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La pandemia de Covid-19 afecta la vida de Ricardo Rodríguez, quien ha dedicado 40 años al oficio de llantero

Ricardo Rodríguez es llantero en Mazatlán desde hace 40 años; comenzó con su papá y luego se independizó en su propio taller

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Llantero Mazatlán

MAZATLÁN, Sinaloa.- Desde hace décadas Ricardo Rodríguez se dedica a reparar neumáticos o rines dañados al caer en un bache, que pasan sobre clavos, vidrio u objetos con punta, y también  esas piezas para diferentes tipos de vehículos, ha dedicado buena parte de su vida al oficio de llantero.

Empezó en este oficio cuando apenas tenía 10 años de edad, en un taller que tenía su padre en el centro de la ciudad y de quien aprendió todo lo que sabe.

Por más de cuatro décadas ha trabajado duro junto con sus tres hermanos, y desde hace 33 años trabaja solo en la llantera Vallarta.

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“Era un negocio familiar, trabajábamos tres hermanos, mi papá y dos ayudantes que se agregaron y se enseñaron, todos mis hermanos nos dedicamos a lo mismo, uno está en el Centro y otro por los rumbos de la Ley El Mar y aquí cada uno con sus negocios como este”, dijo.

“Es un trabajo pesado y de mucho esfuerzo físico, además de que tiene que esperar que lleguen los carros, en ocasiones no llega nada y en otras, todos al mismo tiempo”.

La pandemia del Covid-19 también afectó la actividad del llantero ya que la demanda de servicios en Mazatlán ha bajado considerablemente porque los carros se mueven , eso sin contar la clientela que ha sido víctima de la enfermedad.

“Tenía clientes de hace muchos años, pero con lo de la pandemia muchos se han ido y eso nos ha afectado, yo creo que yo tengo fácil 20 clientes que ha muerto de Covid-19”.

De 10 llantas que arreglaban al día, ahorita cuando mucho son cuatro y si a eso se suma la competencia que existe, es más complicado. La reparación de llantas ponchadas es el trabajo que más realiza, tarda 15 minutos y el vulcanizado se lleva 40 minutos, pero ese es para ocasiones especiales, cuando hay cortadas y golpes, porque hay que meterlo a la “plancha”.

Comenta que la temporada buena para su actividad es cuando llueve, pero con las pocas precipitaciones que cayeron esta temporada, la situación es un poco difícil. Don Ricardo, quien estudió una carrera técnica en Turismo e Inglés, nunca ha tenido otro empleo más que el de llantero y todo lo que sabe lo aprendió de su padre.