donde encontró una amplia fauna desde aves, reptiles y otros animales.

Su recuperación y conservación responde más que una deuda con la naturaleza, a una necesidad de supervivencia.

“Hay áreas de captación y filtración que son básicas para la vida de la Ciudad de México, estas áreas de captación se conserven para nutrir los mantos acuíferos, me parece que es una estrategia vital para los que habitan en la Ciudad de México. En términos culturales, la recuperación del Lago de Texcoco va a proveer a la población vecina de un área sana ecológicamente con un equilibrio natural que ya no se encuentra en la ciudad”, concluye Morett.

Sonia Ávila | El Sol de México