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Sonora

Los pescadores mazatlecos salen al mar por pajaritos, un “manjar” que vale 250 pesos la cubeta

Estos pececillos forman parte de la tradición culinaria mazatleca

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Foto: Carla González

MAZATLÁN, Sinaloa. “¡Pájaros, pájaros, pajaritos!”, gritan los pescadores del puente Juárez. Son las diez de la noche y en medio de la oscuridad de la avenida Gabriel Leyva, los reflectores de las lanchas que recién llegaron con cientos y hasta miles de kilos de pajaritos al muelle, atraen la atención de los automovilistas que por ahí transitan.

“Son pajaritos, a 250 la cubeta”, ofertan. Los automovilistas se orillan y en menos de cinco minutos, una, dos, hasta tres cubetas de entre 14 y 15 kilos cada una, se vendieron.

El pajarito es un pez pequeño, delgado, de unos 30 centímetros de largo, su coloración es verde-azul oscuro en la parte del lomo, plateado en los costados y blanco en el vientre. El pajarito llega junto con la primavera a las aguas de la bahía de Mazatlán, se dispersan por todo el litoral del Pacifico y el Atlántico.

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Tomás Molina es pescador desde que tiene 16 años, por tres décadas esta actividad ha sido su sustento y desde entonces recuerda que ya salía a capturar este pez.

La llegada del pez pajarito ya es una tradición en el puerto, un exquisito sabor para el paladar de los mazatlecos y de todos aquellos que han tenido la oportunidad de probar este “manjar” marino.

Son entre 10 y 15 pangas las que diariamente, de 6:00 a 7:00 de la noche salen a la bahía mazatleca a buscar esta especie. Son pescadores independientes, no pertenecen a ninguna cooperativa y en cada panga pueden ir hasta ocho personas; regresan al puente a vender el producto de las 9:00 en adelante.

“Se adelantó mucho, la zafra empieza a principios de mayo y se adelantó unas tres semanas. Es impredecible, no sabemos si se va a terminar o va a continuar todo el mes de mayo, hemos tenido la idea de que el pescadito se retira con las primeras lluvias”, contó Tomás Molina.

No es necesario navegar muy lejos para pescar este “manjar”; a la altura de las Tres Islas y playa Cerritos y en la Barra de Piaxtla, cardúmenes se pueden encontrar. También en Nayarit, y Sonora, así como en todo Sinaloa es común esta especie, pero Mazatlán tiene más renombre, para su comercialización y consumo.

“Principalmente viene a desovar y apareamiento, cuando termina de hacer su trabajo, el pajarito se retira”, señaló.

A diferencia de otras pescas, donde el producto llega fresco por la mañana, el pajarito se captura de noche.

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“Me imagino yo que es el momento en el que no tiene mucho depredador aéreo, lo que viene siendo las aves y es cuando no hay depredadores acuáticos como las barracudas, los gallos, los pargos”, indicó.

A más captura, menor precio, el pajarito ha llegado a costar hasta cinco pesos el kilo. Cuando recién llegó se comercializaba en 100 pesos el kilo; hoy una cubeta con 14 kilos cuesta 250 pesos, es decir, a casi 18 pesos el kilo. Cada pescadito pesa unos 50 gramos por lo que la cubeta trae alrededor de 280 unidades.

 “Hay veces que sí hay mucho animalito, se capturan alrededor de una tonelada, hay veces que nada más traen 200 kilos, depende también la luna, por medio de la luna se mueve mucho el animalito”, contó el pescador.

Entre más cubetas repletas salen de las pangas, más gente llega; a pesar de que los pescadores portan overol, botas y guantes de plástico, es imposible no mojarse e impregnarse del aroma a pescado.

Cuando ya se vende todo el producto, las pangas empiezan a lavarse y limpiarse; los pescadores se retiran a sus hogares a primera hora del día siguiente.

La captura de pajarito ha significado un respiro para quienes se dedican a la actividad en esta pandemia.

“Ha habido ingresos para la familia, para sustentar la crisis que estamos pasando. Antes del pajarito, sí hubo un poco de pesca, de sierra, pargo, curvina, podemos hablar de toneladas, apero no para todos los pescadores”, finalizó.

Carla González | El Sol de Mazatlán