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La Opinión

El cesarismo es enarbolado por Donald Trump

Los estadounidenses presenciaron el inicio del cesarismo, cuando un grupo de seguidores de Donald Trump sitiaron al Capitolio para frenar a Joe Biden

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El cesarismo es la forma de gobierno en la cual una sola persona asume y ejerce el poder público.

El cesarismo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue al final el que le ganó la partida y lo obligó a recular en su intento de aferrarse al poder argumentando un fraude electoral del que nunca ofreció pruebas. Y sí, aceptó que habrá transición, pero nunca que fue derrotado.

Según Oswald Spengler, uno de los grandes filósofos de la historia, el cesarismo es la fase siguiente en que se disuelve la democracia en la sociedad globalizada, cosmopolita, científica y racionalista. Predijo que alrededor del año 2000 la civilización occidental entraría en un estado de pre extinción, lo que haría necesaria la aparición del cesarismo.

La Real Academia Española dice que el cesarismo es la forma de gobierno en la cual una sola persona asume y ejerce el poder público.

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La revolución de Donald Trump es un desenlace, la consumación de un proceso que hay que remontar a la era del exmandatario Ronald Reagan y que continuaron los neoconservadores (neocons) y los libertarios del Tea Party anti-Obama. Ahora tomado por la aultraderecha que encabeza, el alt-right, el Ku Klux Klan (KKK) o los Proud Boys (cubano-estadounidenses), entre otros.

En Estados Unidos hay 917 grupos de odio, según datos de 2016 del Southern Poverty Law Center (SPLC), la institución de referencia sobre extremismo. Como grupo de odio, se entiende aquel con creencias o prácticas que atacan o difaman a una clase entera de personas. Y la generosa protección a la libertad de expresión en Estados Unidos concede un amplio margen de actuación a extremistas.

El empoderamiento de los grupos de derecha se potencializaron con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, por su puesto impulsado y cobijado por el grupo antiinmigrantes alt-right, del que formaba parte Steve Bannon, quien después dejó su puesto de asesor en la Casa Blanca por sus diferencias con el poder.

El alt-right se basa en dos pilares: rechazo a la inmigración como amenaza al predominio demográfico blanco y al establishment político. Ambos sentimientos conectaron con la campaña electoral de Trump, que lanzó guiños a ese colectivo con su retórica divisaba.

Todos los discursos y posturas que utilizó Donald Trump durante su mandato fueron alentando la posibilidad de que Estados Unidos estaba dando un nuevo paso cualitativo para convertirse en una nación con una nueva hegemonía de la gente blanca, libre de inmigrantes de segunda clase, como ellos dicen, porque los migrantes profesionistas si son bien vistos.

En realidad, se trata de una revolución posmoderna que organiza ideológicamente una pulsión reaccionaria y sentimental que pretende redireccionar a Estados Unidos hacia un nacionalismo supremacista, pero en este mundo completamente globalizado esa postura parece más bien aldeana.

Desde septiembre de 2020, el magnate inmobiliario ya hablaba de una revolución de la derecha ante un posible fraude electoral donde perdería la elección. Los estadounidenses y el mundo presenciaron el inicio del cesarismo, que se gesta en el corto plazo y puede tomar tintes lamentables, por supuesto sino no se frena a su nuevo Cesar.

Poco importa que deje el poder –en contra de su voluntad– el próximo 20 de enero de 2020, Donald Trump seguirá arengando los brotes de violencia que reclama muchas cosas que en la práctica son reales y comunes en Estados Unidos, como el uso de armas por parte de civiles respaldados en la segunda enmienda.

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O el exacerbado rechazo a los inmigrantes, algo muy irónico si tomamos en cuenta que es un país conformado precisamente de migrantes, que en realidad es la base de su poder económico y algunos otros radicalismos de personas que en promedio no alcanzan una educación profesional.

El presidente de Estados Unidos deberá, con el paso de los días, hacer un balance de su intentona golpista, pues políticamente le puede salir muy caro con un posible bloqueo por parte del Partido Republicano. Aunque siempre le queda la posibilidad de ir por la libre o poner a algunos de sus hijos de cara a recuperar el poder en 2024.

Hasta antes de la revuelta del 6 de enero de 2021, las encuestas colocaban a Trump como la carta más fuerte para regresar en 2024, quien sabe si con lo sucedió eso sea posible, lo que sí es cierto es que Estados Unidos lució ese día como una “República bananera” o la menos así la calificó el expresidente George W. Bush.

Será muy importante ver que sucede en los días restantes del cesarismo de Trump, por lo pronto ante la amenaza de un juicio político o la aplicación de la enmienda 25 para destituirlo por incapacidad, decidió dar un paso atrás, pero sólo por el momento en los que las aguas se tranquilizan o usted ¿qué cree?