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El Extranjero

Joe Biden aún no se acostumbra a la Casa Blanca

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden aseguró que no está acostumbrado a que lo atiendan en todo momento como lo hace el personal de la Casa Blanca

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Los cambios en la Casa Blanca son innumerables,. / Foto: Facebook Joe Biden

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, reconoció que todavía no se ha acostumbrado a la amplitud de su residencia oficial, en la Casa Blanca, un mes después de su toma de posesión.

Durante una reunión con electores en Milwaukee, transmitida por la CNN, el 46 Presidente estadounidense describió su vida en la Casa Blanca como “un poco parecida a una jaula dorada”.

Tras llegar a la casa presidencial, Biden modificó la disposición de los elementos y se ha desmarcado por completo del estilo de su antecesor. El Presidente ha devuelto a su despacho la alfombra azul de los Clinton, el busto de Martin Luther King –que ha regresado a su sitio junto al de Kennedy y que Trump había quitado–.

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Y colocó en un lugar especial una escultura del líder sindical hispano César Chavez. Sobre la chimenea, destaca un retrato del presidente Roosevelt y otro de Benjamin Franklin. Por supuesto no faltan retratos familiares, como el de su hijo Beau, fallecido en 2015 a causa de un tumor cerebral.

“Me levanto por la mañana, miro a Jill (su esposa) y le digo: ‘¿Donde diablos estamos?'”, bromeó.  “Me siento extremadamente cohibido”, señaló mencionando como ejemplo que no estaba habituado a que alguien le entregara la chaqueta.

“No sé ustedes, pero me criaron de una manera que no buscabas a nadie que te atienda”, agregó. “Y es donde me encuentro extremadamente cohibido por las personas maravillosas que trabajan en la Casa Blanca. Hay alguien parado allí y me entrega el abrigo de mi traje”.

El Presidente señaló que la Casa Blanca es totalmente diferente de la residencia del vicepresidente –cargo que ocupó entre 2009 y 2017 durante el gobierno de Barack Obama– y explicó que aunque había visitado el Despacho Oval 100 veces o más, nunca había pasado a la zonas residenciales de la Casa Blanca.

Sin embargo, hablando de su cargo presidencial, indicó que ya estaba inmerso en su trabajo. “A veces parece que han transcurrido cuatro años, no por la carga sino porque las cosas están pasando muy rápido”, aclaró.

Pero antes de que los nuevos inquilinos se instalaran, la misma Casa Blanca, con Donald Trump se propagó el virus en al menos tres brotes y donde la ceremonia de presentación en el Rose Garden de la jueza del Supremo Amy Coney Barrett se confirmó como un evento supercontagiador ha sido sometida ya a una limpieza a fondo, pero los cambios son más significativos.

De la laxitud de los Trump con el uso de máscaras se pasará ahora al requerimiento para todo el personal de llevarlas, según reveló una fuente del equipo del demócrata a la revista The Atlantic.

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Además, todos los asistentes que interactúen en la Casa Blanca con el Presidente y la vicepresidenta Kamala Harris están obligados a vacunarse, está limitado el personal en el Ala Oeste y las pruebas para todos los empleados del complejo de más de cinco mil metros cuadrados (y 132 habitaciones) serán frecuentes.

Durante la charla Biden también señaló que todos sus predecesores vivos lo llamaron a la Casa Blanca, con la notable excepción de uno: Trump. “Por cierto, todos ellos, con una excepción, han tomado el teléfono y me han llamado también”, declaró.

Dijo que veía la presidencia estadounidense en términos de Abraham Lincoln, Franklin D. Roosevelt y George Washington, a quienes describió como “superhumanos”. Sin embargo, indicó que se sentía más cómodo perteneciendo a la liga de los últimos siete presidentes estadounidenses a quienes conocía bien.

Los cambios en la Casa Blanca son innumerables, desde los más mundanos hasta los más profundos. Volvieron los perros al jardín sur. Las sesiones informativas periódicas con los medios de comunicación, con preguntas de seguimiento y respuestas basadas en datos, que también han vuelto a la sala de reuniones.

Trump dominó el ciclo informativo en gran medida como un espectáculo individual, con un vaivén de temas que cambiaban de forma frenética. El equipo de Biden, en cambio, se ha ceñido a un tema específico casi cada día, con el demócrata firmando sistemáticamente órdenes ejecutivas para hacer retroceder una política de Trump tras otra.