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El productor Luis de Llano fue la mente detrás del Festival de Avándaro

Recuerda cómo se inspiró para darle forma al primer festival de rock que se celebraría en el país y asegura que el gobierno fue en gran medida el responsable de que la gente viera con malos ojos este evento

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Fotos: Archivo

Era la tarde del jueves 9 de septiembre de 1971 cuando el productor Luis de Llano Macedo llegó a la localidad de Avándaro, en el Estado de México, ubicada a 150 kilómetros de la Ciudad de México, para iniciar los preparativos del primer festival de rock que se celebraría en el país, el 11 de septiembre de ese mismo año.

Cuando llegó, se percató de que ya había miles de personas acampando en los alrededores y conforme avanzaron las horas, poco a poco fue llegando más gente, para el viernes ya había 50 mil asistentes.

“Había hombres y mujeres, matrimonios jóvenes con sus bebés, niños que estaban cargando, algunas embarazadas”, recuerda.

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Ese fue el inicio del evento que, pese a haber sido catalogado por los medios como una noche de “encueramiento, mariguaniza, degenere sexual, mugre, pelos, sangre y muerte”, cambió el rumbo del rock mexicano y este año cumple cinco décadas de su realización.

“Lo que me sorprende es cuando me preguntan qué voy a hacer para los 50 años de Avándaro, ya pasó tanto tiempo y parece que fue ayer”, comenta con una expresión de incredulidad en su rostro. “Fue el encuentro de clases sociales, de repente todos se identifican, porque están igual de mojados y se pierden aquellos estigmas malos que existen entre unos y otros”, dice.

Esa desaparición de barreras sociales, según agrega Luis de Llano, es en su opinión el motivo de que ese evento haya trascendido hasta nuestros días, y sobre todo que su memoria haya sobrevivido a las críticas que recibió en aquel entonces.

Afirma que el gobierno fue en gran medida el responsable de que la gente viera con malos ojos lo que se estaba haciendo en Avándaro, pues tras la matanza estudiantil de 1968 y el llamado Halconazo que se había dado tan sólo tres meses atrás, en junio de 1971, veían con desconfianza que un grupo grande de jóvenes se reuniera en un mismo lugar.

La idea llegó a la mente de Luis de Llano luego de haber pasado tiempo viajando por la costa oeste de Estados Unidos, y asistir al Festival de Woodstock (que tuvo lugar en agosto de 1969), donde le surgió la inquietud de realizar un evento similar en México. La difusión se comenzó a hacer en algunos espacios de Telesistema Mexicano (hoy Televisa), y de boca en boca entre los jóvenes.

Originalmente se habían emitido 10 mil boletos, con un costo de 25 pesos cada uno, y se suponía que la mañana del domingo 12 de septiembre se celebraría la entonces tradicional carrera de autos Circuito Avándaro. Pero el rock tenía otros planes, y para cuando llegó el sábado, ya había alrededor de 250 mil personas en la zona y ya no se cobraba la entrada.

 “Eran tiempos donde la tecnología en la parte de la música y los conciertos de rock era bastante rupestre, no teníamos lo que hay ahora, como en el Foro Sol, el Autódromo Hermanos Rodríguez, o en otros lugares donde hacen los eventos que tienen esa tecnología de sonido envolvente, con pantallas y luces que son partes del espectáculo, estábamos en pañales. Tampoco trajimos a ningún artista famoso de ese momento, pero la gente seguía llegando porque querían vivir la experiencia”, señala De Llano.

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Cuando cayó la tarde del tan esperado 11 de septiembre se comenzaron las pruebas de sonido y ya se vivía un ambiente de fiesta. Grandes grupos de personas pasaban el tiempo bailando, cantando, fumando, e incluso haciendo yoga, según recuerda el productor; y tras bambalinas los grupos se sorteaban el orden de aparición.

En total se contó con la participación de 11 artistas: Los Dug Dug’s, El Epílogo, La División del Norte, Tequila, Peace and Love, El Ritual, Bandido, Los Yaki con Mayita Campos, Tinta Blanca, El Amor y Three Souls in my Mind.

Pese a que había un gran número de personas, y algunos de ellos incluso treparon las torres de control en medio de la emoción, De Llano Macedo destaca que no se registró ningún acto delictivo ni ningún accidente, más allá de algunas personas con deshidratación o caídas leves.

