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El Palacio Alvarado alberga una bella historia de amor chihuahuense en Parral

Hace 18 años abrió sus puertas al público como un gran atractivo para el turismo internacional

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Fotos: Cortesía Palacio Alvarado

PARRAL, Chihuahua. Un 30 de mayo de 2003, el Palacio Alvarado abrió sus puertas como nuevo casa-museo de la ciudad de Parral, el cual se ha convertido en un referente cultural para los parralenses, así como para los turistas que visitan la ciudad.

Es una construcción también denominada como “monumento al amor” y considerada uno de los principales museos del norte del país, por su vasto acervo histórico y su valiosa construcción.

Francisco Alvarado, padre de Pedro vivía en la colonia Alfareña, en una de las casas donde hasta el momento se encuentra el palacio, mientras que su hijo Pedro Alvarado Torres, nació el 16 de julio de 1873 en el barrio de Guanajuato, en una casa que actualmente se ubica frente a los juzgados; fallece el 16 de diciembre de 1937 a los 64 años de edad en la ciudad de Parral.

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Al fallecer Francisco Alvarado en 1895 hereda a sus hijos la mina “La Palmilla”, de la cual unos años después, Pedro se convierte en el dueño absoluto.

En el plano catastral de Parral de 1882 se indica que la calle Guillermo Prieto comunicaba al río, lugar donde según la historia acudía la modista Virginia Griensen a lavar, debido a que provenía de una familia humilde de padres músicos originarios de Chihuahua, quien además se convertiría en la esposa de Alvarado.

Cuando Pedro Alvarado hereda la mina, decide adquirir todas las casas de los vecinos para hacer de ella una sola residencia de dos mil metros cuadrados, al municipio le compra dos tramos de calle que concentran la Riva Palacio y Guillermo Prieto para así homenajear el lugar donde conoció a su esposa, es por eso que también se le considera como un monumento al amor.

Pedro Alvarado Torres y Virginia Griensen Zambrano se casan el 19 de marzo de 1895, y procrearon seis hijos, Francisco, Rodolfo, Pedro, Pablo, Guadalupe y Lucia la única mujer.

Gracias a la bonanza de sus minas, el benevolente y afamado minero Pedro Alvarado Torres inició la construcción de su residencia de 1898 a 1903 para su esposa Virginia Griensen Zambrano, concluyendo las tareas de decoración y amueblado en 1906, además en sociedad conyugal fueron poseedores de una de las fortunas más prósperas del norte de la República.

El Palacio Alvarado es una obra realizada por distintos maestros canteros, marmolistas, carpinteros, pintores locales y extranjeros, entre los que destacan los constructores Isaac L. Ceballos y el cubano Federico Gabriel Amérigo Rouvier y los decoradores como el italiano Antonio Decanini y el alemán Gustavo Langenberc.

Toda la construcción fue decorada complaciendo el gusto de la señora Alvarado, ya que se importaron muebles de Europa, Estados Unidos y del empresario y diseñador Jorge Unna Gerson extranjero establecido en San Luis Potosí, así como diversos jarrones de porcelana mayólica, brístol y capo di monti, piezas de cristal de bacarat, maderas finas, alfombras en seda de Austria, incluso muebles y objetos que ya para entonces tenían una antigüedad de 150 años, entre otras piezas.

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Hacia 1903, Pedro Alvarado envió una carta al entonces presidente Porfirio Díaz, brindándole su apoyo económico para saldar la deuda externa, a lo que Porfirio se negó, pero de ahí surgió una amistad.

Para agradecerle su buena voluntad, el presidente invitó a Pedro Alvarado a un evento que tendría lugar en el Castillo de Chapultepec, Alvarado para agradecer las atenciones recibidas envía una fina alfombra austriaca, la cual luce en la actualidad en el salón de los gobelinos del Castillo de Chapultepec.

Según la historia, el Palacio Alvarado también recibió generales de la Revolución, así como al referente revolucionario Francisco Villa, quien solía visitar la residencia.

Lucía Alvarado, la única hija del matrimonio, con la muerte de su madre recibe la mitad de la herencia, y Pedro Alvarado en 1908 firmó para que todo pasara a manos de su única hija, quien a los seis años se convierte en dueña del Palacio.

Lucia Alvarado contrajo matrimonio y procrea a sus tres hijas, Virginia, Lucia, y Lilia Vázquez Alvarado, a esta última se le conoce cariñosamente como Pili Alvarado, quien nació dos años antes de la muerte de Pedro Alvarado, su abuelo.

Virginia y Lucía se mudan a la Ciudad de México para continuar con sus estudios, pero Pili Alvarado no se casa, sino que se queda a vivir con su mamá en Parral, Doña Lucía fallece dejando a su hija Pili habitando la casa Alvarado hasta 2000.

En enero de 2000, el entonces gobernador del estado, Patricio Martínez, acudió a la casa de Pedro Alvarado, y plantea a la nieta, Pili Alvarado la posibilidad de convertir la casa en un museo y que fuera punto turístico de Parral.

Finalmente, para el 1 de febrero de ese año se estaba finalizando la compra-venta del inmueble.

Hasta 2001 la casa permaneció abierta para que los parralenses observaran las condiciones en las que se encontraba hasta ese entonces, ya que muchos de los objetos así como de las instalaciones estaban deterioradas.

Pero eso fue así hasta el 30 de mayo de 2003, después de dos años de permanecer cerrado para realizar las debidas restauraciones que se realiza la apertura del nuevo casa-museo Palacio Alvarado.

Pili Alvarado fue testigo de la historia de este palacio, referente no sólo para la ciudad si no para el estado, pues fue muy visitado por generales villistas, así como algunos presidentes de la república.

Destacó la labor que durante estos años ha realiza Martín Raúl Márquez, custodio del museo Palacio Alvarado, ya que con sus conocimientos, entrega y su amor por la cultura ha trabajado incansablemente por preservar, conservar, respetar, difundir y promover el valioso tesoro histórico del recinto.

En la República Mexicana existen solo 13 casas-museos y la mayor parte se concentran en el sur del país, existiendo solamente la Casa Alvarado en el norte, para ser casa museo se deben de reunir varios requisitos como es que el personaje haya vivido en el lugar, que se encuentre el acomodo de muebles y objetos como cuando él lo habitaba.

Además está considerado como uno de los principales museos del norte del país por su vasto acervo histórico y su valiosa construcción.

Alejandra Pérez | El Sol de Parral