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Baja California

Un comedor comunitario nutre la ilusión de 100 niños de Tijuana

Cada día Mary Olivas recibe a 100 niños en el comedor comunitario Un mar de ilusión en el fraccionamiento Mariano Matamoros de Tijuana

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TIJUANA, Baja California.– Los niños que todos los días acuden a un comedor comunitario en la zona este de Tijuana hacen recordar a aquel personaje de la televisión que siempre andaba hambriento y su máxima ilusión era comer una torta de jamón.

A igual que El Chavo del 8, estos niños suelen andar con el estómago vacío porque son pobres y viven en situación de abandono familiar.

En la mayoría de los casos, refieren activistas, los menores acostumbran a vagar por las calles en busca de comida ante la desatención de los padres que son adictos a las drogas.

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Sin embargo, gracias al comedor comunitario Un mar de ilusión, estos niños están recibiendo alimento a diario en una casa de la calle Uxmal, en el fraccionamiento Mariano Matamoros, uno de las sectores más marginados de esta ciudad fronteriza.

“Nuestro proyecto consiste en atender a los niños que viven en situación de abandono, tienen sus hogares, tienen sus padres, pero en su mayoría son niños que viven problemas de adicciones”, dijo Mary Olivas, fundadora y coordinadora de la asociación civil que lleva a cabo este programa.

El comedor comunitario del Mariano Matamoros, que se sostiene de donaciones de la gente y que actualmente sirve a poco más de 100 niños de Tijuana, inició hace 14 años como un proyecto para alimentar a los menores de escasos recursos, pero durante la pandemia también se han atendido a adultos mayores.

Mary Olivas recalca que poco es el rendimiento escolar de un niño con hambre, con frío y con sueño.

Por ello en este comedor comunitario se les ofrece comida y cena, pero también se llevan a cabo otras actividades para atender las necesidades emocionales de los menores de Tijuana.

“Para nutrir su intelecto, para que el niño aprenda a cortar el patrón que le tocó vivir”, dijo la coordinadora.

Una de esas actividades es el taller de lectura “Juguemos a leer” que imparte Nelly Cantú, una promotora cultural que a diario se traslada hacia esta remota zona de la ciudad para ofrecer a los niños esa otra forma de alimento que nutre a la mente.

“La mayoría son niños que tienen padres drogadictos, que fueron dejados al cuidado de las abuelas”, reiteró Nelly Cantú, “por eso este apoyo es muy importe para que los niños sigan alimentándose”.