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La Opinión

Todos ganan con una invasión, pero Ucrania pierde

Ucrania es un punto estratégico para Rusia en materia energética, tanto en infraestructura como en recursos y era básico para Moscú controlar Crimea

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La crisis entre potencias por Ucrania está aderezada con una campaña de amagos por parte de todos los actores que intervienen en ese conflicto, pero los principales líderes de occidentales vieron una muy buena oportunidad para catapultar sus carreras políticas de un bando y del otro.

Primero, el antagonista para Occidente, el mandatario de Rusia, Vladimir Putin, busca que el mundo y los rusos los reconozcan como un personaje poderoso y aunque ha conseguido que su mandato se extienda hasta 2036, su aceptación entre los jóvenes de su país no es tan fuerte y evidentemente necesita conversarlos de que él es la mejor opción.

En 2021, demoscópica Opinión Pública, registró que la confianza de los rusos en el jefe de Estado descendió a 53 por ciento, su punto más bajo en doce meses. Más del 35 por ciento de los encuestados respondió que no confía en el Presidente. Pero él confía en dar un golpe mediático mundial como el de 2014 cundo se anexionó Crimea.

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En el nuevo capítulo contra Ucrania, Putin argumenta que la base de sus amenazas bélicas tiene que ver con la seguridad de Rusia, pues considera al país exsoviético parte del cordón de seguridad de su territorio, esta reacción se debe a que Kiev tiene planeado solicitar su ingreso a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Si dejar de lado que Ucrania es un punto estratégico para Rusia en materia energética, tanto en infraestructura como en recursos y era básico para Moscú controlar Crimea que le da salida natural al Mar Negro, pero ya no es suficiente y Putin tiene ambiciones más fuertes como volver a controlar a todos los países que alguna vez formaron a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Del lado de Occidente también hace aire, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, le urge un triunfo de donde sea, la salida militar de Afganistán lo puso en el suelo de la popularidad en su primer año de gobierno, que se complicó más con altos niveles de migración y una pandemia de COVID-19 que desplomó todas las aspiraciones de crecimiento económico.

Para el presidente de Francia, Emmanuel Macron, es una inmejorable oportunidad para darle un buen levantón de popularidad a su campaña de reelección, que buscará el próximo abril, para el huésped del Eliseo también es una buena oportunidad para tomar el vacante liderazgo europeo que dejó la canciller alemana Angela Merkel, aunque esos zapatos son muy grandes para poder llenarlos.

No se diga para el primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, un triunfo en Ucrania borraría casi de tajo sus apoyo absoluto al Brexit, que con la llegada de la pandemia provoca fuertes desabasto de productos, la misma crisis sanitaria provocó que el premier asistiera a fiestas prohibidas durante los confinamientos, una de esas reuniones un día antes de los funerales del príncipe Felipe. Falta ver si le da tiempo porque ya se presiona por su dimisión.

Para el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, también hay una oportunidad con Crimea, pues hay muchas voces que están en contra de sus medidas antiCOVID y que se han agrupado en “La Caravana por la Libertad” que ya tiene replicas en muchos países de Europa, una incursión bélica en suelo ucraniano bajaría y desviaría la tensión a su gobierno.

Para Olaf Scholz, el nuevo canciller alemán, un triunfo sobre Rusia lo colocaría como un político bastante fuerte al inicio de su mandato, pero hay que recordar que su antecesora siempre apostó por el diálogo hasta con Putin, ahora se necesita ver de que está hecho el nuevo mandatario y que tanto puede colocar a Alemania en un sitio de prioridad.

Actualmente, la OTAN cuenta con 29 países miembros (Albania, Alemania, Bélgica, Bulgaria, Canadá, República Checa, Croacia, Dinamarca, Estados Unidos, Estonia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Francia, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Montenegro, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Rumania y Turquía).

La cuestión de la ampliación está regulada en el artículo 10 del Tratado del Atlántico Norte, que establece que la membresía está abierta a cualquier “Estado europeo en condiciones de promover los principios del presente Tratado y de contribuir a la seguridad de la zona del Atlántico Norte”.

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El asunto es que los tambores de guerra siguen sonando, y eso ya no le gustó mucho al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, quien parece que se está retractando de toda su campaña contra Rusia, al señalar que las declaraciones de Estados Unidos sobre una posible incursión Rusia a Ucrania es inminente antes de que termine este mes es exagerada.

De entrada, Estados Unidos sacó el paso fin de semana a una reserva de la Guardia Nacional de Florida que tenía en Ucrania, inició la evacuación de su personal diplomático y pidió a los estadounidenses que viven en ese país acelerar sus salida.

Una medida que también recomendó Italia, España, Reino Unido, Alemania, Países Bajos e incluso México pidieron a su gente valorar su estancia en Ucrania, en medio de ese medida, Biden sostuvo una nueva reunión con su par ruso Putin donde le amenazó con consecuencia graves y rápidas ante una posible incursión.

Las cartas están echadas, Ucrania no es ajena a los conflictos bélicos y tragedias como la de Chernobyl, pero tanto Occidente como Rusia se pueden meter en un laberinto que puede resultar contraproducente, sobre todo, si un hipotético choque bélico se extiende más de lo planeado. Hay que ver hasta donde llegan las ambiciones de unos y de otros. O usted ¿qué cree?

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