Pero los titulares no destacaron nada de eso, sino los disturbios imaginarios que supuestamente se habían derivado del elevado consumo de drogas y alcohol, pero en la realidad no hubo compra -venta de sustancias ilícitas, y la cerveza se acabó muchas horas antes de que iniciara formalmente el festival.

“Se acabaron los refrescos, se acabaron las chelas. Todo el mundo empezó a compartir lo que traía”, recuerda. “Sí fumaban mariguana, como lo siguen haciendo en todos lados, antes era ilegal fumar en la calle, y ahora ya no”.

Mojados por la lluvia, sin haber comido en horas, y en ocasiones completamente a oscuras debido a los apagones que se generaban por el clima, los asistentes continuaron la fiesta hasta la madrugada del domingo 12 de septiembre. Alrededor de las dos de la mañana, su entonces esposa le pidió que se retiraran del lugar para ir al hotel a descansar.

“¡No nos podemos ir, mira lo que hicimos!”, exclamaba De Llano emocionado ante las escenas de euforia que estaban frente a sus ojos.

Agarraba el micrófono y gritaba eeehhhh, y todos respondían eeehhh

Finalmente cedió ante la petición de trasladarse al hotel, donde pudo ducharse y se quedó dormido durante unas horas. A las 6 de la mañana regresó al lugar y para su sorpresa todavía se encontró con muchas personas que seguían disfrutando de la música, y poco antes de las ocho de la mañana, el evento finalmente llegó a su fin.

Aunque a su regreso a la Ciudad de México, tanto De Llano como el resto de los organizadores (Eduardo y Alfonso López Negrete, Justino Compeán y Armando Molina) pensaban que los iban a recibir con elogios por haber logrado un evento de tal magnitud, la historia fue muy diferente.

La prensa y el público en general los repudiaron por ser responsables de lo que creían había sido una especie de orgía masiva, e incluso él se vio obligado a entregar a sus jefes las cintas del evento, las cuales nunca más vieron la luz del día.

Así comenzó una etapa de silencio al rock, que se extendió durante más de diez años, causando que muchos artistas de la época “se apagaran” en esa transición. “Las familias lo vieron como si fuera una gran vergüenza”, comenta De Llano, quien en 1971 tenía 26 años.

 “El gobierno empezó a hacer una censura muy grande con el rock, castigaron a los jóvenes y fue muy injusto, porque en ese momento había gente que estaba empezando, pero entramos en la oscuridad de la música de rock en México”, agregó.

El productor subrayó que lejos de ser motivo de escándalo, Avándaro debió haber sido reconocido por la noche que despertó la necesidad de expresión a través de la música. “El rock and roll retrataba el amor, pero el rock le canta a la vida y a la existencia, entonces ese espíritu surge a partir de eso (el festival)”.

Una de las figuras que generó más conmoción fue la llamada “Encuerada de Avándaro”, una joven que subió al escenario en topless a bailar y cantar, y generó una oleada de críticas.

El productor destaca que esa figura fue crucial para la revolución femenina de la época, ya que simbolizó la liberación del cuerpo y la libre expresión, dos valores que cobraron mucha fuerza en los 60.

“La mujer empezó a ser más liberada, ya tenía otra actitud y otro comportamiento en su casa y en su vida. Hubo una evolución, de ahí viene el inicio del empoderamiento de la mujer. Se liberó de muchas cosas, y empezó a cambiar su vida y su actitud. Los hombres también cambiaron, empezaron a ver otro tipo de actitudes en ellas”, comenta.

Pero no sólo fue una escena, sino varias mujeres las que se despojaron de sus prendas, debido a que a causa de la lluvia todas estaban empapadas. Sin embargo, subrayó que en todo momento predominó un ambiente de respeto.

“Hubo una chavita que sube al escenario en un momento que dijimos ‘aquella que se suba, se quite la camiseta y se ponga la de Avándaro, se la regalamos’. Y subió una chavita chaparrita, muy guapa, y se quitó la camiseta, pero no hubo un chiflido, un grito, ni una mala palabra. Un silencio total, y se puso la camiseta de Avándaro y vino una ovación”, finalizó.

El libro de Luis de Llano donde recopila su experiencia y la de algunos de los artistas que se presentaron ahí, se presentará este 11 de septiembre en Valle de Bravo.

Belén Eligio | El Sol de México

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